A este poema —muy antiguo— le puso música
mi querido Manuel Cuesta
Estos días de esperas y te quieros.
De soledad gastada, de gin tonic,
de sudor en la cama, cuerpo a cuerpo.
Esos tiempos sin ti. Las largas noches.
El cigarrillo a medias. Las palabras.
Las promesas de amor y los reproches.
Esa desesperación de no tenerte.
El cansancio de estar siempre a tu lado.
Esa certeza absurda de quererte.
Un camino de rosas al buscarte.
El regreso a tu pecho y a tu risa.
La sed de ti. La sed, la sed y el hambre.
Todo en ti permanece. La tristeza
del adiós a las tres de la mañana.
Los besos que te daba. Y las esperas.
Los veranos sin cielos ni ventanas.
Ese miedo a saber que me querías.
El terror a saber que me olvidabas.
Todo en ti, todo está como la vida,
igual que el corazón en carne y sangre,
lo mismo que la voz a ti debida.
Y todo se me va y no me responde.
Y todo se me marcha en el latido
del corazón que va donde te escondes.
Más allá de los nombres te persigo
sabiendo que en los cuerpos que me encuentro
jamás estará el tuyo con el mío.

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