“Este es el primer ‘rock and roll’ de Silvio Rodríguez”: Alejo Stivel y el cantautor cubano sellan 50 años de amistad en una canción
‘Déjame en paz’ es un tema tremendamente pegadizo en el que el antiguo miembro de Tequila compone la música, el autor de ‘Ojalá’ escribe la letra y ambos cantan.
“Este es el primer rock and roll de Silvio Rodríguez”, dice Alejo Stivel entusiasmado. Luego, matiza: “Bueno, puedes llamarlo rock lento o medio tiempo rock”. Habla de Déjame en paz, una canción que se puede escuchar desde hoy en las plataformas digitales y donde los dos artistas han trabajado como un equipo: el cubano escribe el texto, el argentino-español compone la música, y los dos cantan. Un tema tremendamente pegadizo, con pinceladas de country-rock y que habla de mantener en silencio a los juicios de nuestra conciencia y de vivir en armonía con nuestras inseguridades y contradicciones. El estribillo dice así: “Déjame en paz, conciencia que todo nombra / hay que tener paciencia con esta sombra. / Quiero vivir tranquilo con tu presencia / yo soy un tipo normal, trátame con otra ciencia”.
Sobre cómo llegan a emparentarse dos músicos alejados estilísticamente y de distinta generación cuenta mucho de los vasos comunicantes que se dan en el arte. “Nos conocemos desde hace nada menos que 50 años”, cuenta Stivel (Buenos Aires, 67 años), que arrasó en la España de finales de los setenta y principios de los ochenta como vocalista de Tequila y que después se convirtió en uno de los productores más solicitados, responsable, entre muchos otros discos, de la obra cumbre de Joaquín Sabina, 19 días y 500 noches (1999).
Stivel y Silvio Rodríguez (San Antonio de los Baños, Cuba, 79 años) entablaron amistad en Madrid a finales de los años setenta. Stivel había llegado en 1977 a Madrid con su madre, Zulema Katz, actriz, directora de teatro y maestra de actores. Huyeron de la dictadura argentina, que unos meses antes asesinó al poeta y periodista Paco Urondo, el padrastro (Alejo lo llamé “mi papá”) del cantante de Tequila. “Mi madre conoció a Silvio y a Pablo Milanés en los sesenta en Cuba”, explica Stivel. “La invitaron a la Casa de las Américas de La Habana para ser jurado de los premios de teatro y coincidió con los músicos. Ella me trajo a Buenos Aires el single de Silvio La era está pariendo un corazón (1968). Y aunque yo tendría unos nueve años me encantó”.
Aproximadamente una década después y ya instalados en Madrid, Pablo Milanés y Silvio Rodríguez actuaron en la capital. Después del recital, acudieron a casa de los Stivel. “Mi madre cocinó, cenamos, y luego los dos se pusieron a tocar. Vimos amanecer y todavía seguían cantando. Tenían una energía tremenda”. Alejo, que contaba unos 18 años y ya empezaba a dar los primeros pasos con Tequila, enseñó a Silvio todos sus discos del rock argentino, que viajaron con él en una especie de arcón en una larga travesía en barco de 15 días desde Buenos Aires a España. “Años después me dijo Charly García que coincidió con Silvio y le dijo que yo le había descubierto su música”, comenta Stivel.
La relación de amistad entre Zulema Katz (que falleció en 1994) propiciaba que cada vez que el cubano tocaba en Madrid acabarán juntándose. Así empezó a forjarse una relación, “entrañable, casi familiar”, entre Alejo y Silvio. El año pasado, 2025, el cubano aterrizó en Madrid y, como siempre, quedó con Alejo para comer. “Y entonces le comenté algo que nunca me atreví a decirle: ‘Silvio, me gustaría algún día producirte una canción”. La respuesta fue tajante: “No, no, yo me produzco solo desde hace mucho…”. Pero el intérprete de Ojalá añadió después de unos segundos de pausa: “Producir no, pero compongamos algo juntos”. Alejo casi se cae de la silla. Nota aquí.


































