domingo, abril 12, 2026

Guillermo Blanco Alvarado

 Memphis La Blusera, una historia que merecía ser contada

“Todo el mundo la recuerda, pero cuando preguntás sobre bandas y canciones, difícilmente te la mencionen”, señala el autor, que hizo un concienzudo trabajo de investigación y entrevistas.

Guillermo Blanco Alvarado metió la pluma allí dónde -dice él y dicen más- hacía falta: la larga, sorprendente y sinuosa historia de Memphis la Blusera. El periodista se puso el overol. Investigó fuerte. Consiguió 50 buenas fotos. Reseñó cada uno de los 14 discos –en vivo y en estudio- que la banda publicó entre 1983 y 2014. Le pidió al periodista Humphrey Inzillo que le escribiera el prólogo. Biografió a cada uno de los 30 músicos que fueron parte. Habló con más de cien personas aledañas o de la entraña misma de la porteñísima banda originada en Floresta, a instancias del saxofonista Emilio Villanueva, durante el lejano y frío 1977. Y a todo lo envolvió con un título sugerente: Lo único importante, La fantástica historia de Memphis La Blusera.

“La idea de escribir sobre Memphis me surgió a partir de la muerte de Adrián Otero, al ver que no había nada escrito sobre él o sobre la banda. Yo había entrevistado a él y a otros integrantes y con esas notas comencé”, cuenta Blanco Alvarado. Las charlas aquellas que nombra el autor fueron para No tan distintos, programa radial dedicado al jazz y al blues que condujo entre 2006 y 2022.

Sin embargo, entre la idea y su materialización a través de la editorial El Bien del Sauce pasó una década. Entre medio, Blanco Alvarado publicó Mataron a González, su primera novela y Tigre 2004/2019, una gesta de 15 Años, libro futbolero que concibió junto a Enrique Jorgensen, y recién tras esta experiencia se animó con la de Memphis, banda a la que iba a ver durante las últimas dos décadas del milenio pasado. “Los habré visto siete u ocho veces en distintos lugares, como también vi a los Ratones, a los Redondos, a Soda, a Charly, al “Flaco” Spinetta, a Pappo, y por supuesto a David Lebón que fue y es mi artista preferido”, recrea el periodista. “Con esto quiero dejar claro que no era un fan de la banda, aunque me gustaba porque además siempre me gustó mucho el blues. Pero a partir de que empecé a escribir sobre ellos, a conocerlos y a volver a escuchar los discos, revaloricé mis sensaciones sobre Memphis, sobre la originalidad de ese sonido y sobre la poesía de Otero”.

-¿Por qué creés que no se ha escrito sobre Memphis, en un momento en que se editan muchísimos libros de rock?

-Siempre digo que Memphis es una banda que envejeció mal. Todo el mundo la recuerda, todos conocen sus canciones más emblemáticas, pero cuando preguntás a alguien sobre bandas y canciones en general, difícilmente te la mencionen, y cuando vas a los rankings de rock nacional, casi no aparece. Es una banda que a partir de la muerte de Otero quedó guardada en un rinconcito muy pequeño del cerebro, no como sucedió con otros fallecimientos, como los de Luca Prodan o Miguel Abuelo. Es por eso que, quizás, nadie lo haya hecho antes… simplemente porque a nadie se le había ocurrido.

Fue otro miembro nodal de Memphis el que avispó a Blanco Alvarado de tal carencia: el “Ruso” Daniel Beiserman, bajista y compositor de la agrupación. “Fui varias veces a su casa. Esas entrevistas fueron muy interesantes para el libro, como también otras. La de Fabián Prado, por ejemplo, que se fue de mala manera de la banda. O la de Analía, la pareja de Otero al momento de su muerte, que iba con él en el auto cuando ocurrió el accidente, y no había hablado con nadie del tema desde ese momento”, revela.

-Yendo al interior de la banda, hay en el libro un merecido reconocimiento a Emilio Villanueva, cuya labor fue muchas veces tapada por el protagonismo de Otero. ¿Lo sabías y solo faltaba refrendarlo?

-Sabía de su importancia en el grupo. Emilio era la cara más visible de Memphis después de Otero, por su barba, por tocar el saxo que además es el sonido que identifica a la banda. Pero desconocía la importancia que tuvo en los comienzos, eligiendo el nombre y poniendo su casa como sala de ensayo, entre muchos aportes. Pero, claro, Otero y Beiserman eran los Lennon-McCartney de Memphis. Nota aquí.




Javier Ruibal

 


Martín Vázquez

 


Ramón Serrano

 PALABRAS A MI PIRERI

Yo me iré y tú seguirás cantando
Pireri como los pájaros de Juan Ramón
los primeros días
los muy primeros
dirás Tata Ramón me quería tanto
y el tiempo me convertirá en una foto lejana
amarillenta
con grietas en el papel del alma
en la piel de la pantalla
y tú seguirás sonriendo cuando me mirabas
con tu Pirekua congelada
y no te acordarás
porque el olvido consiste en eso
en no saber que existe
en ignorar que está
y tú seguirás cantando
como los pájaros de Juan Ramón
como su huerto soleado
como el blanco brocal del pozo
y todo lo demás que ya no está
porque callarán las campanas del campanario
donde habite el olvido de otro Poeta al que yo he amado tanto.
Pintura de Joan Miró, 1918



Dani Martín


 

Marwán & Jorge Drexler

 

Rosa Montero

 Pedir perdón

La historia de la humanidad es una interminable lista de abusos y el enorme sufrimiento que siempre acarrean.

En 1999, dos psicólogos sociales norteamericanos estudiaron y definieron por primera vez un sesgo cognitivo que fue bautizado con el nombre de ambos, Dunning-Kruger. Consiste en que, cuanto más tonta e incompetente es una persona, más satisfecha y segura está de sí misma y de sus (inexistentes) habilidades. Por el contrario, los individuos más inteligentes y preparados suelen ser los más inseguros y autocríticos. Es una maldita desgracia de trampa mental, porque fomenta que los más necios de entre los más bobos se eternicen en los cargos y prosperen. Y de todos es sabido que, como dijo el historiador italiano Carlo M. Cipolla en su delicioso ensayo Allegro ma non troppo, las leyes fundamentales de la estupidez humana, los tontos son mucho más dañinos y peligrosos que los malvados.

Pues bien, echando un vistazo rápido a la actualidad, yo diría que el fenómeno Dunning-Kruger abunda en la política. Cuando menos, el sistema favorece a quienes, más que pensar, repiten topicazos. Por ejemplo, y aunque esté feo señalar, me inunda el desaliento cuando veo a Isabel Díaz Ayuso en esos vídeos en los que suelta banalidades colosales tan radiante y orgullosa de sí misma como si fuera Sócrates. Tomemos su penúltima ayusada, la referente a que los abusos los cometían en América los aztecas y los mayas y que entonces llegamos por fortuna nosotros, los de la Cruz, para civilizarlos. Hay simplificaciones tan chirriantes que hieren los oídos, por el nivel de desconocimiento que encierran. Por desgracia el ser humano posee una vertiente depredadora y feroz. Todo poder tiende de forma natural a explotar y aplastar al más débil. El invento genial de la democracia consiste precisamente en esa comprensión pesimista del alma humana, en saber que el poder anhela ser eterno y absoluto, y que por eso hay que fragmentarlo y repartirlo lo más posible para contenerlo. O sea que sí, claro que sí, los aztecas y los mayas y los incas y los caribes han sojuzgado y abusado, pero también los españoles, los ingleses, los japoneses, los persas, los asirios, los cartagineses, los zulúes, los hunos, los cosacos, los otomanos, los tártaros, los almorávides, los aqueos y toda la absoluta infinidad de pueblos que han habitado este trágico planeta. Así que, en lo moral, ninguna superioridad de nadie, por desgracia. Y por cierto: en la conquista española de América hubo mezcla y matrimonios con los indígenas mientras que, siglos después, en la conquista de los ingleses hubo exterminio de los pueblos autóctonos. Pero esto sucedió así no porque fuéramos más buenos, sino porque en nuestra época no era posible enviar a muchos españoles al otro lado del mundo y había que quedarse con los aborígenes para trabajar y procrear, mientras que la conquista inglesa ya fue, gracias al desarrollo del transporte marítimo, una colonización, una ocupación de tierras, y para ello hay que matar primero a sus legítimos pobladores. Nota aquí.



Manu García del Moral

 


El Chojin & Teyou

 


Eduardo Mendoza

 “España está menos crispada que en las tertulias televisivas y en las columnas de los epígonos de Umbral”

El autor de ‘La ciudad de los prodigios’ mantiene una charla tranquila sobre la vida, el humor, sus libros y la distinta tensión política en Madrid y en el resto de España. Con su nueva novela, titulada ‘La intriga del funeral inconveniente’, vuelve la diversión

El mejor mostacho de las letras españolas cita en un restaurante del Ensanche barcelonés. Llega pronto. Detrás de ese bigote asoma la sonrisa de Eduardo Mendoza. Es una sonrisa tímida, elegante y sobre todo irónica, como su literatura.

“No empieces un libro si el resultado no es incierto”, le dijo una vez Juan Benet a un joven Mendoza. No empieces una entrevista si el resultado no es incierto:

—¿No está por aquí su primer colegio, las monjas del Loreto?

—Justo ahí. Qué desastre: rezar, leer y escribir desde los tres años. Al menos las monjas no pegaban. Después fui a los Maristas: allí sí que sacudían bien.

—De los maristas salió usted anarquista, trotskista y existencialista. “Llevaba el pelo revuelto y lucía un fiero bigote”, ha dicho alguna vez. “Era ignorante, inexperto y pretencioso”, se describía con el látigo de seda del autorreproche. El bigote sigue ahí.

—Un tonto. Quiero pensar que fui perdiendo la tontería y todos esos carnés por el camino, y sin embargo no he renunciado a los principios de aquella época. Hice un par de viajes por el Este para ver el comunismo. Aquello no era una novela de John Le Carré, pero había educación y sanidad, nadie pasaba hambre ni frío, tenían jardines y teatros. En fin, los ideales: yo estaba equivocado, pero no completamente equivocado. Hoy no es que vea muchos ideales en nuestro desorden. Y nunca he renunciado a cierta mirada: no soy un converso, como alguno de mi generación.

“Desde niño siempre había querido escribir, que no es lo mismo que ser escritor. Tengo un amigo a quien le gustaba el fútbol; se hizo cronista deportivo y acabó aborreciéndolo. Eso pasa cuando lo que te encanta empieza a coger un barniz profesional, con sus deberes y obligaciones”. Mendoza habla igual que escribe: escucharle le limpia a uno la mirada. Nota aquí.



Julio Zarco

 


El Roto

 


sábado, abril 11, 2026

Rodolfo Serrano

 Mirando cuadros de Hopper

Muchas veces hablamos sin hablar de nosotros,
como si el mundo fuera algún lugar extraño
y nosotros extraños en cualquier tren nocturno
que va hacia ningún sitio por paisajes extraños
o estuviéramos solos en aquellos hoteles
que usted, Hopper, pintara.
Porque es nuestro pasado lo que estalla en sus cuadros,
como un beso muy suave, igual que ese perfume
apenas recordado o esa carta que nunca
echamos al correo y que ahora buscamos
en la maleta abierta sobre el lecho vacío.
Son sus cuadros, amigo. Nos traen momentos mágicos
y nos llaman, a veces, en cualquier bar sin nombre,
en una calle cuando la noche es territorio
hostil y en sus esquinas nos persiguen las sombras.
Es el momento, entonces, de pronunciarla a ella,
de agarrarse a los días en que fuimos felices,
volver a escribir versos en esas servilletas
de los bares del sueño, mientras el camarero
mira, ausente, la tele.
Usted nos ha pintado en las cafeterías
con mujeres en una madrugada asfixiante,
un verano olvidado de sudores e insomnio.
Y en hoteles perdidos con cansados y tristes
viajeros que buscaban los horarios de trenes
en una vieja guía amarillenta y sucia.
Ahí estamos nosotros, tan solos como ellos.
Sin saber que usted, Hopper, nos llevaba a sus cuadros.
Foto de Raul Cancio.



Rebeca Jiménez

 


Pez Mago & Funambulista

 

Luis García Montero

  “Estoy orgulloso de ser el viudo de Almudena Grandes”

El poeta y director del Instituto Cervantes regresa a la novela con una historia de segundas oportunidades que vuelve a acercarle a la ausencia de su fallecida esposa

Luis García Montero se proponía huir de Almudena Grandes como el tema literario que le ha desbordado desde su fallecimiento, en 2021, y a la que dedicó su poemario Un año y tres meses. Por ello decidió desempolvar una vieja novela aparcada en un cajón con las correcciones que su esposa le había aconsejado, y reescribirla. Pero lo que se encontró de frente fue el mismo universo del que pretendía alejarse y unos personajes que anticipaban lo que a él le ha tocado vivir. El resultado es La mejor edad (Tusquets), un regreso a la novela después de 12 años por parte de este poeta nacido en Granada en 1958, catedrático de Literatura Española, director del Instituto Cervantes y columnista de EL PAÍS.

El círculo sigue, así, cerrándose en torno a la enfermedad y la muerte de su gran amor, cómplice y una de las escritoras más destacadas de la literatura contemporánea española. La ausencia, como explicará, le aporta conciencia.

“Fíjate”, explica García Montero en su piso en el centro de Madrid. “Metí esta historia escrita en 2017 en un cajón por indicación de Almudena, la retomo porque no quiero repetir literariamente los poemas que ya he escrito, y me encuentro con un protagonista que ha quedado viudo y otro que acompaña a una mujer enferma. A veces la literatura imagina la vida y va por delante de ella, nos abre un camino adelantado”.

El poeta está visiblemente mejor de lo que ha estado. Acaba de regresar de Rota y prácticamente vive -cuenta- con su hija Elisa y su nieta de dos meses, rehaciéndose de un tiempo de pérdidas en que a la muerte de su esposa se sumó la de su padre y su primera nieta, de apenas semanas. “Cuando escribía esta novela en 2017 e intentaba imaginar qué me podría pasar a mí para que la vida se me diera la vuelta, solo me salía la viudedad”, narra.

Y es por ello por lo que su protagonista está viudo. Hablamos de un juez jubilado que fue muy autoritario al iniciar su carrera en los setenta y al que la vida hizo girar hacia la defensa de los derechos civiles al modo de Baltasar Garzón. Hoy busca a una de sus víctimas, un hombre al que condenó de forma injusta a la cárcel en 1975, para intentar reparar el daño, y se encuentra al dueño de un bar que está cuidando de su mujer postrada por un derrame cerebral. Ambos inician una amistad particular que les ayuda a repasar sus vidas, a ajustar cuentas, buscar segundas oportunidades y entablar una reflexión sobre las edades y el envejecimiento que incluirá sorpresas.

Pregunta. ¿Quería huir del tema de Almudena Grandes y finalmente regresó a él de otra manera?

Respuesta. Regresé a ella de varias maneras: por un lado, nosotros nos leíamos los manuscritos y teníamos mucha complicidad, podíamos ser muy duros el uno con el otro, y aquí hay muchas correcciones que he hecho según sus indicaciones; por otro lado, está la búsqueda de no repetir el libro de poemas que ya había escrito, que es lo que me vuelve a salir; y además están los temas que, aunque escribí antes, tienen que ver con mi vida: la enfermedad y la viudedad.

Su propósito inicial en la novela, sin embargo, tiene mucho más que ver con el momento de España y la Transición. “Quería hacer una reflexión sobre la historia de España, pero no de la evolución política, sino del diálogo generacional, de qué manera recuerdan el paso de la dictadura a la democracia la gente mayor y qué ideas, sentimientos e ilusiones tienen hoy los más jóvenes”.

P. ¿Y ha averiguado cuál es la mejor edad?

R. Es aquella en la que uno ha vivido un amor fuerte que le da sentido a la vida. Así es para mis dos protagonistas y para mí. Conocí a Almudena en 1992 y vivimos 30 años juntos, compartiendo la vida, y a veces mi hija Elisa me pregunta: “¿cuándo quieres más a mamá, ahora que se ha muerto o cuando estaba viva?" Pues la quería mucho, pero la ausencia grave te lleva a tomar conciencia de lo que fue la mejor edad. Nota aquí.



Zambayonny

 


Eduardo Sacheri

 

Tráfico de Libros

 𝐋𝐚 𝐥𝐢𝐛𝐫𝐞𝐫𝐢́𝐚 𝐝𝐞 𝐋𝐚𝐯𝐚𝐩𝐢𝐞́𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐟𝐮𝐧𝐜𝐢𝐨𝐧𝐚 𝐭𝐚𝐦𝐛𝐢𝐞́𝐧 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐛𝐢𝐛𝐥𝐢𝐨𝐭𝐞𝐜𝐚 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐩𝐞𝐫𝐬𝐨𝐧𝐚𝐬 𝐦𝐚𝐲𝐨𝐫𝐞𝐬 𝐞 𝐢𝐧𝐯𝐢𝐭𝐚 𝐚 𝐭𝐨𝐜𝐚𝐫 𝐞𝐥 𝐩𝐢𝐚𝐧𝐨

Hay una muchacha que ha abierto una librería en Lavapies , y va diciendo que le presta los libros a las personas mayores. También tiene un piano para que lo toque la gente y le dijo a Telemadrid amablemente que por favor que no vinieran por su librería, que con ellos no.
La gente dice que es una locura, abrir una librería en el 2024, otros piensan que es una necesidad.
Para los que me preguntaron la dirección de la librería se llama:
"Tráfico de Libros."
Librería de segunda mano.
C/ sombrereria 6. Lavapies, Madrid.



Diego Ojeda


 

Santiago Segura

 

Félix Maraña

 MEDIO SIGLO DE POESÍA

Hay que tener mil reaños
para ser un editor
de poesía y valor,
para, tras 50 años,
avanzar nuevos peldaños,
persistiendo en el empeño.
Pero se ha cumplido el sueño
de coronar una obra
que, pasado el tiempo, cobra
un objetivo risueño.
De este modo en Huerga & Fierro
han traspasado el umbral,
esa cima cultural
de impreso grabado a hierro,
con más acierto que yerro,
con coraje y trayectoria
confirmando así una historia
en el mundo editorial,
tarea consustancial
de luz, testigo y memoria.
Sea en la feria de Soria,
en Fuencarral o Madrid,
Txaro logra en buena lid
una presencia notoria
en cada convocatoria
con éxito más que fijo
pues logra con su botijo
de barro y de poesía
regalarnos alegría
y vender con regocijo.
Yo me tatuaré un botijo,
en el centro de la frente,
esperando diligente,
y así lo pido y exijo,
un recompensado alijo
de lírica y narrativa,
cosecha de letra viva
hecha gozosa canción,
una excelsa creación,
la mejor que se conciba.
Ya van cincuenta más uno
en esta lírica empresa,
actividad que no cesa,
para aumentar el consumo
de lo mejor de ese zumo
que surte de los poemas,
deriva de alegres flemas
para continuar la juerga,
medio siglo que da Huerga
y Fierro en miles faenas.
En la Feria de Toledo
y en la Feria de Trujillo
la poesía es el brillo
y con su fervor me quedo.
La poesía es el credo
de todos los creadores.
Junto con los editores
se entiende la promoción
de estos haces de emoción,
camino de los lectores.
Tras medio siglo y un día,
la tarea sigue y crece
y en su biblioteca ofrece,
además de poesía,
narrativa en armonía
junto a nuevas expresiones.
Y surgen publicaciones
de muy diversos registros,
con algunos imprevistos
y cuidadas ediciones.



Javier Sáez de Ibarra

 


Juanes

 


Ramón Serrano

 A SOÑAR

Ahora sí que me voy a la cama
ahora me voy a soñar
la estancia libre de sombras
la música se acerca con su guitarra
no hay trenes en las vías muertas
ni las horas marcan silencios
en el inquieto mar de la infancia
ahora sí que me despido
ahora dormiré soñando
no contaré corderos
escucharé Pirekuas de su rica Voz amada.
La Musa y su Poeta



Belén Jiménez

 


Idígoras y Pachi

 


viernes, abril 10, 2026

Silvina Moreno & León Gieco

 


Mercedes

 La ciudad cerca de Buenos Aires donde el salame es protagonista y atrae turistas todo el año

Este producto regional marca la identidad de la cuidad bonaerense.

Allí se realiza la Fiesta Nacional del Salame Quintero, la del Durazno y la Fiesta Provincial de la Torta Frita.

Aproximadamente a 100 kilómetros de Buenos Aires, se encuentra una ciudad cuyo protagonista es el salame. Además de su oferta gastronómica, se caracteriza por ser un lugar tranquilo que atrae miles de visitantes durante todo el año.

Ubicada en la Provincia de Buenos Aires, esta ciudad también es la sede de la Fiesta Nacional del Salame Quintero; de la Fiesta Nacional del Durazno, en diciembre, y de la Fiesta Provincial de la Torta Frita, que se llevará a cabo este 11 y 12 de abril.

La ciudad bonaerense de Mercedes es el destino ideal para aquellos fanáticos de los embutidos, especialmente del salame quintero, el producto artesanal que marca la identidad de este lugar.

Este producto es tan importante que, desde 1975, tiene su propia Fiesta Nacional y reúne productores, gastronomía regional y espectáculos. A partir de 2001, la celebración extendió su duración a 3 días y año tras año recibe miles de visitantes.

Además de la oferta gastronómica, Mercedes es reconocida por los diferentes espacios al aire libre que ofrece para disfrutar y descansar en una escapada de fin de semana.

Qué planes hacer en Mercedes

El Parque Municipal Independencia es uno de los más destacados. Con 55 hectáreas junto al río Luján, es el punto ideal para realizar caminatas, picnics en familia o con amigos y actividades recreativas.

Por otro lado, cuenta con la Reserva Natural Arroyo Balta, un espacio con espejos de agua y áreas naturales ideal para realizar recorridos y avistaje de aves.

Mercedes también se ubica cerca de dos pueblos rurales ideales para visitar luego de esta ciudad protagonizada por el salame:

Tomás Jofré: considerado uno de los polos gastronómicos más importantes de la provincia.

Altamira: se trata de una localidad tranquila conocida como "pueblo lento", ideal para quienes buscan desconectar de la ciudad y relajarse. Nota aquí.











Víctor Manuel


 

Florencia Núñez & Raly Barrionuevo

 

Ramón Serrano

 FLORESTA DEL AMOR SOLITARIO

Cuando paseo por la orilla del mar
no pienso en el abismo del agua
cuando asciendo a la cima del monte
soy albatros en vuelo muy alto
camino por largas veredas
orladas de pájaros solitarios
del amor distingo los vientos
escojo los versos muy bardos
la amistad es un viento sincero
que anida en los corazones alados
de ángeles se llenan los cielos
su música es lluvia de amores
que riega el bosque sagrado
,¡ay ay como llora el laúd clavijero!
lágrimas ajadas su llanto.



Fran Mariscal

 


Puño Dragón

 

María Guivernau

 


Rebeca Jiménez

 


Marta Gómez

 

,Rodolfo Serrano

 Rodolfo nos cuenta por Facebook

Hace ya años, 27 para ser exacto, me fui con Pablo Guerrero a recorrer la historia de su canción “Pepe Rodríguez, èl de la barba en flor”. Lo hice llevando figuradamente como guía por los mesones al propio Pepe Rodríguez. Hoy os traigo su recuerdo en este artículo que publiqué en El País. Si tenéis tiempo y paciencia, ahí os va:
De vinos con 'Pepe Rodríguez, el de la barba en flor'
Pablo Guerrero, 25 años después, recorre con el personaje de sus canciones los mesones de Madrid.
RODOLFO SERRANO
Madrid - 11 SEPT 1999 -
"Pablo Guerrero -que es un sentimental y se ha empeñado en que viniéramos en metro, como en la canción-, ya sabe ("Pepe Rodríguez, el de la barba en flor / cuando cae la tarde coge el metro hasta Sol"). Pero las cosas ya no son lo que eran. Vamos, como dice otro amigo: el futuro ya no es lo que era. Ni tampoco los mesones. ¿Te acuerdas, Pablo? En uno de ellos me hiciste la canción hace ya..., joder, macho, 25 años, que se dice pronto.Fue en el mesón del Segoviano, que ya no existe. En la Cava Baja. Alquilaban guitarras. Y allí hiciste la canción ("Sabe inglés que aprendió de noche en un mesón. / Llega, pues, y sonríe. Un vino y ya ligó"). Algunas cosas Pablo se las inventó, ¿sabe? O las exageró un poco. Pero, ¿qué historia hay en la que no se exagere un poco? Inglés, lo que se dice inglés, cuatro palabras. Aquello de foki-foki, my darling y lo de American Pie.
Este mesón, por ejemplo. Aquí había un tío que tocaba el bandoneón como nadie. Algún tango nos hemos marcado aquí, ¿eh, Pablo? Y a las guiris les encantaba. Ahora, ya ve -pena da decirlo-, hay hasta un karaoke. A lo mejor es la evolución lógica de los mesones, no le digo que no. Coño, el vino, las cosas como son, sigue siendo tan peleón y tan duro como siempre.
¡Qué tiempos! Por entonces fue cuando a Franco le dio lo de la flebitis y cuando todos los españoles aprendimos que había heces en melena y equipos médicos habituales, tú. Hay que joderse.
También fue un año triste, ¿te acuerdas, Pablo? Se cargaron en Barcelona a Salvador Puig Antich, un libertario al que le aplicaron el garrote vil. Y mira que hubo presiones, pero el viejo ni se inmutó. Y luego, lo de ETA y la calle del Correo... A veces, cuando la gente dice que hay que olvidar... Como si no se hubiera olvidado poco. Lo que tú decías, Pablo, "que tiene que llover a cántaros", ¿eh? Y mira si ha llovido.
Veinticinco años. ¿Tan viejos somos? Venga, vámonos a otro. Los mesones se recorrían así. Te tomabas un vino y a otro. A buscar mujerío. Mejor, extranjeras ("¡Oh mío Pepe, el de la barba en flor / tus amigos te envidian por tu liberación, / vives como en Europa y salvas la tradición"). Es que es verdad, se lo digo yo. Había profesionales del ligue. Pero era otra clase de ligue. Costaba mucho llevarse a alguien a la cama y sólo la batalla merecía la pena ("Lleva a sus guiris a un piso coquetón/ y, después de unas copas, lo que allí sucedió / ni lo cuentan las crónicas ni lo contaré yo"). ¿Entramos aquí? ¿Ves? Éste está casi igual.
Unos vinitos, jefe. Y una de champiñones. Para hacer barrillo. Mira qué prendas. Perdonad, que os voy a enseñar cómo se torea. ¿Conque de Jaén. Y ¿qué?, ¿separaditas?, ¿o con el marido ausente? Ya lo ves, Pablo: dicen que han venido a una cosa de Ifema. Cómo ha cambiado esto. Antes eran ellos los que venían a Madrid. Y, por la noche, se daban una vuelta por aquí a ver si caía algo. Tan contentas, ya lo ves.
Aquí tocaba el señor Ramos. De toda la vida. Tocaba el armonio, que le decíamos antes. No me he cantado yo aquí boleros y aquello de "por la Puerta de Alcalá", que tenía mucho éxito, o La violetera. Ahora se sigue cantando casi lo mismo. En eso, Pablo, poco ha cambiado, ¿eh? La memoria colectiva sigue funcionando en estas cosas. Aunque ya nadie se acuerde de que hace 25 años, por ejemplo, de lo del espíritu del 12 de febrero de Carlos Arias. Joder, mucho espíritu, pero se arreaba estopa cosa mala y seguía casi todo prohibido. Éste lo decía en una canción: "Hoy, que te amo, / dejará de ser / la libertad una palabra escrita en la pared". ¡Qué tiempos, Pablo!
Pero, en fin, si no había libertad para algunas cosas, la había para cantar a Manolo Escobar o a Valderrama. Había gente, ya ve usted, que era casi profesional. Venían y se ponían al lado de Ramos y cantaban con mucho sentimiento. Pero lo que de verdad gustaba era el canto coral. Todos a la vez.
Así que usted es el que ha sucedido a Ramos. Encantado, Miguel. ¿Le importaría tocar para la señorita, que es mexicana, Caballo blanco? No, no, Caballo viejo; no: Caballo blanco. Una pena que no la sepa. Pero, es igual. Poca gente hoy, ¿no? Claro, septiembre. Y que es jueves, aunque, antes, cualquier noche era buena.
Bueno, hasta otra, prendas. Que aprovechéis mucho lo de Ifema y recuerdos en Jaén. Tan peinaditas, como dices tú, Pablo. Oye, que esto está muerto. Mejor quedamos otro día y nos tomamos algo.
Foto de Raul Cancio.