miércoles, mayo 06, 2026

The Rolling Stones

 Los Rolling Stones, tras más de seis décadas de rock, no se rinden: “Simplemente nos sigue gustando grabar en el estudio”

La legendaria banda fundada por Mick Jagger y Keith Richards en 1962 presenta en Nueva York ‘Foreign Tongues’, su álbum número 25, que se publicará el 10 de julio, y no aclaran si saldrán de gira.

Visto con perspectiva, parece interminable el camino que Mick Jagger y Keith Richards iniciaron en aquellos días de 1961 en los que cimentaron su amistad en Londres gracias a su obsesión común por Chuck Berry y Muddy Waters, un recorrido que continuaría un año después con la fundación de The Rolling Stones y cuyo último episodio acaban de escribir en Nueva York, con la presentación de Foreign Tongues, su disco de estudio número 25, que lanzarán el 10 de julio.

Presentó el acto el cómico estadounidense Conan O’Brien, que se deshizo en elogios hacia el nuevo trabajo de los Stones, de quienes dijo que, siendo la banda más importante en la historia del rock and roll, siguen comportándose como si tuvieran algo que demostrar. “Simplemente, nos sigue gustando ir al estudio y ver lo que pasa”, se limitó a responder Richards, con problemas evidentes para hacerse oír por mover continuamente el micrófono en su mano, con O’Brien tratando de ayudarle, pero sin éxito. Jagger explicó de la forma más sencilla posible por qué quieren seguir grabando música: “Lo hemos pasado muy bien haciéndolo”, una diversión que justificó por la rapidez de su grabación. Frente a otros discos mucho más laboriosos, este se ha grabado en tan solo cuatro semanas en un estudio londinense. “Lo he escuchado 25 veces y es absolutamente fantástico. No sé cómo lo hacen”, dijo O’Brien.

Una de las grandes dudas en torno al último trabajo de los Stones, con el que los medios ya habían especulado en las últimas semanas, era si esta banda liderada por dos octogenarios estaba dispuesta a lanzarse a una gira internacional. Las sospechas estaban justificadas después de que los planes para dar la vuelta al mundo con Hackney Diamonds, el álbum que lanzaron en 2023, su primero de estudio en 18 años y con el que volvieron a conquistar a los críticos, se truncaran por los problemas de artritis de Richards. Este martes en Nueva York no han adelantado si piensan volver a recorrer el mundo con sus nuevas canciones bajo el brazo.

Jagger y Richards, los únicos de los cinco miembros originales que permanecen en la banda, han comparecido junto a Ronnie Wood, de 78 años, miembro de los Stones desde 1975, en Weylin, el antiguo banco de ahorros de Brooklyn reconvertido en un recinto de eventos de lujo, frecuentado por la mismísima Anna Wintour. Los dos, cada uno con 82 años a sus espaldas, no tienen ninguna intención de que este sea el capítulo final. Se ven aún con energía y material para lanzar un disco. Y las informaciones previas aseguraban que les quedan en el zurrón al menos 10 canciones más para el o los siguientes.

Jagger, que a los 31 años dijo que preferiría estar muerto a seguir cantando Satisfaction cuando tuviera 45, se resiste a las clasificaciones. Cuando le hablan de rock, él dice que le gustan el country, el blues e incluso el dance. Y justificó la canción country que han incluido como una declaración de amor a Estados Unidos. De Foreign Tongues, compuesto por 14 canciones, se han presentado ya dos sencillos, Rough and Twisted y In the Stars. O’Brien insistió en que este disco mantiene la idea de que lo mejor de la banda aún está por llegar.

La banda de los labios rojos ha recorrido un camino larguísimo, sí, casi siempre fascinante, aunque en algunas ocasiones con cierto sabor a repetido. Desde la pasión de los inicios a su estatus actual de figuras míticas. “Como dos alcohólicos, se desbordan, embelesados, ante un anhelo compartido: no la música en general, sino el blues”, recuerda el periodista Bob Spitz en una reciente biografía el momento en el que los dos adolescentes se conocieron en una estación de metro de Londres en 1961. De ese encuentro nacería uno de los grupos que mejor han definido el sonido del siglo XX y que, insisten, aún no han dicho todo lo que tienen que decir. Nota aquí.




Narea & Puche

 


Coti, Angela Leiva & La K'onga

 

Rodolfo Serrano

 Rodolfo nos cuenta por Facebook.

Gran parte de mi vida profesional y personal ha estado vinculada a El País. El País me lo dio todo y todo lo di en El Pais.
Se cumplen ahora 50 años de su nacimiento. En los eventos de su celebración alguien ha considerado que para hablar de esos años era mejor que lo hicieran gente de relumbrón, mucho nombre y poco que ver con quienes hicieron El País.
Son gente que nunca pisaron la redacción, que nunca vivieron las prisas de un cierre o el alcance de una última noticia. Nunca esperaron a pie de máquina los primeros ejemplares antes de irse a casa de madrugada.
Tampoco se distinguieron, precisamente, por solidarizarse con los currantes cuando era más necesario. Pero ellos hoy son la imagen de un periódico que ni siquiera sabían como se hacía.
Quienes de verdad hicieron El País fueron las secretarias, la gente de talleres, los maquetadores que aguantaban las exigencias de los redactores en busca de espacio, los fotógrafos que esperaban horas para la mejor foto, los plumillas que, a veces, ni firmaban las noticias, los corresponsales, generosos que nos cedían el gran reportaje… Esos que hoy han sido olvidados de la historia de El Pais.
Hoy levanto mi copa por ellos, secretarias, maquetas, talleres, fotógrafos y plumillas que sí hicieron El País y ayudaron a levantar el país.
Va por ellos



El Plan de la Mariposa

 


Andrés Suárez


Ramón Serrano

 LA FIESTA DE LA NOSTALGIA

La tarde moribunda se desliza por el acantilado de la memoria
extiende un velo turbio por el escenario
el silencio se espesa
opaco el ventanal de la noche de la infancia
el olvido frío
helado
sopla con furia sobre las sombras del pasado
atardece siempre tan temprano
la ausencia toma forma de flor mustia
arrugada
no vienen las musicas a visitarme
como aquellas vísperas de profunda mirada
las bolsas de papel donde escondías las timideces
encaje de bolillos tu Voz entusiasmada
la tarde muere entre visillos y paredes desconchadas
el juego de ocultarse tras las cuatro esquinas
el patio de las aventuras inimaginables e imaginadas
los sioux agazapados tras las azoteas sombreadas
la sensualidad de las lombrices
en los túneles de los sueños de fango
el vaivén de hojas y ramas de las acacias
aquí enfrente
como lágrimas en los recuerdos
ateridos por la escarcha
la niebla en las horas oxidadas
acabadas en un domingo por la tarde
no suenan campanas en la noche silenciada
pero siempre nos quedará tu Pirekua
en el sofá vacío de la madrugada
el recuerdo de tus sonrisas cantadas
¡cómo vibraban las cuerdas de tu guitarra!



Josemi Carmona

 


Querido

 

Rosa León

 Rosa León vuelve 20 años después: "Cuando yo empecé en la izquierda había unos pedazo de señoros que ni te cuento. Ahora, al menos, se les señala"

La cantautora que llenó de ritmo la infancia de toda una generación prepara el lanzamiento de 'Carta de amor a María Elena Walsh', un disco de duetos homenaje a la poeta argentina que le cambió la vida, y reflexiona sobre música, televisión y machismo.

«He vuelto a grabar un disco porque Alejo Stivel me ha llevado de los pelos, esa es la verdad». Tiene Rosa León esa cosa paradójica de las mujeres que han pasado media vida rodeadas de hombres, mirándolos de tú a tú. Es dulce, risueña, cuidadora y halagadora, le gusta hacerte sentir bien pero tiene exactamente cero pelos en la lengua. Sabe lo que quiere, lo que no y lo dice sin ambages, por eso le gusta más producir que cantar: controla mejor el resultado. Por eso, también, nada más entrar en su casa de Madrid, bañada por el sol descendiente de una tórrida tarde de viernes, deja claro que el regreso al estudio no fue cosa suya. Hasta que el gusanillo le picó de nuevo y la vuelta del verano traerá consigo su primer disco en 20 años.

«Yo vengo del pleistoceno; más exactamente, del paleolítico inferior», se presenta a sus 74 años un huracán de energía que convierte inmediatamente en oxímoron su propia afirmación. Posa para las fotos en el rincón del salón donde nace la magia, sentada a su mesa de trabajo a rebosar de cables y papeles junto a una funda de guitarra tumbada en el suelo y ante un verdadero muro de libros. «Está un poco desordenado, pero qué le voy a hacer. Soy así». Se gira hacia la cámara con una sonrisa a medias, algo forzada. «Siempre pongo cara de foto del DNI», muestra, ahora sí, todos los dientes. «Hace poco me pidieron un retrato reciente y salí a hacerme un selfi al espejo del ascensor. Esa es mi relación con la fotografía».

El currículum de Rosa León entra y sale de la música, entra y sale de la televisión, entra y sale de la política, de lo institucional, pero nunca se aleja de la cultura. Ha sido cantautora, para niños y para adultos; ha producido a María Dolores Pradera y a El Consorcio, entre otros; fue concejal del Ayuntamiento de Madrid por el PSOE en tiempos de Gallardón; también, directora del Instituto Cervantes en Casablanca, Rabat y Dublín y, después, jefa de gabinete de su director, Luis García Montero; puso banda sonora a la televisión infantil de los 80 y ahora es consejera de RTVE.

Sentada ya en el sofá, aparta el último libro de Emmanuel Carrère, que le brindará una buena idea para cerrar esta charla, ofrece «agua, cerveza, vino, mezcal... ¿heroína? No, eso no» y se presta a una conversación sobre el presente y el pasado de alguien que ha marcado irremediablemente una época en España y que ahora regresará a sus orígenes con Carta de amor a María Elena Walsh, un álbum homenaje a la poeta y cantautora argentina a dúo con grandes amigos: de Sabina a Miguel Ríos, de Víctor Manuel a Ana Belén, pasando por Joaquín Reyes, Rozalén y, claro, con Alejo Stivel como productor. Nota aquí.



César de Centi

 


El Canijo de Jerez

 

Los Hombres G

 Los Hombres G, las ‘fans’, las pedradas y una resurrección americana: “Queremos seguir riéndonos de todo”

La exitosa banda española repasa su trayectoria en vísperas del estreno del documental ‘Los mejores años de nuestra vida’

Los Hombres G entendieron pronto que la vida puede no ir tan en serio como decía Gil de Biedma. Sucedió mucho antes de emprender el camino del éxito. El 19 de octubre de 1984, en concreto. Aquel viernes tocaban en la sala Autopista, en el centro comercial La Vaguada (Madrid). La entrada costaba 300 pesetas. No era un concierto más: tras dos años tocando, se lo plantearon como uno de los últimos cartuchos.

La cosa, a priori, no salió muy bien. Con los nervios, empezaron a beber. Javier Molina (61 años, Madrid), baterista, se desmayó detrás del escenario. “Perdonad, es que estamos un poco reventadillos”, dijo con voz juvenil David Summers, el cantante, antes de que se le rompiera la correa del bajo, que se cayó al suelo y cortó el cable. Hasta ahí llegó el concierto. Tenían 10 canciones en el repertorio. Al cambio, 25 minutos que no necesitaron. Nada de eso le importó al productor Paco Martín, que al día siguiente llamó a David para ficharlos. “Aquel día había algo increíble: la comunicación del público con ellos, la falta de respeto de sus letras, llenas de ironía… Estaba convencido de que había algo diferente. No nos confundamos: eran bastante flojitos musicalmente…”, recuerda Martín en el inicio de Los mejores años de nuestra vida, el documental sobre la banda dirigido por Charlie Arnaiz y Alberto Ortega, que llega a los cines el viernes, 8 de mayo, y que posteriormente estará en exclusiva en Movistar +.

Empezaba entonces el primer capítulo de la historia de una de las bandas más icónicas del pop en español. De una banda que quería hacer canciones graciosas y parecerse a Siniestro Total o a Glutamato Ye-Yé. Que barajó nombres como Los bonitos Redford o Dos hombres y un Vespino. Que al final se decidieron por españolizar el título de G Men, aquella película americana de cine negro dirigida por William Keighley.

Su primer disco —con canciones como Venezia o Devuélveme a mi chica— llegó en 1985. Cuando el popular Sufre, mamón sonó por primera vez en Los 40 Principales, las llamadas colapsaron la centralita de la emisora. Eran las dos de la mañana y una fan acababa de dejar allí una cinta con la canción. De la noche a la mañana —nunca mejor dicho— empezaron a ser escuchados por miles de personas. Nacía en torno a ellos un fenómeno fan cuya magnitud marcó una época. Un fenómeno que sigue vivo, cuarenta años después, como demuestra la gira de más de veinte fechas que, hasta final de año, les llevarán por toda la geografía española. Nota aquí.




Zambayonny

 


Natalie Pérez

 

Soledad Gallego-Díaz

 Muere Soledad Gallego-Díaz, la periodista total

La primera mujer directora de EL PAÍS fue corresponsal en numerosas capitales y logró la gran exclusiva periodística de la Transición.

Soledad Gallego-Díaz, fallecida este martes en Madrid a los 75 años, logró la gran exclusiva periodística de la Transición española con solo 26 años: la publicación en la revista Cuadernos para el diálogo del borrador de la Constitución de 1978 que, por motivos que hoy parecen incomprensibles, se guardaba en un celoso secreto. Desde entonces, Sol lo fue todo en el periodismo español: primera directora mujer de EL PAÍS —entre el 8 de junio de 2018 y el 15 de junio de 2020—; directora adjunta con tres directores diferentes (Juan Luis Cebrián, Joaquín Estefanía y Jesús Ceberio); corresponsal en Bruselas, Londres, París, Nueva York y Buenos Aires; enviada a numerosos acontecimientos internacionales como el final de la URSS; cronista política; delegada en Sevilla; defensora del lector; editorialista; profesora en la Escuela de periodismo.

En los últimos años, publicó una columna semanal en el suplemento Ideas bajo el epígrafe Punto de observación, además de una colaboración en la Cadena Ser. Eran textos en los que la información primaba sobre la opinión, con títulos muchas veces sorprendentes, escritos en un lenguaje directo y eficaz, con los que numerosos lectores comenzaban el periódico los domingos. Siempre se rigieron por una norma que marcó toda la carrera de su autora: Sol nunca le decía a nadie lo que tenía que pensar, ni trataba de imponer su criterio en medio de un diluvio de palabras y adjetivos. Al contrario: nos obligaba a pensar, a veces contra nosotros mismos, con argumentos y datos.

Por encima de todo, Sol fue uno de los pilares éticos y profesionales, dentro y fuera de EL PAÍS, para varias generaciones de periodistas que encontraron en esta mujer, cálida y dura a la vez, un referente en los tiempos confusos y apasionantes que ha vivido este oficio en las últimas décadas. Recibió todos los premios imaginables; pero ningún reconocimiento ni ningún cargo en la redacción le hicieron apartarse un ápice de la reportera que siempre fue: una periodista valiente, que creía en la información libre, en la búsqueda de la verdad y en la importancia del periodismo para mejorar la sociedad. Nota aquí.




Emiliano del Río

 


Idígoras y Pachi

 


martes, mayo 05, 2026

Vicky Gastelo & Carlos Goñi

 

Ismael Serrano

 


Peridis & El Roto

 Peridis y El Roto, la voluntad de pintar lo que ocurre

Los viñetistas de EL PAÍS son parte fundamental de la relación del humor con la vida española de los últimos 50 años: “Nuestra profesión consiste en denunciar de manera sintética y que ayude a comprender mejor las cosas”

José María Pérez González (Frama, Cabezón de Liébana, 84 años), arquitecto, dibujante, humorista y, sobre todo, Peridis, junto a Andrés Rábago (Madrid, 79 años), historietista, humorista gráfico, de seudónimo El Roto, son parte fundamental de la relación del humor con la vida española de los últimos 50 años.

Peridis se unió a EL PAÍS cuando este diario nació, el 4 de mayo de 1976. Nunca ha dejado de pintar aquí lo que le dice su pasión por interrogar cada día —con sus dibujos— lo que ocurre en el mundo que ve. El Roto, que también se ha llamado Ops, se incorporó más tarde, en los noventa, y ocupó el lugar de otras leyendas: la de Máximo, la de Forges, a los que la historia les debe el agudo (y melancólico) modo de ver que ofrecen siempre los que dibujan desde el alma de contar. Ops y El Roto son secuencias de esa manera de contar lo que ocurre en un mundo roto, cada vez más roto.

Esta entrevista a los dos, a Peridis y al Roto, se hizo en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Ambos participan este próximo fin de semana en sendos actos del Festival de EL PAÍS que celebra el 50 aniversario del diario.

Pregunta. ¿Cómo surgió, Peridis, su modo de contar?

Peridis. Hacía caricaturas desde niño. Nunca dejé de hacerlas, incluso después de ser ya arquitecto. Mi primo, que trabajaba en los sindicatos verticales y era de Falange, me dijo: “Mientras viva Franco no va a haber caricaturas. Y Franco no piensa morirse”. Tomé nota. Cuando era arquitecto lo intenté en Informaciones, donde estaba [el viñetista] Forges. Un día vi una noticia: iba a nacer EL PAÍS, un diario progresista en el que iban a estar Polanco, Ortega, Fraga… Y me dije: “Será mi periódico”. Tenía que estar en forma para hacer caricatura política, lo que quería hacer. Algunos caricaturistas de Estados Unidos me inspiraron, como Schulz, el autor de Snoopy, además de Quino, que hacía Mafalda. Quería convertir a los políticos en personajes de historieta.

P. El Roto, ¿cómo empezaron sus dibujos?

El Roto. Desde muy pequeño también. Un tío mío me regaló un libro de Saddan, un dibujante en blanco y negro de aquella época. Lo leía a menudo, y empecé a dibujar a los 8 o 9 años. Mi vocación inicial era la pintura, el dibujo llegó cuando me di cuenta de que tenía que ganar dinero. Comencé a publicar en Triunfo y seguí en Hermano Lobo, que salió de la misma revista. La carrera vino de ahí.

P. ¿De dónde viene el nombre Peridis?

Peridis. Mi apellido es Pérez, y así me llamaban en la mili, hasta que en la Escuela de Arquitectura me llamaron Pericles, por los griegos, y aquello derivó hasta Peridis. Suena bien el seudónimo. Me influyó mucho Cronos, el gran caricaturista de Marca. Era genial: pintaba una línea, unos alambres, un golpe de mano que agarraba el alma del caricaturizado. Alma y cuerpo.

P. Desde hace años es El Roto, ha sido otros, pero este nombre es el que le acompaña en EL PAÍS...

El Roto. Creo que en realidad son dos, Ops y Roto. Hay una especie de subpersonalidades ahí, pero no tiene importancia… Y Rábago, mi apellido, es para la pintura. Surgió en una época en que todo eran siglas, pero al principio eran letras que se juntaban, sin otra significación. El Roto surge de los rotos de Chile, personajes callejeros y degradados que habrían sufrido mucho.

P. Peridis, 50 años en EL PAÍS, y todos los días.

Peridis. Desde el primer día. Era el deseo de llegar al periódico, de estar al corriente, de tener una influencia en la sociedad. Estar en EL PAÍS desde la salida fue una lotería para mí, un acontecimiento vital, porque me ofrecía una tribuna y un ámbito de desarrollo extraordinario. Fue un regalo de la vida.

P. El Roto no es solo un nombre, es también los sentimientos que cuenta…

El Roto. Creo que eso ya es un territorio psicológico demasiado complejo para mí. Me limito a poner un seudónimo a lo que hago y que todo ello tenga coherencia formal y de contenido. Eso simplemente es algo como una marca, pero no tiene mayor contenido. Nota aquí.



Horacio Ferrer

 

Dani Martín


 

Luis Miguel Malo Macaya

PRACTICANDO NUEVOS AFORISMOS
A José Luis Morante
Hay poetas que se andan por las rimas... ¡Qué vértigo!
No todos los poetas tienen humor propio.
Hay silencios que ya lo dicen todo: nada.
Los más osados suelen ser los que sufren de pánico escénico.
Un solo verso bueno puede salvar un poema malo.
A buen entendedor muchas palabras.
Hay días de vino y rosas
que satisfacen los años.
Y hay días de rosas mustias
regadas con vinos malos.
¿Para qué tener abiertos tres frentes si no se tienen ni dos dedos de frente?
Tener voz propia es cosa de políglotas.
Hay poetas que adornan mucho: se parecen mucho a los jarrones chinos.
Hay poetas que están ahora mismo pesados de moda.
Y así, tanto va el cántaro a la fuente,
que si no acaba de romperse el cántaro
ha de acabarse por secar la fuente.
Hay sonetos que se mantienen en sus trece y se estropean.
No hay cosa peor que uno se meta a aforista (como yo) y meta la pata... Todo el mundo ya sabrá de qué pie cojea.



Luis Ramiro

 


Arturo Pérez-Reverte

 

Rodolfo Serrano

 Rodolfo Serrano nos da cobijo entre sus poemas

El libro de Rodolfo ("Hotel en las afueras") es un canto a la amistad y al amor. Él dice que es "un catálogo de amigos para darles cobijo". Me siento bien en la Hab. 207. Gracias.

Siempre que acudo a las veladas poéticas del Café Comercial para aplaudir los poemas de mi amigo Rodolfo Serrano salgo de allí debidamente impresionado... y sorprendido. Aún quedan poetas en la España de hoy. Y son buenos. Muy buenos. Muchos de ellos estaban allí el martes pasado. Y  sus libros se venden. Rodolfo Serrano nos dice que este libro es un resumen de su vida, para huir de la soledad y dar cobijo a sus amigos. Si algunos de ellos (que son muchos) no tienen habitación puede reservarla en la página 271.  Me emocionó ver a Rodolfo aplaudir con fervor a su joven nieto Manuel Serrano que nos acompañó al piano con un concierto fantástico. Cuando presentó su libro anterior nos trajo a su hijo, el famoso Ismael Serrano, "para que le conozcáis". Otros cantautores pusieron música a poemas de Rodolfo y otros poetas leyeron sus versos acomodados en su habituación correspondiente. Fue una tarde espléndida, la guinda que me faltaba después del copioso almuerzo que compartí ese día, entre abrazos, con un montón de "cincuentañeros" de El País. El público no cabía en la sala. Había poetas, periodistas y (me cachis) algún oncólogo. La lista de conocidos es larga: Juan Barranco (Hab. 205, muy cerca de la mía), Paco Naranjo (345), Karmelo Iribarren (231, el de "una calle sin bar es una calle sin alma"), Javier Lostalé (350), mi compadre Joaquín Estefanía (312), Bernardo Pérez (221, que no pudo llegar a tiempo porque hacía retratos de "cincuentañeros" del El País), Manuel Rico (211, que presentó el libro), Mariano Guindal y Mar Diez Varela (217, les busqué sin éxito), Miguel Ángel Yusta (334), José Luis Corcuera (312, sentado a mi lado), Karmentxu Marín (316, se quedó en los postres de la comilona de El País), Miguel Ángel Noceda (243), Rafael Soler (109, poeta generoso que nos invitó a las tortillas de patatas), Juan Luis Cebrián (125, agotado por el almuerzo no pudo acudir a tiempo, pero escribió el prólogo a otro libro de Rodolfo sobre periodismo. Ya me gustaría ver esa habitación de lujo para "el señorito" que me contrató 4 veces),  Caridad Plaza (334), Juana Vázquez (314, que leyó su poema) y Paco Caro (432, otro poeta que acabó cantando conmigo después de las tortillas del Comercial). Alguien recordó la definición que hizo Groucho Marx del hotel: "Entras sin equipaje y sales sin dinero". Nosotros salimos del Comercial cargados de emociones y versos. Nota aquí.









Quique González

 


Rozalén

 

Félix Maraña

 MI NUEVO LIBRO PRO PALESTINA

En breves fechas saldrá mi nuevo libro de poemas LA SANGRE DE PALESTINA. Lo publica el registro Huerga y Huerga Fierro Editores , y anunciaremos el día de salida a librerías, sobre eln15 de mayo. 

Se trata de medio centenar de poemas y textos breves, que quieren ser una voz de aliento, denuncia y conciencia del genocidio que padece el pueblo palestino, tras la invasión y exterminio que lleva a cabo Israel desde hace más de un año.

La mayoría de las composiciones son espinelas, registro en el que se sustancia el grito pro Palestina. Han sido escritos en el último año, desde que se inicio la guerra criminal, que ha devastado el paisaje, las viviendas, hospitales, escuelas y centros sociales y ha dado muerte, hasta el día de hoy, a más de 70.000 personas, un tercio de los cuales son niños.

Me confirman que el libro estará en la calle para el 15 de mayo de 2026. Nada me alegraría más que en ese día, y antes cuanto pueda ser, cesara el genocidio que Israel ha perpetrado con total impunidad contra la población de Palestina.

El libro lleva un prólogo del periodista Mikel Ayestaran y un epílogo del escritor Alfonso Pascal Ros.

"Versos como los de este libro están cargados de compromiso y dibujan una parte de la historia reciente de una Gaza donde sigue la guerra diaria por la supervivencia. 

No hay que dejar de hablar de Gaza. 

Ni un solo día”.

MIKEL AYESTARAN, en el prólogo de este libro.



Chari Rodríguez

 


Juanes

 

Álvaro Pombo

 “Me agobia la malicia. Estas polémicas, las de Uclés y otros, parecen optar al chisme del año”

A sus 86 años, este gran escritor y estupendo conversador sigue escribiendo, y conversando, a velocidad de crucero.

Ha ganado prácticamente todos los premios importantes de las letras castellanas. Desde el Herralde de Novela hasta el desaparecido Fastenrath, pasando por el Planeta, el Nadal, o los más institucionales, como son el de la Crítica, el Nacional y, en 2024, el Cervantes. Aun así, Álvaro Pombo (Santander, 86 años) no parece haberse amilanado con el éxito, entre los lectores y la crítica. El ánimo y el buen humor tampoco han desaparecido. Una de las palabras que más dice en la conversación que mantuvimos es “divertido”. Es preciso tener un carácter desenfadado y constante para mantener una carrera literaria que recorre cinco décadas entre novelas, sobre todo, pero también libros de poemas, ensayos y relatos.

De estos últimos, admite que son un género “difícil”, pero la publicación de sus Cuentos autobiográficos. Volumen I (Anagrama), en noviembre de 2025, abrió una nueva veta que explorar en su narrativa. Anuncia que los dos siguientes tomos están en camino. A su ayudante, Mario Crespo, escritor y compañero académico en la RAE, le debemos la inminente aparición de una biografía sobre Pombo y la mediación para esta entrevista en el piso del madrileño barrio de Argüelles, rodeado de libros, flores y fotografías. Un gato naranja, Michi, se tumba en su cama. “Está un poco mayor, pero nos cuidamos el uno al otro”, dice el escritor. La grabadora empieza a correr y el señor Pombo, acomodado en su cheslón, como al inicio de cualquier historia, fuma, y sonríe.

Llegados a su edad, ¿quién va ganando el combate? ¿El escepticismo o la ilusión? El escepticismo, sobre todo el político. Quiero decir: yo no soy escéptico, soy de natural una persona entusiasta, pero la gente está un poco cansada, todos lo estamos. Lo de la ilusión, bueno. He seguido escribiendo, dándome igual el tipo de gobierno que tuviéramos. Para escribir se necesita una dosis enorme de energía. Por eso, si uno mira fuera y observa, la situación política te deja, más bien, desanimado. No es que sea mala, no nos está pasando nada, pero tenemos un panorama en el que se critica a Pedro Sánchez. Es melancólico tener que estar haciéndolo. Tendríamos que estar aplaudiendo. Y no es así. Se aplaude más a José María Aznar, siendo como era...

Dice, parafraseando a Henri-Frédéric Amiel, que los cuentos, como los paisajes, deben ser estados de ánimo. ¿Eso le facilitó la escritura de este libro? ¿Prefería la brevedad y su ligereza antes que unas memorias al uso? Es una frase que leí en su diario, divertidísimo, y que me pareció una idea espléndida. Concretamente, lo de que fuera el paisaje lo mismo que un estado de ánimo no es verdad. Lo que es cierto es que lo que vemos, lo configuramos como paisaje, pues este es siempre una construcción. Estos que yo tengo sobre el mar, sobre Santander, son todo construcciones. A su modo, son estados de ánimo porque los dotamos de ellos. Para mí es muy importante mostrarlos con sus lluvias, su buen tiempo... El cuento es un género difícil. He escrito más novelas, pero también más cuentos de lo que parece. De punta de lanza, pondría a Jorge Luis Borges como gran escritor de cuentos, claro, o algunos americanos, como John Steinbeck. Españoles también, como Azorín o Bécquer, importantísimo, de quien te lees hoy día una de sus Leyendas, la de El monte de las ánimas, y te parece totalmente actual, un cuento de terror moderno. A lo de la brevedad y la ligereza, le respondo con el epigrama de Juan de Iriarte: “A la abeja semejante,/ para que cause placer,/ el epigrama ha de ser:/ pequeño, dulce y punzante”. Yo no lo aplico [risas]. Unos cuentos me salen mejores que otros. Borges los clavaba. Le salían como sonetos. Uno puede escribir diez folios o tres, y mejor que sean tres. El cuento ha de ser impactante, sin discursos de por medio. Nota aquí.



Daniel Cros

 


El Roto

 


lunes, mayo 04, 2026

Joan Manuel Serrat

 

Ai Weiwei

 “La Bienal de Venecia no debería hacer juicios de valor sobre posturas políticas. Lo contrario es censura”

El artista y activista chino, que acaba de inaugurar en el museo Maxxi de L’Aquila la retrospectiva ‘Aftershock’, considera que el veto no es solo un mal de las autocracias, sino que permea también las democracias occidentales.

Si hay un artista con el currículo necesario para hablar de libertad de expresión y censura, ese es Ai Weiwei. Y su respuesta ante cualquier tipo de restricción, al margen de contra quién vayan los intentos de silenciar una voz, es no. Este creador chino multidisciplinar, de 68 años, que sufrió la persecución y censura de su gobierno y que hoy vive exiliado en Portugal, también ha residido en Estados Unidos, Alemania y Reino Unido, donde en 2023 vio cómo su exposición en la Lisson Gallery de Londres era cancelada tras hacer unas declaraciones en redes sociales criticando a Israel por sus ataques contra Gaza. Por eso asegura que la censura no tiene fronteras y es parte de todos los sistemas políticos, incluidas las democracias occidentales.

Ai, conocido también por una producción artística siempre unida a su reivindicación por los derechos humanos, no solo analiza el fenómeno de la censura en el libro On Censorship (Sobre Censura), recién publicado, sino que el pasado martes, durante la inauguración de una retrospectiva abierta hasta el 6 de septiembre en el Museo Maxxi de L’Aquila (Italia), titulada Aftershock, en declaraciones a EL PAÍS habló de la polémica que rodeaba la Bienal de Arte de Venecia y la decisión de su jurado de excluir a Rusia e Israel de la competición de los premios que otorga la muestra. El jurado que tomó la decisión aún no había dimitido.

Según el artista, “la Bienal no debería hacer juicios de valor sobre a quién mostrar o no mostrar. Ese no es su trabajo. Deberían otorgar igualdad de derechos a todos, al margen de sus posturas políticas o sociales. Eso es lo que llamamos libertad de expresión. Lo contrario es censura. Creo que debemos proteger el valor de la libertad de expresión. Sin eso, pienso que conseguimos que la sociedad se vuelva torpe y estúpida”.

Ai, para quien arte y activismo son inseparables, presenta en L’Aquila un recorrido conciso pero afilado de toda su producción, desde las primeras fotos que tomó en Nueva York cuando viajó con una de las primeras becas que permitieron a un ciudadano chino estudiar allí, hasta sus reflexiones, siempre irónicas o incisivas sobre la guerra de Ucrania, la actual polarización política, la dicotomía entre verdad y ficción que domina el siglo XXI o las reinterpretaciones de clásicos del arte como El grito, de Munch, o Hollywood, de Ed Ruscha. Nota aquí.



Paula Mattheus


 

Hombres G

 

Jacqueline Bisset

 “Hay tanto dolor en el mundo que hablar de cine me parece irrelevante”

La actriz, de 81 años, recibe un premio por su carrera en el festival Saraqusta de cine histórico de Zaragoza y reflexiona sobre Donald Trump, la crisis migratoria y la huella del MeToo

Jacqueline Bisset (Weybridge, Inglaterra, 81 años) está en España después de tanto tiempo que casi ni se acuerda. Ha venido este fin de semana a Zaragoza a recoger un premio por su trayectoria en el festival Saraqusta, especializado en cine histórico. “Si consigo pronunciarlo bien dos veces”, confiesa, “pensé que encontraría el camino para llegar”. Y lo ha hecho. Y eso a pesar de que su viaje, desde Los Ángeles vía Londres donde se le perdió la maleta, ha sido toda una odisea. “Ya no hay personas con quien hablar, solo máquinas que no te resuelven nada”, se lamenta, pese a que la historia del extravío tuvo final feliz, “gracias a un señor muy amable en España”. “Fue un momento de estrés”, reconoce. Bisset viaja sola y sin ningún asistente. “Es activa, completamente autónoma y profesional, escucha y atiende, no deja de trabajar, todo lo hace fácil y no parece que tenga la edad que tiene”, reconoce con admiración el director del festival Saraqusta, José Angel Delgado.

A Bisset le han dado el galardón por un currículo interpretativo lleno de personajes históricos inolvidables. La que fuera actriz de Truffaut, Huston o Polanski ha hecho desde Josefina Bonaparte a Jackie Kennedy, pasando por Anna Karenina. Pero ni en el discurso al recoger su galardón ni en la conversación con EL PAÍS tiene ganas de hablar de cine… y con su mirada verde mar insondable, unos vaqueros, deportivas y un pañuelo que podría pasar por palestino, explica el porqué.

Pregunta. Hacía mucho que no venía por aquí… Por España, y en Zaragoza creo que la primera vez.

Respuesta. Sí, ya ni me acuerdo. Para mí España es placer y yo no viajo por placer. Todos mis viajes son de trabajo. Pero no había estado nunca en Zaragoza, y pensé que era una oportunidad para ver algo nuevo. Y eso me gusta. Y también comerme una de esas tortillas españolas, con patatas y huevos... ¡que me encantan! Aunque confieso que después de decir que sí, tuve un momento de estrés. Siempre voy sola, nunca he tenido secretaria ni asistente ni nada, así que tengo que hacérmelo todo yo misma, ¿sabe? Y este trabajo hay que tomárselo en serio.

P. El viernes, al recoger el premio, prefirió hablar de la vida antes que de su trabajo, el cine. ¿Por qué?

R. Sí, porque es así como soy. Creo que para la gente es increíblemente aburrido que les hablemos solo de cine, es lo que hacen en Hollywood, y me aburren soberanamente. Las películas son fantasías, y me gusta hablar de cosas reales, de las catástrofes humanas que están sucediendo, de las grandes empresas que dirigen nuestras vidas o de la gente terrible que está ofreciendo cosas contra el cáncer que no funcionan. Hay mucha gente sufriendo y soy muy consciente de eso.

P. ¿Se refiere a la salud, usted que cuidó durante décadas a su madre enferma de esclerosis, o a la política? ¿O a todo un poco?

R. Tengo cierto instinto cuando hablo con la gente. Soy capaz de detectar cómo están de salud, si sufren, si necesitan consuelo. Veo que la gente necesita hablar de sus sentimientos, pero si todo el mundo habla y nadie escucha, esto no funciona. Yo puedo escuchar. Lo aprendí de mi padre. La gente necesita mucho consuelo emocional. Veo también mucho dolor y pobreza en el mundo, y frente a todo esto, el cine me parece a veces irrelevante. Es verdad que se puede contar en las películas, pero no es suficiente para ayudar a la gente. Y me acaba pareciendo trivial, aunque hablemos de películas muy importantes.Nota aquí.