miércoles, septiembre 17, 2025

Mondo Duplantis

 Mondo Duplantis salta 6,30 metros y bate otra vez su propio récord del mundo

El sueco, oro en el salto con pértiga en Tokio, celebra un salto imposible para sus rivales en la final del Mundial de Atletismo.

Cinco años después de asaltar y conquistar el planeta de la pértiga con 6,17 metros, su primer récord del mundo, Armand Mondo Duplantis, de 25 años aún, lo transportó a donde nadie pensaba que podría llegar nunca, 6,30 metros, la barrera del más allá.

Lo hizo en Tokio, entre risas y chistes con sus rivales, que son sus colegas de la pértiga, una troupe que la goza en un rincón del estadio salpicado por el agua de la ría de los obstáculos y el sudor de los condenados a dar vueltas a su noria, y a llorar como El Bakkali, amargamente al caer derrotado por un neozelandés all black llamado Geordie Beamish que recuerda, bravo y audaz, a Johnny Walker. Noche cerrada y tórrida, el sudor brota hasta de las cejas, noche de oooohhhs y uuuuys de un público entregado en las gradas del Estadio Nacional.

“Estoy tan feliz que no puedo explicarlo. Estas dos últimas semanas he disfrutado mucho en Tokio. He disfrutado mucho de todo. Creo que la única manera de irme de Japón era batir el récord mundial”, dice luego el sueco. “No sé lo que me espera después de este momento, no me importa. Me limitaré a disfrutar de este momento”.

Es el 14º récord del mundo que bate el fenomenal sueco cuyo cielo no tiene límites. Y los ABBA le celebran con su Mamma Mia. Qué fiesta.

El récord, conseguido cerca de las 23 horas japonesas, cuatro horas justas después de saltar a la pista, llegó para coronar una intensa noche en el estadio en el que en 2021 se proclamó campeón olímpico por primera vez.

Para dar un sentido teatral y dramático único a la ceremonia del récord, Duplantis convocó a su alrededor a todos los mejores pertiguistas del momento, incluido el viejo Lavillenie, de 38 años, el francés al que arrebató el récord del mundo en 2020, un mes antes de la pandemia, que hace de hermano mayor el día de su despedida internacional. Y también están Kendricks, el único que le derrotó en un Mundial (2019) y Marschall. Y Karalis, por supuesto.

Hace un año, en París, cuando ganó su segundo oro olímpico, saltó 6,25m. Y con aquel salto fabuloso se pensó que había llegado a la Luna. ¿6,30m es Marte?

Nadie dirá que no. Y menos que nadie, su troupe de pertiguistas, una alegre comparsa que durante el concurso, tantas horas compartiendo los carromatos, se saludan y se visitan, se celebran y se consuelan. Una tarta de merengue de niños felices que no se desmorona ni cuando uno tras otro son eliminados en una final de una densidad insólita, con siete atletas en 5,90m o más. En 5,95m se quedan el norteamericano Sam Kendricks, el medallista de plata en París, y el australiano Kurtis Marschall, que se lleva el bronce por menor número de nulos. A los seis metros llega solo el amigo especial, el colega de toda una vida, el griego Manolo Karalis. Nota aquí.





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