martes, marzo 31, 2026

Ferran Exceso

 


Luis Pastor




Rosalía

 Rosalía en Madrid: el Lunes Santo que vivimos en la gloria

La cantante inicia sus ocho noches en España demoliendo el concepto del concierto de pop con una apabullante propuesta multidisciplinar, una gran exhibición vocal y una concepción artística rabiosamente contemporánea   

La gran noticia del inicio del concierto de Rosalía no fue que saliera de una caja ataviada con un tutú y zapatillas de punta; tampoco que permaneciera cual estatua para interpretar con una voz exultante Sexo, violencia y llantas; ni siquiera que la veintena de miembros de la británica Heritage Orchestra tomaran posiciones en la pista en un dibujo en cruz mientras sonaba por los altavoces Angel, de Jimi Hendrix (¡chúpate esa: Hendrix en un recital de Rosalía!); ni lo simbólico de cantar estos versos en un Lunes Santo: “Primero amaré el mundo y luego amaré a Dios”. No: lo que dio la sensación de que Movistar Arena iba a ser el lugar más seguro y acogedor del planeta anoche se percibió en el rostro distendido de ella, visible en las pantallas laterales, con los ojos brillantes y entrecerrados y el gesto relajado que anunciaba la recuperación de sus problemas de salud que la obligaron a suspender el concierto de Milán el pasado miércoles. Vimos un semblante natural y confiado, y casi se pudieron descifrar sus pensamientos: “Estoy en forma, aquí se viene algo bueno”. Y se vino, vaya si se vino.

No podemos definir como un concierto de pop lo que se vivió anoche ante las 17.000 personas que llenaron el recinto madrileño. La cantante catalana (33 años) ofreció una escenificación poliédrica donde se engarzan disciplinas como la danza, la ópera, el flamenco, el teatro, la música sacra, el reguetón, la rumba, el tecno o el pop, y que resultó rabiosamente contemporáneo. Rosalía habitó una convicción por la teatralidad en algún lugar entre las pinturas de Goya o Degas, a las que homenajea, y la metálica, enfebrecida y nerviosa dinámica de un club de hard-tecno. Convivió en armonía y con un buen sonido la música pregrabada con una orquesta de violines, violas, contrabajo, vientos, órgano, percusiones... Ofreció mucho Rosalía y no siempre fácil para el espectador acostumbrado a los recitales masivos de pop. El público bailó y cantó, porque también existieron momentos para ello, pero se requirió abrir el foco, disfrutar de la panorámica, escuchar a la protagonista, permanecer en silencio, enterrar el dichoso móvil en el bolsillo. Saborear sin premuras, en definitiva, un recital inusual que abre vasos comunicantes entre géneros. Fue una propuesta de una artista orgullosamente exiliada de la escena musical convencional que no solo sientes que ha llegado donde debe estar, sino que una vez allí los hallazgos pueden ser ilimitados.

La indumentaria de mucha parte del público acompasó la iconografía de Lux con vestimentas en blanco, algunos encajes, túnicas, aureolas de santas y un chico juerguista que acudió directamente disfrazado de cura. En pocos conciertos de artistas españoles se puede ver a los modernos más militantes junto a padres que dejaron a los hijos al cuidado de los abuelos. Acudieron rostros populares como Pedro Almodóvar o Leiva. Lo que ha perdido Rosalía es al público infantil, que fue recurrente en su anterior gira. El miércoles repite en este mismo recinto, al igual que el 3 y el 4, luego recala en Lisboa el 8 y 9 de abril y finaliza su periplo peninsular en Barcelona los días 13, 15, 17 y 18. Nota aquí.











Morgan & Miguel Ríos

 


La Banda Sabinera

 


María Guivernau

 


Tute


 

lunes, marzo 30, 2026

Paris Joel

 


Juan Ramón Jiménez

 Primavera

Abril, sin tu asistencia clara, fuera
invierno de caídos esplendores;
mas aunque abril no te abra a ti sus flores,
tú siempre exaltarás la primavera.
Eres la primavera verdadera;
rosa de los caminos interiores,
brisa de los secretos corredores,
lumbre de la recóndita ladera.
¡Qué paz, cuando en la tarde misteriosa,
abrazados los dos, sea tu risa
el surtidor de nuestra sola fuente!
Mi corazón recojerá tu rosa,
sobre mis ojos se echará tu brisa,
tu luz se dormirá sobre mi frente…



Diego Ojeda


 

Yami Safdie & Alejandro Sanz

 

Luis González

Murió el músico Luis González del trío Vitale Baraj González: los emotivos saludos de sus amigos y colegas

A sus 79 años, el sábado pasado falleció el guitarrista y arreglador peruano-argentino. Fue despedido con profunda emoción por compañeros como Fito Páez, Pedro Aznar, Julia Zenko, Alejandro Lerner, entre otros, que valoraron su arte y su influencia en la música popular.

El mundo de la música latinoamericana despidió este fin de semana a una de sus figuras más queridas y respetadas: Luis Alejandro González Cárpena, conocido popularmente como Lucho González, el maestro de la guitarra criolla. La noticia de su muerte, a los 79 años, fue anunciada por el Instituto Nacional de la Música (INAMU) y rápidamente generó una ola de mensajes, homenajes y recuerdos por parte de colegas, alumnos y amigos que encontraron en Lucho no solo a un músico talentoso, sino a un verdadero puente entre culturas, géneros y generaciones.

Nacido en Lima el 25 de noviembre de 1946, González llegó a Buenos Aires a los pocos meses de vida. Creció en un entorno atravesado por la música: su padre, Javier González, integraba Los Trovadores del Perú, y fue en ese clima familiar donde Lucho comenzó a tocar la guitarra desde muy chico, desarrollando su talento de manera empírica y mostrando desde temprano un interés especial por la composición y los arreglos. A lo largo de su extensa trayectoria, participó en proyectos y grabaciones junto a artistas de distintos países y estilos. Fue guitarrista y arreglador de Mercedes Sosa, Eva Ayllón, Pedro Aznar, Fito Páez, Tania Libertad, Vicentico, Sandra Mihanovich y Juan Carlos Baglietto, entre otros. Integró el trío Vitale-Baraj-González, así como otras formaciones históricas como Nebbia-Baraj-González, y participó en el proyecto Los Hijos del Sol, grabado en Los Ángeles junto a músicos de toda Latinoamérica.

Como solista, grabó dos discos clave: “Esta parte del camino” y “Chabuca de cámara”. Además, desarrolló una labor docente que lo llevó a diferentes puntos del país y de la región, con su sistema de enseñanza “siembra musical”, dejando huella en la Universidad Nacional de Villa María y en distintos conservatorios y universidades de América Latina. También realizó capacitaciones de armonía estructural para el INAMU. Su trabajo supo articular elementos del folclore peruano, argentino y brasileño, logrando una síntesis original y profundamente emotiva.

La noticia de su partida conmovió particularmente a aquellos músicos que compartieron escenarios, grabaciones y amistad con él. Uno de los primeros en despedirlo fue Fito Páez, quien escribió en Instagram: “Lucho González fue uno de los amores de mi vida. Una persona entrañable, artista apasionado y maestro del bien dotado con el don de la música. Fue uno de mis referentes totales y un faro de luz dentro de la música peruana”. Fito recordó la influencia de Chabuca Granda, la curiosidad inagotable de Lucho y su capacidad para rearmonizar e improvisar sobre cualquier música. “Tuve la suerte de verlo en acción. De tocar con él y verlo inventar los riffs ininteligibles de ‘Detrás del muro de los lamentos’ y ‘Tu sonrisa inolvidable’. Lleno de amor, conocedor de los arrabales del mundo y las esferas celestes. Te voy a extrañar mucho, Lucho de mi alma”. Nota aquí.



María Tena

 


Joan Manuel Serrat

 

Leonardo Padura

 “En mis libros no hay una sola mentira sobre Cuba; ése es mi escudo para enfrentar mis miedos”

Charla con el gran narrador cubano a propósito de su novela “Morir en la arena” y también del duro momento económico, político y social por el que atraviesa la isla, mientras se esperan acciones cruciales por parte de Estados Unidos.

Es narrador, periodista y guionista y se lo conoce tanto por la delicada construcción de sus novelas como por el modo en que su país y su cultura aparecen retratados en sus libros. Leonardo Padura estudió Literatura Latinoamericana en la Universidad de La Habana, trabajó como periodista y es autor de una obra premiada por la crítica y por los lectores: el suyo es uno de los nombres más reconocidos de la literatura escrita en español.

Fue ganador de varios premios, entre ellos el Princesa de Asturias de Letras en 2015 por la totalidad de su obra. Famoso por títulos como Pasado perfecto, Adiós Hemingway, La neblina de ayer y La transparencia del tiempo, que tienen como protagonista al cínico y pesimista Mario Conde, Padura es también autor de La novela de mi vida, Como polvo en el viento, Personas decentes y la destacadísima El hombre que amaba a los perros, que construye la vida de Ramón Mercader, el asesino de Trotsky. Su más reciente novela se llama Morir en la arena (Tusquets), está basada en una historia real y es acaso la más triste y sórdida de todas.

Rodolfo es un hombre mayor, acaba de jubilarse. Vive, como la enorme mayoría en Cuba, en estado de miseria crónica, cuidando cada centavo y cada gramo de comida y con apagones constantes. Con cierta tendencia a la depresión, afectado por el trauma de haber combatido en la Guerra de Angola y sobre todo por el cruento asesinato de su padre a manos de su hermano mayor, Geni, pasó toda su vida enamorado de Nora, su cuñada, quien antes de ser la mujer de su hermano fue su novia y su gran amor. Un día, inesperadamente, a Rodolfo y a Nora les llega la noticia de que van a liberar a Geni porque está muy enfermo, a punto de morir. Todo el pasado se hace entonces presente.

Junto con esta historia de amor y muerte está la Cuba contemporánea. La de las construcciones que se desgajan y que nadie está en condiciones de reparar. La de la decepción y la amargura. La que se fue quedando vacía de hijos, que eligieron abandonar el país. La que resiste sobre sus mitos revolucionarios. La que habilita espacios para los negocios de unos pocos mientras la población apenas sobrevive. La que necesita desesperadamente creer en algo. Nota aquí.



Yoly Saa

 


Salvador Amor

 


Carmen Maura

 Carmen Maura se desnuda a los 80 años: “Me caen bien los señores, pero ya no me interesan”

Tuvo que enfrentarse a su familia y a su clase social para dedicarse a la interpretación. En el proceso, en plena Transición, se convirtió en una estrella y ayudó a crear un nuevo modelo de mujer española. A sus 80 años, sigue rompiendo moldes. En su última película protagoniza el primer desnudo de su carrera.

“¿No va a venir nadie a recibirme?”. Una figura menuda pero poderosa irrumpe en el estudio fotográfico. Carmen Maura (Madrid, 80 años) entra en escena. Es pequeña y delgada, pero su voz, una de las más inconfundibles del cine español, es rotunda. No parece estar de muy buen humor. Luego reconocerá que ha tenido que madrugar para esta sesión de fotos y que detesta tener que hacerlo. “Me da mucha pereza levantarme temprano. Es lo que más me cansa de este trabajo. Por eso estoy todo el rato pensando en retirarme”, va a admitir. Ahora preferiría estar en su piso, en el barrio madrileño de Chamberí, con su perrita. “No sabes lo mona que es mi casa. La tengo desordenada y llena de pijadas, pero soy muy feliz ahí. Cada vez me cuesta más salir”.

En días como hoy, en los que tiene que salir pronto de la cama, es cuando más fantasea con dejar de trabajar. No se retira porque se sigue divirtiendo. Le gusta tanto la interpretación que lleva casi 60 años ejerciéndola. Empezó de veinteañera y, desde entonces, ha hecho más de 120 películas, más de 30 obras de teatro y una veintena de programas de televisión.

En realidad, Maura empezó a actuar mucho antes. Ya de niña se pasaba el día interpretando papeles en la casa familiar, no muy lejos de donde vive ahora. “Éramos dos niñas y dos niños. Mis padres se preocupaban por las notas de mis hermanos, querían que sacaran matrículas. A nosotras nos trataban diferente. Nosotras, las mujeres, les importábamos un bledo”, recuerda. Pero ya sabía cómo llamar la atención. “Yo tenía mucho carácter. Me llamaban la gordita cascarrabias”. Fuera de casa, en el colegio, le costaba más. Se moría por actuar en las obras escolares, pero, como era “gordita y morena”, las monjas nunca le daban un papel con parlamento. “Siempre ponían a la rubia de ojos azules y a mí me ponían en el quinto infierno, haciendo de angelito callado”.

Un día, con 16 años, cansada de que la despreciaran, montó su propia producción teatral, una adaptación de Modas, sainete en un acto y en prosa, de Jacinto Benavente. Como la dirigía ella, se dio a sí misma el papel principal. Fue su primer rol como protagonista. La vio un representante teatral y le ofreció formar parte de su compañía. A sus padres, el médico oftalmólogo Salvador García Santa-Cruz y la aristócrata María del Carmen Maura y Arenzana, no les hizo gracia. Le prohibieron cualquier contacto con el teatro. En su familia podía haber duques y condes, pero no actrices.

“Para mis padres, lo de ser actriz era un horror, una tragedia. Para mi hermano mayor, todas las actrices eran putas. La actuación era como un veneno”, explica. Con 20 años se casó con el abogado Francisco Forteza Pujol, miembro de una de las familias más ricas de Baleares. Fue su manera de independizarse. “O eso pensaba yo. En realidad, pasé de la casa de mis padres a la de mi marido”. Tuvo dos hijos, María del Carmen (1967) y Pablo (1970), pero a los cuatro años se divorció. Forteza obtuvo la custodia de los niños y durante 12 años le impidió tener contacto con ellos.

“La primera semana sola fue un poco rara, pero me acostumbré a gran velocidad. Ahora me encanta la soledad. Es más, no solo me encanta, sino que la necesito. Cuando estoy con mis hijos, al cabo de 48 horas necesito estar sola”, confiesa. “La relación con ellos es un poco especial porque me los quitaron cuando eran pequeños. Luché mucho por conseguir la custodia, pero llegó un momento en que dije: no voy a perder la vida así. Se acabó, no hay niños. Hice un lavado mental yo misma diciéndome: las cosas son así, disfruta de lo que tienes”. Nota aquí.



Idígoras y Pachi

 


domingo, marzo 29, 2026

Fito y Fitipaldis

 

Joaquín Lera

 FECHA DE CADUCIDAD

El agua tiene sed.
Si le quitamos la tilde al corazón
no existirían los latidos.
Perdería su encanto la ternura.
Seríamos adornos sin cabeza.
Músculos sin sangre en el museo del abismo.
Las velas están llorando.
Parecen prisioneras en llamas.
Trozos de tela a la deriva pidiendo auxilio. Rezando.
Pañuelos secándose las lágrimas.
Náufragos pescando espejismos.
El oxígeno está asfixiado.
Odia los tubos de escape, las chimeneas de los desatinos.
Los pulmones adoran las montañas y los árboles sagrados.
Con él las células se sienten aves del paraíso.
La tierra no se tiene en pie.
Está borracha de golpes bajos y disparates.
Harta del desaforado consumismo.
Lleva siglos diciendo: “Cuidarme”.
Estoy perdiendo la fe.
Su belleza es incuestionable.
Necesita mimos.
Reflejos, aciertos y contrastes.
El agua apaga las velas.
Las velas necesitan oxígeno.
El oxígeno es esencia en la Tierra.
La tierra ama el equilibrio.
Nos envía telegramas parecidos
a auténticos mensajes divinos:
Decidle a la esperanza que pase.
Que no se quede en el pasillo.
Hay infinitas señales
avisándonos del peligro.
Decidle al odio que se aparte.
Que nunca será bienvenido.
Que la libertad no es un parche
para ocultar sus delirios.
Decidle a la bondad que hable.
Que no nos pida permiso.
Es urgente echarle a la vida un cable.
Tratémosla con cariño.
Decidle… que todos tenemos fecha de caducidad.



Las Pastillas del Abuelo

 


David Uclés

 


Isabel Allende

 Isabel Allende, a los 83: “Mientras pueda pensar voy a escribir y después... miraré un cuadro”

La autora chilena publica “La palabra mágica”, donde recorre episodios de su vida y da trucos de escritura

“Soy incapaz de contar un chiste”, va a decir dentro de un ratito Isabel Allende. “Pero puedo contar una historia”. Y, sí. Isabel Allende cuenta historias, eso le cambió la vida cuando era una exiliada que trabajaba como administrativa, eso la hizo una de las autoras más leídas en idioma español, eso llevó sus libros al cine y la hizo traducir a más de 40 idiomas. En la entrevista misma -un Zoom de 40 minutos-, Allende cuenta y cuenta. Hace reir, conmueve. No son chistes, claro.

Esta charla ocurre en los días en que Prime Video anuncia cuándo estrenará la serie de La casa de los espíritus, sobre el primer libro de Allende, ese que, en 1982, fue el punto de inflexión: será el 29 de abril. Pero no es por eso que la autora se sienta frente a la cámara sino porque a principios de abril estará en librerías su nuevo libro, que estará en las librerías argentinas desde el próximo 9.. No es una novela: se llama La palabra mágica. Una vida escrita y se trata de un recorrido por su vida y obra -cómo fue que empezó a escribir este libro, qué ocurrió cuando salió aquel- y, lo que no es menor, ofrecer “Trucos para la escritura”. Muchos. Una especie de curso de escritura dirigido por esta best seller.

En esta conversación, Allende dará sus claves principales para escribir, contará la historia íntima de su divorcio de Willie Gordon, que fue su marido durante 28 años -y que murió en 2019-, se reirá, recordará sus comienzos, dirá que todo fue un golpe de suerte.

Sabe, cómo no, que la crítica muchas veces la mira desde arriba. En el nuevo libro, dice que no recuerda el nombre de quien la llamó “escribidora” (fue un autor de culto, Roberto Bolaño). Pero en esas páginas dice que “para mí la escritura no es una opción, es una adicción”. Y dice que su infancia no fue feliz “pero tuve el refugio fabuloso de los libros”. Entonces, “me pregunto cómo se las arreglan para escribir los autores que tuvieron una infancia feliz”.

Esa infancia ocurrió un poco en Chile pero mucho afuera, porque su padre se fue y su madre se casó con el diplomático Ramón Huidobro, que para ella fue un papá inolvidable. Entonces anduvieron por Perú, Chile, Bolivia y El Líbano.

Habla Allende, entonces, desde su casa de San Francisco, donde vive con Roger Cukras, su actual marido.

-Leyéndote, por un lado da la sensación de que es muy fácil escribir, que hay que seguir unas pautas y listo. Pero luego parece todo lo contrario, porque decís que hay algo que se tiene o no se tiene... ¿Vos aprendiste, lo traías, pudiste enseñar?

-Se fue dando de a poco. Yo empecé a escribir muy tarde, pero siempre estuve muy atraída por los libros. Cuando era chica no existía la televisión, no existían las películas para niños tampoco. O sea que lo único que se podía hacer era leer. Yo era la única niña en un ambiente más bien masculino, con mis tíos, mis hermanos. No tenía mucha vida social tampoco. Y me crié leyendo. Después empecé a trabajar como secretaria en las Naciones Unidas, copiando estadísticas forestales, pero rápidamente me trasladaron al Departamento de Información, donde podía escribir algunas cosas para la prensa. Estudié un año en Bélgica y pude empezar a escribir en la revista Paula. Y ahí aprendí a escribir. Me enseñaron mis compañeras, que eran periodistas: yo no era periodista. Me enseñaron a estructurar un artículo, a empezarlo bien, a manejar el idioma: yo había estado en diferentes países, en diferentes colegios, en diferentes idiomas. Ni siquiera escribía bien el castellano. Ese fue el inicio y de ahí ya no paré más. Pero cuando me fui al exilio en Venezuela, no pude escribir como periodista, no pude hacer nada relacionado con la literatura o con la escritura.

-¿Por qué?

-Por falta de conexiones, muy difícil. Mira, cuando uno empieza en otro país, uno no es nadie y todo lo que has hecho antes -yo había hecho teatro, había hecho periodismo, había hecho de todo menos radio- no sirve de nada. O sea, si tú no tienes los pitutos, como decimos en Chile, para conectarte, no consigues nada. Terminé administrando una escuela, que es lo menos adecuado para mi temperamento que te puedas imaginar. Y en eso trabajé cuatro años y medio antes de empezar a escribir. Y empecé a escribir sin ninguna ilusión de que eso fuera un libro, de que se pudiera publicar, ni podía imaginar que me iba a cambiar la vida. Fue un golpe de suerte extraordinario. Nota aquí.




Xoel López


 

Juan Diego Botto

 

Juanlu Mora

 


Taberna Calle Melancolía

 CiberCanción de Autor nos cuenta por Facebook.

Visitar la taberna Calle Melancolía en Úbeda es como entrar en una canción de Sabina sin necesidad de cerrar los ojos. Al cruzar la puerta, el tiempo se vuelve guitarra y nostalgia, y cada pared parece susurrar versos que se quedaron flotando entre discos, casetes, fotografías y recuerdos. Hay tazas, imanes, cómics, camisetas, manuscritos y hasta exámenes de colegio que recuerdan que el poeta de las noches largas también fue un niño de pupitre y cuaderno. La música ambiente de sus canciones acompaña cada momento, como si el “flaco ubetense” estuviera sentado en un velador cercano, esperando una copa y una conversación sin prisa.
La Taberna Calle Melancolía se presenta como un pequeño y recoleto rincón único en el corazón de Úbeda, donde la música, la poesía y el legado del cantautor se encuentran. Es un tributo a la emblemática canción que le da nombre, un espacio lleno de bohemia vintage que respira Sabina en cada rincón. No es solo un lugar para disfrutar de buenas tapas y reponer líquidos; es un viaje sensorial que transporta a esa calle melancólica imaginada por Joaquín.
Desde la admiración personal a Sabina, la visita se siente casi como una peregrinación musical: un lugar emocionante, íntimo y cargado de recuerdos, una visita obligada para cualquier amante del cantautor o para quien pase por Úbeda y quiera conocer su universo. La ciudad, de hecho, respira Sabina en varios rincones: un par de murales dedicados al artista decoran sus calles y su casa natal sigue siendo un punto simbólico que, según parece, podría convertirse próximamente en un museo en su honor, reforzando aún más el vínculo entre Úbeda y su poeta más universal.
Sin embargo, también aparece la cara menos romántica de la historia. Entre tantos souvenirs y objetos, se percibe que la melancolía también se ha convertido en negocio: un proyecto llamativo y rentable, donde la figura de Sabina se transforma en atractivo turístico. La abundancia de merchandising puede restar en algunos momentos parte de la intimidad del homenaje, dejando ver que la poesía comparte espacio con la lógica comercial.
Aun así, la taberna mantiene su encanto. Se sale de allí con la sensación de haber hablado con Sabina sin haberlo visto, con la nostalgia bien servida en una cerveza y una canción pegada al corazón. Porque hay lugares que no solo se visitan: se escuchan, se sienten y se tararean mientras uno se pierde por las calles de Úbeda, entre murales, recuerdos y la promesa de que la casa del poeta algún día será museo, como si la ciudad entera fuese, poco a poco, una eterna Calle Melancolía.

















Luis Pastor

 


El Chojin e Ismael Serrano

 

Félix Maraña

 ZITARROSA Y LA MEMORIA DEL VIENTO

Hay una historia no escrita
que sólo puede entenderse
si se mira y para verse
a la memoria se invita
y se recibe en visita,
desnuda, limpia y turgente.
No queda ya mucha gente
como Alfredo Zitarrosa,
quien con su voz fervorosa
cultiva el verbo decente.
Con su guitarra y su voz,
con su voz y su guitarra,
con ese tono que agarra
y del pueblo es portavoz,
del pueblo es sueño, altavoz,
de entraña desconocida.
Es una guitarra herida
la que convierte en canción,
el sentimiento y el son
de memoria renacida.
Tiene América un volcán
en la canción popular,
un venero para amar,
unas ideas que dan
memoria y algo de pan
para alimento de pobres.
Vino para llenar sobres
con cartas de amor sin fecha.
Versos para abrir la brecha
en los momentos salobres.
© Félix Maraña
[Para mi amigo el poeta Rodolfo Serrano, que dialoga con Alfredo Zitarrosa como Neruda hablaba con los volcanes de la Cordillera, con las aguas del mar y con los ríos que discurren bajo la Tierra].





La Banda Sabinera

 


Nia

 

Luiso García

 Luiso nos cuenta por Facebook.

En estos últimos meses, EE. UU. ha endurecido todavía más el bloqueo a Cuba, dejando a la isla prácticamente sin combustible. Ayer mismo colapsó el sistema eléctrico y el país se quedó sin luz.
En sus últimas declaraciones, Trump ha amenazado diciendo, literalmente, que tendrá “el honor de tomar Cuba” y que podrá “hacer lo que quiera” con la isla.
Otra vuelta de tuerca para asfixiar a los cubanos. La misma historia que lleva repitiéndose desde los años 60 con aquel bloqueo que ordenó la administración Kennedy.



Ciro y Los Persas

 


Iñaki y Frenchy

 


sábado, marzo 28, 2026

Pablo Cano

 Fernando nos cuenta en su Blog.

ESPERADA Y GRAN NOTICIA: "PABLO CANO" Y SU PRIMER DISCO "FLOR DE HABANERA". 1. ORIGEN DEL PROYECTO CON "CARLOS CANO" EN EL CORAZÓN Y COMO REFERENTE.


Cuando CARLOS CANO se nos fue –en enero de 2001– su hijo PABLO cumplía cinco años. 

El tiempo ha transcurrido, y tras un largo proceso de búsqueda y construcción de su identidad, Pablo nos ha sorprendido y nos regala, su primer disco titulado "FLOR DE HABANERA"; magnífica "opera prima" del cantautor sureño a la que –con la colaboración de amigos como Javier Ruibal, Pasión Vega, Álvaro Ruiz y el amigo periodista Juan José Tellez– voy a dedicarle tres "cuelgues" aquí donde "CANTAMOS COMO QUIEN RESPIRA". 

Este primer disco de Pablo Cano es una obra que desde hace tiempo personalmente estaba esperando, tanto quizá como aquel mítico "A DURAS PENAS", primer disco que su padre grabó y publicó en 1976. 

Cincuenta años de diferencia, dos personalidades distintas, dos momentos de nuestra "canción de autor" muy diferentes social y culturalmente, pero, a la vez –y sobre todo– un "común brote de sensibilidad poética y musical" y una "descarada apuesta" por la "nueva y verdeblanca Canción del Sur" que Pablo vivió y sintió en su casa en los primeros años de su vida.

«La música – dice Pablo Cano– siempre ha estado muy presente en mi vida y en mi casa; me ha gustado escribir desde pequeño. Todas las piezas del puzzle encajaron cuando a los 15 años mi madre me regaló una guitarra. A partir de ahí, empecé a ponerle música a mis letras y a formarme.»

Un largo proceso creativo en búsqueda de una identidad original como compositor y como cantante. Reto nada fácil en el que se entrelazaban sentimientos, deseos y convicciones muy profundas que Pablo necesitaba interiorizar, integrar y armonizar. 

Pablo, cada día que pasaba, era más consciente de que aquella armonía musical y poética que buscaba como "cantautor" y en sus creaciones, sólo sería posible y auténtica en el encuentro de una "armonía personal" que en, su caso, resultaba particularmente compleja. 
Por una parte empezó a descubrir y a sentir un creciente y progresivo deseo de componer y de cantar –algo que en realidad corría por sus venas–. Por otra fue adentrándose en la fantástica obra musical y poética de su padre –al que había perdido con cinco años– que surgía como un referente que evidentemente la marcaba. Junto ello, empezó a descubrir y a sentir una afectividad intensa y dolorida por aquella ausencia paterna tan querida y necesaria, que Eva –su madre– arropaba cuidadosamente y con mucha ternura: "Carlos te amaba y te ama y tú, su hijo, fuiste uno de los últimos y más hermosos regalos y esperanzas que le ofreció la vida". 

En aquel contexto familiar y personal, cuando Pablo cumplió 15 años, su madre decidió que era un buen momento para darle una carta que Carlos Cano le había escrito en 1998; hermosísima carta de desbordante sensibilidad que para Pablo fue impactante y liberadora; punto de encuentro que venía a romper con sus interrogantes, inseguridades, desprecios y bulos" que le acosaban y que se convirtió en un faro que definitivamente iluminó aquella "armonía personal" que andaba buscando.

Impacto liberador que inundó de claridad su horizonte como cantautor y que le puso en camino hacia el logro de una naciente y espléndida "armonía creativa" hoy felizmente concretada en las nueve canciones que componen su primer disco "FLOR DE HABANERA", obra que me gozo en presentar y celebrar aquí "DONDE LA PALABRA SE HACE MÚSICA". Crónica aquí.






Paulinho Moska

 

Raúl Lavié

 


Miguel Hernández


"Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.
Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas".

En el aniversario de su muerte en 1942.