miércoles, mayo 27, 2026

Alberto Arizu

 El corazón puesto en una colección de vinos. Alberto Arizu y una charla intima sobre el vino, el legado y la familia

En una conversación con su nieta Agustina Arizu, el referente de Luigi Bosca repasó los rituales heredados, la emoción detrás de la colección De Sangre y esos recuerdos familiares que el vino transformó en momentos inolvidables.

ay conversaciones que parecen suspendidas en el tiempo. No tienen apuro, ni necesidad de explicar demasiado. Solo ocurren. Así fue el encuentro entre Agustina Arizu y su abuelo, Alberto Arizu, referente de Luigi Bosca, en una charla atravesada por los recuerdos familiares, los rituales heredados y la emoción de compartir una copa entre generaciones.

Sentados frente a frente, lejos del tono técnico que suele rodear al mundo del vino, ambos se sumergieron en aquello que no siempre se pone en palabras: la conexión con la naturaleza, los momentos inolvidables que guarda una botella y el significado profundo detrás de la colección De Sangre.

“Ya me emociona compartir este momento con vos y escucharte hablar. Cómo transmitís tu pasión hacia el vino y hacia la naturaleza es algo que todos tienen que aprender de vos”, dijo Agustina al inicio de la charla.

La escena despertó un recuerdo en Alberto Arizu. Ante la pregunta sobre la primera vez que sus nietos visitaron la bodega siendo chicos, volvió mentalmente a su propia infancia, caminando detrás de su abuelo entre toneles y cubas gigantes. “Parecía una catedral”, evocó. Y admitió que, al ver a sus nietos recorrer ese mismo espacio, imaginó que aquella fascinación podía repetirse otra vez, generación tras generación.

“Mi abuelo caminaba con las manos atrás y yo iba detrás de él. Pensaba que tal vez ustedes podían sentir lo mismo algún día”, recuerda Arizu.

Para Agustina, esa conexión sigue viva cada vez que observa a su abuelo caminar entre las viñas. Un lugar que describe como refugio, donde él encuentra calma y donde, de alguna manera, todo termina reflejándose en el vino.

Arizu se detuvo en la relación íntima entre el cuidado del viñedo y el resultado final de cada cosecha. Pero lo hizo desde el ritual y no desde la técnica. Recordó una ceremonia familiar que atravesó generaciones: después de identificar cuál había sido el mejor viñedo del año, su abuelo descansaba allí y pisaba la tierra descalzo al atardecer, como una forma silenciosa de agradecimiento.“También lo hizo mi padre y después lo hice yo. Era a la hora de la oración, el momento más lindo del día, el de mayor conexión con la naturaleza.

La conversación avanzó hacia otro de los grandes ejes de la historia familiar: el vino como símbolo de unión. Alberto Arizu reveló que a lo largo de los años guardó botellas especialmente pensadas para distintas personas de su vida. Conserva el vino que su abuelo elaboró para el nacimiento de su padre, además de vinos dedicados a sus hijos, a su esposa Alicia y a cada uno de sus doce nietos.

En ese punto, Agustina recordó las reuniones familiares y esas mesas donde el vino aparece siempre como una presencia inevitable. Arizu describió algo que, según él, sucede casi mágicamente cuando una botella se abre y empieza a circular entre los presentes.

La charla encontró uno de sus momentos más emotivos al llegar a De Sangre, la colección más emblemática de Luigi Bosca. Para la familia Arizu, el nombre excede cualquier definición comercial: remite al legado, la tradición, a los vínculos y a aquello que permanece más allá del tiempo.

“La transmisión más directa está en la sangre: en los genes, en la personalidad, en los pensamientos y en los deseos”, señala Arizu. “De Sangre significa que esa sangre sigue reproduciéndose y multiplicándose hasta la eternidad”.

Antes del cierre, Agustina quiso saber qué le gustaría transmitirle a alguien que abra una botella de esa colección en cualquier parte del mundo. La respuesta fue breve, pero condensó el espíritu entero de la conversación.“Mi corazón puesto al servicio”.

Llegó el brindis final entre abuelo y nieta. Un momento simple, íntimo y profundamente familiar. Exactamente el tipo de instante que, como ellos mismos describen, termina volviéndose inolvidable. Nota aquí.





Mikel Erentxun

 


Guille Galván

 

Tato López

 


Premios de la Música

 Rosalía arrasa en los premios de la Música, no se presenta a la gala, pero todo se compensa con la inmensa sabiduría de Serrat

La creadora de ‘Lux’ se llevó ocho premios en una noche donde también triunfó Leiva y sonaron las canciones de Robe Iniesta

Rosalía venció en la III edición de los premios de la Academia de la Música de España. Se llevó ocho trofeos de los ocho a los que optaba gracias a su último disco, el alabado Lux, que conquistó las tres categorías importantes: Artista del Año, Álbum del Año y Canción del Año por La Perla. No asistió la artista a la entrega y con su decisión deslució una ceremonia que se quedó sin ver a la triunfadora de una fiesta celebrada anoche en el Palacio de Congresos de Ifema (Madrid). Tampoco envió a nadie a recoger el saco de galardones, así que una de las azafatas del evento subió al escenario a llevarse los trofeos. Cuando la actriz Alba Flores anunció el séptimo premio para la cantante de Motomami, ya había algo de recochineo en el ambiente, y la guasona y talentosa hija de Antonio Flores espetó: “Que venga a recogerlo a mi casa, que la invito a un café y a una tostada con aceite”.

Al octavo y último, por fin, se presentó José María Barbat, presidente de su discográfica, Sony, que excusó a Rosalía: “Hemos hecho todo lo posible para que estuviera aquí, pero su agenda es ingobernable”. La gala echó de menos a la catalana hasta que asomó por el escenario la sonrisa cálida y familiar de ese músico unánimemente admirado llamado Joan Manuel Serrat, premio de Honor de la Academia.

Con una chaqueta gris, una camisa azul y tejanos, cuando comenzó a hablar el autor de Mediterráneo el silencio se apoderó del recinto. “No me lo esperaba”, bromeó al principio para regocijo de la platea. Y continuó: “Este es un premio a la supervivencia, que suele llegar a una edad avanzada. La verdad es que me gustaría que me dieran el premio revelación, pero las cosas han seguido este camino...”. Después, y durante siete minutos, desplegó un delicioso discurso sobre cómo llegó a la música: “No tengo ningún antecedente familiar que me relacione con la música. Soy hijo de obreros y nieto de campesinos. Pero eso sí, era gente cantora. Siempre recuerdo a mi familia cantando. Con mi madre cantaba cuando hacíamos las camas o cuando me tocaba abrir guisantes o separar lentejas y tantas cosas que hacíamos en el sagrado ambiente de la cocina de casa”.

Más tarde admitió que el mundo de ahora pinta raro: “Menos mal que me han dado este premio este año, porque el que viene quién sabe dónde estaremos con este mundo absolutamente demente, cretino y desalmado que se está instaurando a nuestro alrededor”. Y se despidió agradeciendo al público: “Gracias a ustedes he podido tener una vida maravillosa que jamás me hubiera imaginado cuando tenía 20 años”. Lo que vino a continuación fue una ovación larga y jaleosa. Nota aquí.







Fran Fernández

 


Luz Casal

 


Pancho Varona

 


Fernando Savater

 


Libreria Rafael Alberti

 



Amaral

 

Eva Baroja

 Eva nos cuenta por Facebook.

Escuché por primera vez estas notas hace meses. Íbamos en el coche, de camino al cine desde el periódico. Y me emocioné. Esta semana, en el estreno de 'Golpe a golpe', me volví a emocionar. A pesar de haberla escuchado unas ¿cien veces?
En la obra, Juan Ramón Jiménez le dice a Antonio Machado que a él le interesa escribir sobre las pequeñas cosas. Y antes de desaparecer, cuando empieza a sonar el piano, le enseña las primeras palabras de algo que anda escribiendo: "Platero es pequeño, peludo, suave...".
Quizás, de eso vaya todo. De las pequeñas cosas. Al menos, es lo que intento transmitir cada día en la radio. Y lo que intento aplicar, no siempre con éxito, a mi vida cotidiana.
Hace unas semanas, a las doce en punto de la noche, en la fiesta postestreno de una película, empezó a sonar la alarma del móvil de un actriz veteranísima con la que estaba hablando. “Uy, es la hora de los agradecimientos", me dijo. Mi cara le debió sorprender. "Es un ritual que hago desde hace muchos años. Agradecer lo bueno que me pasa todos los días a esta hora”, aclaró.
Lejos de parecerme una extravagancia, su rutina me convenció. Quizás porque el ritmo de nuestras vidas nos impide muchas veces ver las cosas con perspectiva. Quizás porque el estrés, las obligaciones o los miedos nos convierten en peores personas de lo que realmente somos.
Me convenció porque quizá pararnos una vez al día, al irnos a la cama, a mirarnos por dentro y a agradecer lo bueno que nos ha pasado las últimas 24 horas sea un antídoto contra el mal rollo. Una medicina interesante.
Porque, aunque aparentemente no tengamos motivos importantes para hacerlo, es gratis y nunca está de más. Yo, por ejemplo, esta noche daré las gracias por estar sana, por tener una familia que me quiere, por dedicarme a un trabajo que me apasiona y por todas aquellas pequeñas cosas que me hacen feliz cada día. ¿Y vosotros? ¿Qué es lo que vais a agradecer cuando acabe el día?.



Javi Ruibal, Lucía Ruibal & José Almarcha

 


El Roto

 


martes, mayo 26, 2026

Tanxugueiras

 

Charles Bukowski

 


Salvador Amor

 


Andrés Suárez

 

Félix Maraña

 Evocaciones en Zurriola

La playa estaba en calma y en la arena,
dibujados sus pliegues por la brisa,
iba la coordenada, iba su abscisa,
señalando en las olas nueva escena.
Surferos que se exhiben en cadena,
y un sol muy donostiarra que se irisa,
componiendo en la tarde una sonrisa,
y vuelven los recuerdos en cadena.
En Zurriola jugaban los Panero,
poetas que cantaron esta playa,
donde estuvo Machado con Guiomar.
Don Antonio levanta su sombrero,
al ver cómo su musa se desmaya,
muy nerviosa por no saber besar.



Revolver

 


Querido e Iván Ferreiro

 

Ramón Serrano

 ALTOS SILOS EN MIS SUEÑOS

Todavía no es hora de desmontar los sueños
todavía son necesarios los depósitos de nubes y voces
hechos acordes y arpegios
como silos en los cielos
sin sargazos de plásticos viejos
vigilantes de duro acero
cuando el vuelo de las aves blancas
migrando hacia el mar de sueños
ahuyente sombras y negros cuervos
todavía en el horizonte
la bruma de lontananza
pone filtros a la luz del vuelo
son las palomas blancas
las que desde mi sofá de siempre
abrirán nubes y ventanas
sobre la oscuridad de los miedos
he aquí por qué los altos silos
plenos de canciones y ángeles
-pirekuas de grandes anhelos
bordando el azul del cielo-
todavía son necesarios en mis sueños.



Ariel Rot

 


Soledad

 

Jorge Luis Borges

 


Frank Delgado

 


Xoel López

 

María Guivernau

 EL ABRAZO

Abrázame fuerte,
tan fuerte,
que exprimas
todos los poros de mi piel
y me deshidrates el miedo.
Tan fuerte,
que logre encajar mi pecho
entre tus costillas
y tus latidos
le hagan el boca a boca a mi corazón.
Tan fuerte
que no haya mejor refugio
en el que construir
partiendo de un vacío.
Apríetame contra ti,
que no me roce ni un centímetro
de piel el viento,
que me bebas el deseo
para que no me ahogue en su vaso,
que me apagues
la hoguera permanente de la carne.
Sujétame a tu cuerpo
con cadenas de caricias
enredándose entre mis piernas.
No me dejes caer.
No me sueltes
si no es susurrándome al oído:
¡Vuela!
(La foto es una obra de Ana Fuster).





Dani Flaco

 


Tute

 


lunes, mayo 25, 2026

Milo J & Nito Mestre

 

Benjamín Prado

 


Juan José Millás

 Lo ‘abscreto’ y lo ‘contracto’

Miro ese suelo y ese carro sobre el que reposan los cubos de pintura y se me ocurre que el estudio de Georg Baselitz no fue tanto un lugar de trabajo como un escenario de guerra, no sé si guerra entre la forma y la negación de la forma o una guerra existencial entre el hombre y sus fantasmas. Ahí están también los lienzos amarillos, erguidos como puertas que ¿adónde darán?, ¿a lo abstracto, a lo concreto o quizá a lo abscreto y lo contracto? Da un poco de miedo abrirlas, en fin. “Lo correcto para mí es lo insensato”, solía decir él, al que vemos en una foto obtenida en septiembre de 2025, apenas unos meses antes de fallecer, con 88 años, en abril de 2026. Se trata, pues, de la fotografía de un premuerto. El cuerpo, si se fijan, ya no le pertenece del todo, el cuerpo está en fuga, lo abandona, pero él sostiene la gorra contra el muslo con el ímpetu con el que la sostendría un garfio, como si la gorra fuera la metáfora de su cabeza. Mi cabeza, parecen decir esos dedos de hierro, se irá cuando me vaya yo. Qué lío, el de la cabeza y el cuerpo, ¿no?, cuando se divorcian, como esos violines decrépitos, pero cuyas cuerdas producen un sonido más hondo y verdadero que el de su juventud.

Pienso también en las figuras boca abajo de Baselitz, en esa decisión que tomó a finales de los setenta de invertir el mundo, quizá no tanto para provocar como para averiguar si la realidad resistía ese cambio, si al colocarla del revés se caía como una fruta madura. Tal vez el arte consista en eso: en sacudir el árbol hasta ver qué permanece. O qué se desprende sin ruido. Nota aquí.



Guille Galván

 


Rafael Soler

 


Julio Cortázar

 


Angels Barceló

 

Claudio Marciello

 


Félix Maraña

 LA SANGRE DE PALESTINA

Tiene el color de la muerte
la sangre de Palestina,
ese pueblo que camina
esperando que despierte
la fuerza que reconvierte
y trae solidaridad,
que combate la maldad
del despiado agresor.
Sangre nueva, otro motor
que se llame libertad.
Está el libro en la calle. Pueden dirigirsse a Huerga Fierro Editores
o a su librería de guardia.



Felipe Pigna