domingo, febrero 15, 2026

Liuba María Hevia

 


Magdalena Ruiz Guiñazú

 Magdalena Ruiz Guiñazú: sus inicios como movilera, el momento más difícil de su vida y su compromiso con los derechos humanos

“Quería hacer cosas heroicas, como sueñan todos los jóvenes”, dijo en una una entrevista con Infobae. Hija de un diplomático, los comienzos de la periodista estuvieron marcados por sus coberturas en la calle. Abrazó su profesión hasta sus últimos días. Nació el 15 de febrero de 1931.

María Magdalena Teresita Ruiz Guiñazú Cantilo nació el 15 de febrero de 1931 en Buenos Aires. Era la novena hija de dos padres “añosos” para la época: María Celina Cantilo Ortiz Basualdo, de 44 años, y Enrique Ruiz Guiñazú, de 52. Y por eso, ella contaba que había sido criada por sus hermanos mayores, ya que sus progenitores estaban en edad de ser sus “abuelos”. Otros tiempos.

Se crio en una familia acomodada. Su padre, jurista, escritor y político, había sido Ministro de relaciones exteriores y culto y embajador ante la Santa Sede y España. De chica, comenzó a estudiar música dispuesta a convertirse en pianista. Pero, después, se dio cuenta de que no era demasiado buena para ese metié y decidió dedicarse al periodismo. “Quería hacer cosas heroicas, como sueñan todos los jóvenes”, dijo en una oportunidad durante una entrevista con Infobae.

Comenzó su carrera en la década del ´50. Sus primeros pasos fueron como redactora en revistas como Gente Joven, Leoplan, Damas y Damitas, Vosotras y Maribel. Luego se convirtió en movilera de Antonio Carrizo, quien conducía el noticiero Primera Noche en Canal 7. Más tarde llegó a la radio de la mano de Cacho Fontana y su Fontana Show, de Radio Rivadavia. Y finalmente desembarcó en Teleonce con Videoshow, un ciclo re recorría el mundo con filmadoras y videocassetteras que formaban “la máquina de mirar”.

El 3 de diciembre de 1956, a los 22 años, Magdalena se casó con César Alberto Doretti Seppilli en la Basílica Nuestra Señora de la Merced de Recoleta. Con él, su único esposo legal, tuvo a sus cinco hijos: Edmundo, Alejandra, Mercedes, Paula y César. Durante un buen tiempo, tuvo que ingeniárselas como para poder compatibilizar su trabajo con su rol de madre. Se separó en 1967. Y, recién cuando sus chicos crecieron, pudo dedicarse al ciento por ciento a su carrera.

Lo cierto es que, después de haber vuelto a formar pareja con Sergio Dellacha, con quien convivió hasta cuando éste falleció en 2006, le tocó vivir el momento más duro de su vida. Su hijo mayor, murió a los 28 años a raíz de un infarto. Ya había sufrido uno a los 18, después de jugar un partido de rugby. Y, desde entonces, la periodista estuvo pendiente de su delicada salud. Hasta que ocurrió lo peor. Y, según reconoció, si no hubiera sido por la contención de su compañero, nunca habría podido superar semejante duelo.

El dolor, sin embargo, siempre permaneció en su corazón. “La pérdida de un hijo es algo difícil de hablar y tiene una presencia constante. No te vas a olvidar nunca de ese hecho terrible. Es lo más desgarrador que le puede pasar a un ser humano. Sus hermanos también lo recuerdan y sus amigos con una cariño tan grande que de algún modo es como si estuviera presente”, le confesó a Graciela Fernández Meijide en una entrevista para Cada Noche, ciclo de la TV Pública.

Edmundo era médico y estaba a punto de casarse cuando falleció. En ese momento, Magdalena se cuestionó el hecho de haberse dedicado demasiado a su profesión y, según dijo, se convirtió en mejor madre y abuela. Sin embargo, nunca dejó de abrazar el periodismo. Entre los muchos éxitos de su carrera, hay que destacar Magdalena Tempranísimo, el programa radial que se convirtió en su marca registrada y estuvo al aire entre 1987 y 2006 por Radio Mitre. Pero también condujo Dos en la noticia junto a Joaquín Morales Solá por Canal 9, entre 1996 y 1997. Y en 2002 fue la conductora de Aventura National Geographic, por Canal 13, entre otros tantos trabajos.

Fue muy activa en su defensa de los Derechos Humanos. En junio de 1979 visitó Auschwitz, el campo de concentración donde fueron asesinadas más de 4.000.000 de personas, junto al Papa Juan Pablo II. Y recordó la experiencia como “el viaje más importante” de su vida. Años más tarde, en tanto, formó parte de la CONADEP (Comisión Nacional por la Desaparición de Personas) y formó parte de la investigación en el centro clandestino que funcionaba la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), trabajo que fue reflejado en el documental Nunca Más. Nota aquí.



Elvira Sastre


 

Chambao

 

Karra Elejalde

 Karra Elejalde, actor, 65 años: "El trabajo más duro de mi vida fue trabajar de niño en un negocio familiar sin horario ni sueldo"

El actor de 'Ocho apellidos vascos', pero también de películas de Amenábar, Almodóvar, Álex de la Iglesia e Iñárritu sorprende eligiendo el trabajo más duro de su vida.

Muchos pensarían que ser el centro cómico de la película más taquillera de la historia del cine español, Ocho apellidos vascos, es una bendición para cualquier actor. No sabemos si fue así para Karra Elejalde.

Antes de ese megabombazo de 2014, el actor vasco había trabajado en las tres películas más míticas de Julio Medem (Vacas -1992-, La ardilla roja -1993- y Tierra -1996-), con Álex de la Iglesia (Acción mutante -1993-), con Nacho Vigalondo (Los cronocrímenes -2007-), con Juanma Bajo Ulloa (Airbag -1997-), con Imanol Uribe (Días contados -1994-), con Pedro Almodóvar (Kika -1993-), con Jaume Balagueró (Los sin nombre -1999-), con Alejandro González Iñárritu (Biutiful -2010-) o con Icíar Bollaín (También la lluvia -2010-). Un currículum al alcance de pocos, poquísimos actores de nuestro país. Por eso nos da algo de rabia que Ocho apellidos vascos y Ocho apellidos catalanes sea lo primero, y casi lo único, que internet escupe de él como presentación.

Después de esos dos éxitos populares, aunque vinieron otras comedias en la línea, más o menos olvidables, lo cierto es que Elejalde también ha trabajado con cineastas de la talla de Alejandro Amenábar (Mientras dure la guerra -2019-) o televisión tan notable como El día del mañana (Mariano Barroso, 2018). Famoso, a su pesar o no, nos queda claro que Elejalde cumple su objetivo de trabajar mucho, pero sobre todo bien. Por eso, la última vez que hablamos con él nos sorprendió el trabajo que recordaba con menos cariño de su dilatada y prolífica carrera.

El trabajo más duro de mi vida fue trabajar de niño en un negocio familiar sin horario ni sueldo “porque ya te pago los estudios y las zapatillas”. Eran otros tiempos.... Mis padres tenían un bar en Salinas de Leániz donde daban comidas, meriendas, cenas, bodas, bautizos... Yo, con 9 años, pelaba patatas, subía y bajaba cajas con bebidas y refrescos, cocinaba salsas...

Puede sonar a broma pero lo cierto es que este trabajo tan intenso a esa edad le llevó incluso al médico.

Por suerte, parece que la interpretación le sienta mucho mejor y no tiene pinta de que vaya a disminuir la carga de trabajo a sus 65 años. Nota aquí.



Poesía & Música

 


Whisky Caravan

 


Gisèle Pelicot

 “Mi exmarido me habría matado si no le hubieran descubierto”

Durante 10 años, su marido la sedó para que más de 80 hombres la violaran mientras él lo grababa todo. En 2022 se destapó el caso y, dos años más tarde, el señor Pelicot y 50 agresores fueron condenados en un juicio que Gisèle Pelicot pidió que fuera público. La vergüenza debía cambiar de bando. Ahora lo cuenta en un libro. Nos citamos en París con esta mujer lúcida, símbolo de la lucha contra la violencia sexual

Gisèle Pelicot (Villingen-Schwenningen, Alemania, 73 años) dejaba puesta la mesa del desayuno antes de acostarse. La miel, las servilletas, los platos, los botes de mermelada. Al día siguiente, solo tendría que sacar la mantequilla y preparar las tostadas mientras el aroma del café invadía la cocina de la casita donde vivía con su marido. Era más cómodo, claro. Pero con el tiempo, y quizá ese es uno de los pocos síntomas que emergieron inconscientemente mientras todo aquello estaba ocurriendo, también se dio cuenta de que aquella costumbre podía ser un mecanismo para saltarse mentalmente las horas de cama. Como si su cerebro, por algún tipo de instinto de protección, no quisiera procesar aquel tiempo.

Una de esas mañanas, Gisèle Pelicot recibió una llamada de la comisaría para acudir con su marido. Tenía 68 años y llevaba casada con aquel hombre medio siglo. Habían pasado altos y bajos. Pero sabía que era el hombre de su vida, por eso se habían retirado a aquella casita amarilla de persianas azules en un pueblo de la Provenza adonde acudían regularmente sus hijos y nietos.

Dos meses antes, sin embargo, había ocurrido algo. El guardia de seguridad de un supermercado había pillado a su marido grabando por debajo de la falda a varias clientas. La policía acudió al centro comercial y lo interrogó. Le confiscaron el móvil y el ordenador. Luego lo dejaron ir. De regreso a casa, él se lo contó a Gisèle, se echó a llorar y le dijo que no quería perderla. Y ella, como otras veces, decidió pasar página y esperó la llamada de la policía para declarar y olvidarse de aquella historia. Había decidido perdonarlo. Así que la visita a comisaría sería un trámite. Pero al entrar, los separaron y ella se sentó en una habitación con un policía que le hizo algunas preguntas. En un momento dado, el agente quiso saber cómo definiría a su marido. “Un hombre bueno y amable. Un tipo genial, por eso seguimos juntos”, respondió ella.

mostrarle fotos y vídeos que no van a gustarle —le advirtió entonces.

Justo aquí comenzó la segunda mitad de la vida de Gisèle Pelicot, madre de tres hijos y siete nietos que descubre cómo la otra parte de su biografía se derrumba. De repente, 50 años de matrimonio se convirtieron en una masa informe de recuerdos felices mezclados con el horror más extremo. También quedaron profundas lagunas provocadas por los medicamentos que durante 10 años le suministró su marido para entregarla a 50 hombres que acudían a violarla a su casa. En su ordenador había miles de fotos, vídeos y mensajes anunciando en una web de contactos la posibilidad de abusar de su esposa mientras se encontraba sedada.

El pasado lunes 26 de enero, Gisèle Pelicot aparece por la puerta de su nueva agencia literaria, encargada de la promoción de Un himno a la vida (Lumen, 2026), que se publica en España el 17 de febrero. Un libro escrito con la periodista Judith Perrignon en el que relata aquel descenso a los infiernos y el modo en que ha logrado rehacer su vida. Gisèle Pelicot está radiante. Sonríe y saluda alegre al periodista y a la fotógrafa de El País Semanal, como si quisiera aliviar el peso que sabe que sienten sus interlocutores cuando la ven por primera vez, conscientes del sufrimiento extremo que ha atravesado. Nota aquí.




Alejandro Ferre

 


Pablo Sciuto

 

Ramón Serrano

 CONSEJO A UN AMIGO

¿Qué escondes detrás de tus carcajadas?
no es risa de felicidad
es angustia de la que ahoga y mata
hilaridad pura y dura
mofa de tu propia sombra
desternillo de tu mala racha
podrías contenerte pero no quieres
no te da la santísima gana
eso es lo que dices
cuando te descubren el dolor
de esa maldita tangana
juego inútil esconderse bajo las sábanas
careta de payaso que clama
más lágrimas que tristeza
deleite que esconde rabia
risotadas de amargura
no te escondas tras las montañas
de tu propia cobardía
ante el miedo por el mañana
¿Qué escondes tras esos ojos
rijosos y estropajosos
que muerden tu propia calva
tómate una infusión de ternura
de amor y de alegría
que son hierbas que sanan
tanto el cuerpo como el alma.



Pedro Reinares & Roberto Camacho

 


El Roto

 


sábado, febrero 14, 2026

David Uclés

 David nos cuenta por Facebook.

UCLÉS Y LA CUERDA

Mi abuelo Luis, Odisto en la ficción, solía usar un pantalón que le quedaba grande para bajar a la huerta. Se ataba una cuerda a la cintura para evitar que se le cayera. Sus amigos hacían lo mismo. Quizás no querían estropearse el único cinturón que tenían. Días antes de que saliera «La península de las casas vacías», mis padres me tomaron fotos en el pueblo, delante del huerto familiar. Como homenaje a mi abuelo, que había fallecido nueve años atrás cuando llevaba la novela a medias, me puse su ropa: pantalón, camisa... y cuerda. Me pareció un gesto bonito. Nunca más usé ni sus prendas ni una cuerda como cinturón. La ropa de los difuntos, en mi tierra, se quema, a no ser que quieras honrar la memoria de tu abuelo antes de publicar su vida y milagros.

Estos días de columnistas obsesionados conmigo, que han analizado absolutamente todo de mi físico y de mi vida —y que incluso han intentado hablar con mis profesores, amigos del pueblo y familiares sin mi permiso—, varios medios han señalado que soy «lo peor que literariamente le está pasando al país» por usar en una foto una cuerda en lugar de un cinturón.

Mi abuelo se reía de su sombra. Fue un hombre libre. Y eso aspiro a ser yo: antes que escritor, antes que acordeonista, antes que personaje…, quiero ser libre. Libre de ir o no adonde considere, de conversar con quien desee, de llevar o no sombrero, de vestirme con camisas napoleónicas o jerséis escandinavos, de hablar catalán o euskera o esperanto, de cantar si me apetece o dibujar o hacer el pino puente.

Periodistas-biógrafos-de-Uclés, dediquen sus columnas literarias a la literatura. Hay tantos textos buenísimos de autores poco conocidos que deberían haber ocupado esos huecos estas semanas… Creo que el país ya sabe quién soy. Aléjense del clickbait y apoyen a las editoriales pequeñas y a los artistas emergentes. Y aparquen sus obsesiones por mí. Yo ya no necesito tanto bombo. Ni la cuerda de mi pobre abuelo. Es una pérdida de tiempo y una pérdida de oportunidades para otros. Os lo digo de corazón, ahora que parece que ya ha pasado la tormenta. 



Mikel Izal


 

Salvador Amor

 

Rafa Mora

 SI TE MIRAS AL ESPEJO

Si te miras al espejo,
así, sin miedo ni desidia,
desnudo de belleza,
serás capaz de escudriñar tus ojos.
De sincerarte, al fin, con el poso acumulado que los años guardan.
De abrazar la paz que no te permite el mundo.
Si te miras al espejo,
así, sin vértigo a la huida,
sin prejuicios ni sombras,
será su luz la que ilumine tu rostro.
Serás capaz de romper el hechizo.
De saltar al vacío con el corazón en la mano.
Si te miras al espejo,
y pronuncias tu nombre,
sin temores baldíos,
sin presagios oscuros,
entonces será un verso el que te salve del tiempo.
Será un remanso claro en el que abandonarte.
Armarte de entereza para supurar la herida.
Si te miras al espejo,
con suerte, podrás de nuevo,
afrontar el camino,
recuperar la esperanza,
desaprender lo aprendido.
Serás al fin reflejo que brilla
con luz propia.



Luis Landero

 


Jorge Drexler

 


Félix Maraña

 Suspensión temporal de la existencia

Valentín Martín se llamará Vicente durante 24 horas.
Valentin Martin poeta de Salamanca, se da de baja en el registro civil durante las 24 horas del 14 de febrero, llamándose Vicente a todos los efectos. Suspensión temporal de la existencia.
Aunque el santo no existiera,
el catorce de febrero,
medio mundo, casi entero,
lo celebra a su manera.
No les importa siquiera
que el nombrado Valentín,
no sea ni santo ni afín
ni custodio del amor.
El fervor es el fervor,
en este y otro confín.
El origen ya es igual,
pero está en las Lupercales
romanas que a los chavales
brindaban en bacanal.
Pero advirtiendo el percal,
la Iglesia de Jesucristo,
donde el sexo está mal visto,
quiso atajar los excesos
de los mozos de ambos sexos
y cambió el nombre a la farra.
Así reprime y amarra
a los jóvenes posesos.
En este mundo al revés
el amor es un negocio,
entretenimiento y ocio
servido en El Corte Inglés.
Te venden en dos por tres
todo tipo de elementos,
baratijas, complementos,
inútiles sin remedio.
Consumir es un asedio,
para creernos contentos.
Pero nuestro Valentín,
el mozo de Salamanca,
tiene fervor y retranca
en una ferviente crin.
Dicen que entra con un pin,
donde nadie sabe entrar
y que su forma de amar
no admite comparación.
No sabemos si hay razón
o lo dice por fardar.
Experto en la poesía,
en el arte y la novela,
experto que todo encela,
despierto en la lencería.
Y confiesa una porfía,
mas no sabemos si miente,
dice que tiene simiente,
dice, para largo rato.
Porque el amor es barato
cuanto más cara es la gente.
Confiesa tantas amantes,
mortales o de ficción,
de cine y televisión,
las más bellas y elegantes,
que ha vivido mil instantes
amando a tajo y destajo.
Es noble, chispado y majo
y repica la campana,
cuando le viene la gana,
removiendo su badajo.
Por lo que dicen y veo
su belleza es evidente,
es un mozo diferente,
tampoco guapo ni feo.
Buen colega en el recreo,
y compañero en la empresa.
Valer vale lo que pesa,
aunque hoy se llame Vicente,
por un capricho inocente,
pero mañana regresa.
Que tras esta suspensión
temporal de la existencia
volverá con su elocuencia,
su lírica y emoción.
Son paréntesis que son
como tiempos de recuento,
se muere con mucho tiento
para tomar nuevo impulso.
En un momento convulso
viene muy bien un descuento.



Miguel Ríos

 


Loli Molina & Pedro Rossi

 

Joaquín Reyes, Ernesto Sevilla & Carlos Areces

 Joaquín Reyes, Ernesto Sevilla y Carlos Areces, cómicos: “Cuando empezábamos había temas tabús que ahora ya no hay”

Revolucionaron el humor español con ‘La hora chanante’ y ‘Muchachada Nui’, dos programas que pusieron de moda el acento manchego, crearon personajes únicos como El Gañán y enamoraron con sus imitaciones de Tarantino o Sara Montiel. Ahora vuelven para dirigir y protagonizar una delirante serie creada por Aníbal Gómez.

“Cuidado! ¡A Elvis se le ve el pito!”. El grito resuena en la nave como un maravilloso preámbulo de un coro de risas. Difícil distinguir quién ha lanzado la advertencia en mitad del trajín de una colorida sesión de fotos. ¿Podría haber sido Joaquín Reyes? ¿O quizá Ernesto Sevilla? ¿O más bien Carlos Areces? Las tres opciones serían válidas y esperables, pero al final ha sido el fotógrafo el que ha parado su trabajo para poner de manifiesto que, efectivamente, a Elvis se le ve el pito. Elvis es un adorable y diminuto galgo italiano que, de un salto, ha ido a parar en brazos de su dueño, Ernesto Sevilla, y, como si la cosa también fuera con él, ha acabado posando con los demás. Bajo la luz de los focos, Elvis, con su jersey rojo y sus ojitos tiernos, se muestra tranquilo mientras casi se hace pasar por el nuevo fichaje de estos tres cómicos, que forman parte de uno de los equipos de risas más importantes de los últimos lustros en España, aquel que protagonizó La hora chanante y Muchachada Nui.

A Elvis, finalmente, se le pone en otra posición para taparle su pirulí. No protesta. La escena tiene algo de absurda y surrealista, como el humor de estos cómicos que, a principios de este siglo, revolucionaron el formato audiovisual con sus sketches y animaciones surrealistas donde el costumbrismo adquiría tintes delirantes y, para mucha gente, desternillantes. Ahora regresan con Rafaela y su loco mundo, una nueva serie original de Atresplayer creada y dirigida por Aníbal Gómez, otro rostro conocido del humor que viene de la escuela de la muchachada y que desde hace años forma pareja artística con Carlos Areces en el alocado dúo musical Ojete Calor. “Este proyecto de la serie nació gracias a Aníbal. Es el creador absoluto de la idea”, explica Ernesto Sevilla (Albacete, 47 años). “Viene de un libro suyo que se llama El alucinante mundo de Rafaella Mozzarella. Se ha escrito todo el guion él solo”, añade. “Luego, también hay una adaptación de personajes que están inspirados en unos sketches que escribió Carlos”, apunta Joaquín Reyes (Albacete, 51 años). “Pero, en fin, si te pide algo Aníbal, no hay opción: no se le puede decir que no”, concluye Carlos Areces (Madrid, 49 años).

Cuando se trata de este trío, es inevitable que el humor salte a las primeras de cambio. Apenas han pasado tres minutos de conversación y los tres se ponen serios para reírse un poco de sí mismos. Reyes cambia el tono y, con cierta grandilocuencia impostada, asegura que para él esta serie es un reto porque ahora es un actor de teatro. “Claro, porque esta serie es lo opuesto a lo que has hecho siempre”, indica Areces con voz grave. “Pon la acotación de risas justo aquí”, señala Sevilla al periodista. “Que quede claro”. Y coge la palabra Areces: “Yo definiría la serie como un drama social”. A lo que añade Reyes: “Es lo más parecido a una película de Fernando León de Aranoa con Pippi Calzaslargas”.

Fuera de parecidos razonables, o no, Rafaela y su loco mundo supone el regreso a un proyecto conjunto de estos tres humoristas que siempre han sido muy polifacéticos y, como bien señalan los tres, nunca han dejado de trabajar y nunca se han ido. Por lo tanto, su regreso supone la vuelta de una visión disparatada y desprejuiciada sobre la vida. En este caso, esta visión, bajo la dirección de Ernesto Sevilla, surge a partir de las peripecias de una adolescente disfuncional llamada Rafaela (Ingrid García Jonsson), que vive con una familia supuestamente corriente en la que hay un padre inventor (Arturo Valls), una madre aficionada a disfrazarse (Carmen Ruiz) y una abuela muy abuela (Pepa Cortijo). Aunque el plato fuerte son sus tres amigas: Corpus (Aníbal Gómez), Chelo (Carlos Areces) y Debo (Joaquín Reyes). Todo muy delirante. O, como dice Reyes, “fuera de la realidad”. “En un primer momento se planteó la idea de que todo esto fuesen decorados porque íbamos a tener otro presupuesto. Pero lo desechamos. Lo que sí queríamos es que pareciese todo falso, casi como si fueran dibujos animados”, explica Sevilla. “Solo hay que ver a tres señores de mediana edad haciendo de mujeres adolescentes para saber dónde te metes”, dice Reyes con una sonrisa. “Aunque a mí cuando me caracterizaron daba menos edad. Daba 13 años. Y me tuvieron que envejecer…”, añade con sorna. A lo que Sevilla explica: “A ver, la serie tiene algo de las películas de Jaimito hechas por Alvaro Vitali. En las que se asumía que un señor hacía de Jaimito”. Y prosigue: “Así que hay que asumir eso. Porque, bueno, una cosa que sí nos pasó es que, cuando la vieron los productores, dijeron: ‘Es que las adolescentes parecen un poco señoras’. Y yo dije, a título informativo: ‘Quizá porque los tres que las hacen tienen 50 años’. Fue una anécdota divertida que explica lo que se va a ver”. Nota aquí.




Rafa Pons

 


Tute

 


viernes, febrero 13, 2026

Manuel López Azorin

  Manuel nos cuenta en su Blog 

Valentín Martín: CUANDO CANTA LA POESÍA: RAFA MORA y MONCHO OTERO.

           VALENTÍN MARTÍN Y MIS CANTAPOETAS

El pasado 1 de diciembre de 2025 les fue ofrecido a Rafa Mora y Moncho Otero un merecido Homenaje en el Café Comercial de Madrid y para la ocasión Valentín Martín que había escrito un libro dedicado a estos muchachos poetas y cantautores (mis cantapoetas como yo les llama) y que llevaba tiempo aguardando la ocasión de publicarlo, esta ocasión llegó y se presentó el libro  que Valentín tituló: CUANDO CANTA LA POESÍA: RAFA  MORA y MONCHO  OTERO. (Eirene Editorial)

El homenaje resultó espléndido  gracias al público que abarrotó el Café Comercial donde Rafael Soler, como maestro de ceremonias, Francisco Caro, Miguel Ángel Yusta, Valentín Martín y quien esto escribe (coautores todos de dicho homenaje, nos sentimos felices porque nos parecía un homenaje de justicia)

Allí Valentín Martín presentó su libro. Un libro en el que quiso hablar de los cantautores , contar sus impresiones su manera de dedicarse a la música emparejada con la poesía, una labor generosa y encomiable por la que estos muchachos han musicalizado  más de medio millar de poemas de poetas muy importantes de nuestra poesía desde el siglo de oro hasta nuestros días y especialmente a poetas del siglo XX y este XXI . Una lista larguísima de poetas muy conocidos unos y menos conocidos otros pero importantes y de poetas casi desconocidos pero importantes igualmente. Es el caso, por citar un ejemplo, de las poetas mujeres, siempre desconocidas en su mayoría y que ellos han musicalizado especialmente las mujeres del 27.

Pero no solo es un libro que nos muestra la extraordinaria labor de mis cantapoetas y es que este libro, en mi opinión, tiene tres protagonistas: los dos poetas, cantapoetas, y el autor del libro y yo no puedo ni quiero dejarle fuera solo como el autor, porque este escritor a lo largo de esta historia de los muchachos que escriben poesía y cantan poemas de otros poetas, el este escritor digo, nos va reseñando momentos del tiempo  que vive , del tiempo donde suceden cosas, del tiempo que guarda en la prodigiosa memoria  que el autor tiene  y nos adereza sus crónicas  de tal modo que nos incita a su lectura una tras otra.

Este autor Valentín, protagonista es pues con Rafa y con Moncho de este libro donde aprendemos a conocer mucho de los tres. Luego a Valentín se le ocurrió introducir unos llamados “Solos” de unos cuantos conocidos de los cantapoetas para que contáramos nuestra opinión sobre ellos. En ese apartado y como actores secundarios, a mi por ejemplo me encargó el prólogo (Cosa que me llenó de alegría) y algún que otro “solo”, Los demás “solos”, permitidme  nombrarlos aquí, son Pepa Merlo ,Cristina Narea, E Miguel Ángel Yusta,nrique Gracia Trinidad, Juana Vázquez, J.M. Barbot, María Guivernau, Luis Remacha, Marisa Peña, Armando Silles MClaney, Juanlu Mora,  Luisa García Ochoa, J. Álvaro Gómez, Javier Rodríguez del Barrio y “Olvida tu equipaje”.,

Y además de todo esto Valentín ha escrito como dedicatoria lo siguiente: “Este libro es noticia en la memoria futura y musical de mis nietos. “Para  saber un día  de dos cantapoetas que entregaron su talento y su corazón a los demás e hicieron un mundo feliz para el abuelo. A mi  nieto Miguel que llegó a mi vida un abril para cambiarla y dar sentido a todo. A mi nieto Ángel, el arcángel peregrinito rubio y hermoso, que tanto se sentaba a mi lado cuando estaba contento o lo contrario. A mi nieta Lucía, la arcángel peregrinita morena y extrañamente feliz con las matemáticas.”

Con mi agradecimiento a todos los solos participantes y mi admiración por dos poetas, Rafa Mora y Moncho Otero, dos cantapoetas que se dedican en exclusiva a ponerle música a la música del poema  y los difunde al aire, como decía Claudio Rodríguez: “para que sea de todos y la sepan todos igual que una mañana y una tarde”

Valentín Martín emplea los apartados de este libro para contarnos , en las mútiples veces que ha asistido al programa que tienen desde hace 25 años  en el Café Liberta 8: Versos sobre el pentagrama, algo de lo que allí sucedía y, al mismo tiempo, parte de su experiencia vital. Con su prodigiosa memoria y su gran conocimiento del mundo periodístico, del cine, del teatro, de la música  y de los personaje de cada  uno de estos ámbitos, una visión del mundo que mezcla el ayer con el ahora y que incita siempre a seguir leyendo. Un escritor Valentin Martin con muchos libros escritos tanto de poesía, como de relatos , biografias, teatro y un largo etcétera. Sus viajes por el mundo como periodista, su gran conocimiento de personajes de todos los ámbitos de la cultura, del deporte etc,  hacen que sus crónicas nunca tengan desperdicio y se saboreen leyéndolas como el mejor de los postres. Y esto sucede con Cuando canta la poesía: Rafa Mora y Moncho Otero.  Crónica aquí.








Macaco

 

Luis Fercán


 

Ramón Serrano

 A VOS IMPLORO MI VOZ SANTA

Ay de la noche aciaga
Ay del taburete común de las sombras y las angustias vanas
Ay de los suburbios sin ventanas!
vendré a vuestros pies a suplicar vuestra merced
acogedme hermosa acacia
Yadira por más señas de fresca hojarasca
sonora primavera de veredas altas
en el seno de luz y gracia
de tan generosa halda
a Vos imploro una nueva playa
nuevas olas de espuma rosa y aroma
de algas y esmeralda
conchas de nácar y flores blancas
el jardín de los vientos de las dos caras
sin vuestra Voz perdido estoy
en la oscura estepa de las huecas palabras.



Ismael Serrano

 

Cucuza Castiello

 


Raimon

 Raimon, cantautor: “El fascismo no se ha ido. Sigue aquí. No lo hemos sabido parar”

El periodista Miquel Alberola publica el retrato más completo, humano y contextualizado sobre el artista que marcó el antifranquismo y despertó conciencias lingüísticas.

Dice Raimon que ya no tiene tiempo, que ahora el tiempo lo tiene a él. Quizá por ello, a los 85 años, prefiere el silencio y la calma. Sin añoranza de los días de camerino y rosas en el Olympia de París. Sin nostalgias de aquel gris Madrid del 68 que su voz vistió, por unas horas, de libertad. Sin melancolía por la Nova Cançó que él sacudió, cantando en catalán, en aquel concierto del 66 cercado por la policía en los aledaños del Institut Químic de Sarrià. Era su agitado mundo de ayer. Hoy busca el silencio y la quietud. Por eso minimiza las turbaciones que puedan azorar a este “vulnerable anciano —no venerable—” que cada mañana lidia con los tormentos de la edad. Maldita espalda. Punxa de temps.

Sin embargo, el mito sigue ahí: el del cantante más peligroso para el franquismo cuyas actuaciones iban acompañadas de prohibiciones, censuras, multas, detenciones, interrogatorios, visitas policiales con timbrazo en casa, informes secretos, altercados, cargas de porra y disparos al aire con heridos. Ese mito permanece anclado en el imaginario colectivo de varias generaciones de españoles que cantaron sus himnos bajo la llarga nit de la dictadura hasta que la democracia quiso fosilizar a su icono y depositarlo en el museo de la resistencia mientras la Movida y el Bakalao desleían el pasado y divertían al personal. Comenzaba la gran evasión; en ella no cabía Raimon.

Ahora, de la forma más extensa y mejor contextualizada que nunca se había acometido, aquel mito por fin adquiere contornos humanos en el retrato Raimon. Aquest jo que jo soc (Ara Llibres, sin traducción al castellano), escrito por el periodista Miquel Alberola. Y lo primero es que Raimon no siempre fue Raimon. Antes fue Ramón Pelegero, el chico de familia pobre que tocaba el flautín en una banda del pueblo y pinchaba discos en Radio Játiva. Luego fue el Pele, que acudía con becas a la universidad, soñaba con ejercer de profesor de Historia y cobraba 40 duros por cantar en la tasca Casa Pedro de València en aquella noche crucial del año 61 en la que el escritor Joan Fuster, su primer apoyo, quedó deslumbrado ante su grito cantado. Más adelante fue el Pancho. Así lo llamaban, porque les parecía mexicano, cuando a los 20 años llegó al Reino Unido para manejar una perforadora en la construcción de la autopista Londres-Bristol y, de ese modo, conocer mundo, aprender inglés y beber whisky escocés. Pelegero era el chico inquieto que viajó en autoestop hasta París, con mil pesetas en el bolsillo y las viandas de su madre en la tartera, para ver las luces de Sartre, Camus, Jacques Brel o Brassens y toparse con las sombras obreras de las banlieus.

Todos esos heterónimos concitó el chico del carrer Blanc antes de la definitiva metamorfosis en Raimon: el nombre que él mismo creó, de una forma improvisada, para actuar en Barcelona junto a Els Setge Jutges el 15 de diciembre del 62. Faltaban solo tres meses para que su primer disco, el epé amarillo con diseño de Jordi Fornas y atrevida fotografía de Oriol Maspons, llegara a las tiendas con cuatro temas: Al vent, La pedra, Som y A colps. Ya nada volvería a ser igual en su vida. Nota aquí.





Julieta Venegas & Natalia Lafourcade

 

Manuel Borrás

 


Juanlu Mora

 


Manza

 


Elvira Sastre

 


Guillermo Monroy Becerril

 Fallece a los 102 años el pintor mexicano Guillermo Monroy Becerril, alumno de Frida Kahlo

Reconocido por su legado en el arte moderno y su participación junto a figuras históricas del muralismo, Monroy Becerril dejó una huella profunda con obras exhibidas en México y el extranjero, además de recibir importantes homenajes en vida.

En el mes de septiembre de 2024, Guillermo Monroy Becerril recibió la Medalla de Oro Bellas Artes en Artes Visuales, una distinción otorgada por el Gobierno de México a través del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (Inbal). En esa ocasión, compartió este reconocimiento con la escultora Geles Cabrera y el pintor Arturo Estrada. Durante la ceremonia, Monroy Becerril expresó abiertamente que su compromiso con las luchas sociales era inseparable de su quehacer artístico. “La lucha social forma parte de mí completamente con una sensibilidad revolucionaria y plástica que llevo en mi entraña. No podría pintar si no estuviera en la lucha social”, sostuvo el artista, evocando la influencia fundamental de sus maestros, entre ellos Frida Kahlo y Diego Rivera. Así, Monroy Becerril remarcó su militancia y gratitud: “A todos ellos muchas gracias, porque forman parte de mí, de mi lucha por los campesinos, obreros mexicanos, por los estudiantes, por todos los que luchan por estar bien”, de acuerdo con lo reportado por la agencia EFE.

El fallecimiento de Monroy Becerril a la edad de 102 años en la ciudad de Cuernavaca fue confirmado por autoridades del estado de Morelos, quienes publicaron un mensaje de condolencia a través de las redes sociales. “Morelos despide a un grande del arte: Guillermo Monroy Becerril”, señaló el gobierno estatal. En el comunicado también destacaron que Monroy Becerril fue un muralista destacado, alumno de Frida Kahlo y asistente de Diego Rivera, y subrayaron que su vida y su obra estuvieron estrechamente ligadas a los principales referentes del arte mexicano. El mensaje incluyó expresiones de solidaridad hacia los familiares y amigos del artista, según consignó EFE.

Originario del estado de Morelos y residente en esa entidad, Monroy Becerril nació el 7 de enero, alcanzando poco antes de su deceso la cifra de 102 años. Formó parte del grupo conocido como “Los Fridos”, integrado por discípulos directos de Frida Kahlo en el ámbito artístico. Egresó de la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda”, donde consolidó su formación bajo la tutela no solo de Kahlo, sino también de otros reconocidos exponentes del muralismo como Diego Rivera, Feliciano Peña, Raúl Anguiano, Agustín Lazo, José Chávez Morado y Everardo Ramírez, reportó la agencia EFE. Nota aquí.



Quino

 


jueves, febrero 12, 2026

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