domingo, abril 05, 2026

Bar Jurucha

 Jurucha, el bar sesentero de pinchos que sobrevive a la avalancha del lujo en el barrio de Salamanca

A este establecimiento acuden a comer trabajadores de la zona en un barrio donde el comercio tradicional se ha convertido en una especie en vías de extinción.

Su rostro transmite armonía. Ojos claros, tez despejada y una leve sonrisa que enseguida ilumina una barra repleta de tentempiés. Su tono afable, pero en todo momento claro y directo, no esconde su filiación bilbaina. Inmaculada Lanza está en “fase de dar el relevo”, es su hijo Rodrigo quien se encarga de casi todo, “ahora está detrás de la barra”, señala mientras se abre paso entre la concurrencia. Sin embargo, quién mejor que ella para hablar de la historia de Jurucha, de su marido —Jose María de la Viesca, el encargado de dinamizar el bar en las décadas pasadas—, de su suegra —Carmen Gómez-Martinho, la que cambiaba y ajustaba recetas a su gusto— y de sus legendarios pinchos.

Jurucha (Ayala, 19, Madrid) es el último bar con pedigrí —con permiso del restaurante O’Caldiño— que sobrevive en el barrio de Salamanca, donde el comercio tradicional se ha convertido en una especie en vías de extinción. Si se da un paseo por sus calles lo que más llama la atención es la increíble cantidad de boutiques de moda que hay por metro cuadrado. A cual más cara y distinguida. “Esto antes no era así. Ha cambiado muy rápido en el último lustro”, se sincera la todavía jefa de todo. “El barrio entonces era un barrio de tiendas de siempre: mercerías, ferreterías, fruterías, sastrerías. Había mucho comercio pequeño. El señor que nos ha saludado antes tenía una tienda de ultramarinos aquí enfrente; se jubiló y ahora es una tienda de gafas”.

Un pequeño Madrid que también estaba repleto de casas de comidas, bodeguillas, lonjas, tascas, mesones y despachos de vinos. Lanza recuerda cómo en los alrededores se apostaban multitud de estos negocios, lo cual permitía trazar diferentes rutas de tapeo. Era el caso de El Aguilucho, El Águila, El Corrillo, El Cerro, Casar, Peláez, Roma, Sakuskiya o el último de todos ellos en desaparecer, El lago de Sanabria. “Ahora es una tienda de zapatos. Su dueño se jubiló durante el Covid y lo quiso traspasar como negocio de hostelería, pero nadie lo quiso”, comenta. En el libro que celebraba su cincuenta aniversario, Jurucha Todo Tapas (que recibió en 2013 el galardón World Book Awards como mejor recetario local, y que se puede comprar en el bar por 15 euros), el periodista vasco Javier Urroz recordaba cómo era a mediados de los setenta: “Tenía la ventaja añadida de poder ir con nuestros padres. Un sitio correcto, sencillo pero siempre presentable. Sin ser ‘postinoso’, como lo eran otros locales de Serrano”.

Jurucha sigue siendo “un bar de trabajadores”, insiste Lanza. “Aquí entra todo tipo de gente. Vienen los obreros que trabajan por la zona, empleados de tiendas, de bancos, de oficinas o de despachos cercanos. Mucha gente que se pasa el día trabajando en la zona y que acaba aquí para tomar algo”, subraya la propietaria sentada en el diminuto comedor de ladrillo visto que hay en la parte posterior (reformada recientemente), en una mesa de uno de los esquinazos, desde donde se divisan grupos de amigas y amigos que aprovechan el momento del desayuno para conversar. “También siguen viniendo los vecinos de siempre, señores del barrio, algunos conocidos, otros completamente discretos, que se acercan a tomar el aperitivo con sus hijos, con la familia o con amigos. El público resulta muy variado y eso forma parte del carácter del lugar”, puntualiza.

Templo de los desayunos, del aperitivo, del picoteo, de la sobremesa o del tardeo, Jurucha no falla nunca. Adalid de la sencillez, de ese menos es más que en esta era tanto se proclama. La importancia de esta taberna de tabernas, con algo de un tiempo pretérito, radica en una carta casi inamovible, con unos precios amables (los pinchos oscilan entre los 2,30 euros y los 3 euros), y en el que todo se hace a mano. “Tenemos mucho cliente habitual que viene a por su pincho de siempre y no se lo podemos cambiar”, señala de una selección, entre fríos y calientes, de unos treinta canapés. Nota aquí.





JJ Vaquero

 


Sidonie

 


Félix Maraña

 NACE UNA PLAYA

La marea venga o vaya,
se oiga el viento y su canción,
las olas bailen al son
de las leyes de la playa.
Es posible que no haya
lugar en el mundo entero,
ni exista lugar señero
donde vivir o morir.
Dime si puedo ahora ir
o vienes aquí. Te espero.
Porque el mar tiene sus furias,
sus remansos y tristezas,
es bravo y tiene perezas,
sus disgustos y penurias,
sus tristezas y sus murrias,
pero el misterio se encarga
de extender su historia larga,
para Ulises regrese.
Y le pese a quien le pese,
Asturias no va a la zaga.
Tiene Cantabria un encanto
oceánico y marino,
siendo lugar de destino
y, aunque la lluvia hace manto,
sus piedras, su calicanto
hacen que luzca el paisaje.
Recuerdo que en cada viaje
a estos lugares mineros,
playas, sus montes señeros,
son sus mejores lenguajes.
[Fotografía: Playa de Pechón, Cantabria, en el límite con Asturias, realizada por Juan Cabrera Padilla].



Paula Mattheus


 

Tute

 


Chinchón

 El pueblo medieval declarado Conjunto Histórico, famoso por su Plaza Mayor de 1499: tiene las mejores torrijas de España

A menos de una hora de Madrid, este destino es un plan perfecto para una escapada improvisada en el que lo único importante es disfrutar.

Hay rincones en España que parecen diseñados para desconectar del mundo. Lugares donde el tiempo se ralentiza y cada detalle (una fachada, un balcón, una plaza) invita a quedarse un poco más. Y en ese mapa de escapadas con encanto, Chinchón ocupa un lugar privilegiado.

A menos de una hora de Madrid, este pueblo no es solo una visita bonita, también es una experiencia para los cinco sentidos. Un escenario que mezcla historia, gastronomía y ese aire castizo que cada vez es más difícil de encontrar.

Hay rincones en España que parecen diseñados para desconectar del mundo. Lugares donde el tiempo se ralentiza y cada detalle (una fachada, un balcón, una plaza) invita a quedarse un poco más. Y en ese mapa de escapadas con encanto, Chinchón ocupa un lugar privilegiado.

A menos de una hora de Madrid, este pueblo no es solo una visita bonita, también es una experiencia para los cinco sentidos. Un escenario que mezcla historia, gastronomía y ese aire castizo que cada vez es más difícil de encontrar.

Aquí no se viene solo a ver, se viene a vivir con los cinco sentidos, más en un momento en el que muchos buscan alternativas al bullicio de la capital.

Chinchón aparece como ese secreto a voces que nunca decepciona. Declarado Conjunto Histórico-Artístico, su silueta sobre la colina ya anticipa lo que está por venir.

Chinchón no es solo un destino bonito. Es una forma de reconectar con lo esencial: la historia, el sabor, la tranquilidad y el placer de descubrir lugares que todavía conservan su alma.

Una plaza única en el mundo

El corazón del pueblo late en su icónica Plaza Mayor de Chinchón. Una joya de la arquitectura popular castellana que, con sus 234 balcones de madera pintados de verde, crea una estampa difícil de olvidar.

No es una plaza cualquiera. A lo largo de los siglos ha sido corral de comedias, escenario de festejos, mercado y hasta plaza de toros. Aquí la vida sucede, como ha sucedido siempre, bajo sus soportales.

Pero perderse por Chinchón va mucho más allá de su plaza. Subir hasta la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción es casi obligatorio. En su interior se guarda una auténtica sorpresa como un lienzo de Francisco de Goya, La Asunción de la Virgen, que convierte la visita en algo aún más especial.

Desde allí, la mirada se escapa inevitablemente hacia el imponente Castillo de los Condes de Chinchón. Aunque no se puede visitar por dentro, su presencia domina el paisaje y aporta ese aire medieval que hace que todo parezca sacado de otra época.

La torrija perfecta

Si hay algo que convierte a Chinchón en un destino irresistible cuando llega el buen tiempo (especialmente en Semana Santa) es su gastronomía. Aquí se habla, sin dudar, de tener una de las mejores torrijas de España. Y no es casualidad.

El secreto está en la tradición y en un ingrediente clave como es el Anís de Chinchón, que cuenta con reconocimiento propio y aporta ese matiz aromático tan característico. Nota aquí.









Kike Marcos


 

Álvaro Olmos

 

Ramón Serrano

 DE PASEO POR LOS SUEÑOS

Nos encontraremos en la esquina del tiempo
en el jardín marino las begonias hablan
se levanta el alba
ojos pizarrosos
voz profunda de las aguas
en la playa infinita
los niños de Tagore cantan y bailan
en su halo oro y plata
desde Artemisa la tierra majestuosa
se mueve con indiferente holganza
en sus alrededores
enloquecida chatarra
fuera cero kelvin
regreso a mi playa
vecina playa de Yadira
espuma de organdí
juego de bolillos
cenefas blancas
tesoro hasta el
horizonte de esmeraldas
presumo las fragancias de la mañana
vuelta y vuelta por las montañas azules de Jamaica
el oleaje me transporta a la calle de mi infancia
yo miraba y miraba
los juegos de la pandilla
era un niño remilgado
tímido y callado
ahora el paso del tiempo
a las torres celestiales me ha llevado
donde crecen las Pirekuas
como amapolas en las lindes de los trigales
-canta Pireri canta-
resuena su Voz por el cielo de los cielos
llevada por los vientos del pentagrama
en la esquina del tiempo
niña
te estoy esperando.



Jorge Drexler


 

Pablo Cano

 


Ana Montojo

 LO QUE QUEDA

Sé que me queda poco,
serán apenas diez o quince años,
veinte quizá, poniéndome
en el caso peor de los posibles.
Eso es un parpadeo, si miramos
lo mucho que han corrido
todos los anteriores.
Es hora de recuento del pasado
sin dejar de temer
a un futuro tan breve como incierto.
Pasaron muchas cosas y algunas tan terribles
que me dejaron muerta
aunque sigan en marcha mis constantes.
Mas no quiero quejarme, soy consciente
de que a pesar de todo
vivo en el mundo de los privilegiados
porque el azar lo quiso.
Tengo un techo, una cama,
grifos de agua caliente
y como hasta tres veces cada día.
He perdido dos hijos,
pero no de un bombazo ni de hambre
sino en un hospital, igual a aquellos
que destruyen las bombas.
Y sé que vivirán mientras yo viva
en este, mi maltrecho corazón.
Luego, ya no lo sé.
Si hay quien me recuerde un solo instante
ellos vendrán conmigo, porque forman
un todo con mi cuerpo y con mi espíritu.
Y es que el azar lo es todo, es quien decide
el color de tu piel, el país donde naces,
la religión que aprendes, los valores
que te marcan a fuego.
Por eso nadie es nadie para humillar al otro
ni para despreciarlo.
Tan solo la crueldad debe ser repudiada,
la que trata al distinto
como a un ser sin derechos,
la que mata a los niños o los deja sin padres
perdidos entre escombros,
la que roba la tierra de los débiles.
Y dentro de este mundo de los privilegiados
también hay diferencias:
los que lo tienen todo desde su primer llanto
y aquellos que no tienen ni siquiera deseos
de lo que no conocen.
En estos pocos años que me quedan
no quisiera dejar de estremecerme
por todos los dolores del mundo dolorido
ni perder mi conciencia ni el odio a la injusticia
que me empuja a vivir como persona.
Y si acaso el azar, que es el que manda,
tiene a bien regalarme
unas risas, un beso, amigos que me quieran,
no voy a resistirme. Lo prometo.



Benjamín Prado & Ariel Rot

 


Luis Eduardo Aute

 

Alejandro Vigil

 Alejandro nos cuenta por Facebook.

Hay encuentros que no son solo momentos… son parte del camino.
Hoy estuve con hace 25 años con Nicolás Catena, alguien que marcó mi vida mucho más allá del vino. Mentor, guía… y sobre todo, alguien que supo ver antes que yo lo que podía llegar a ser.
Sigo trabajando con él, aprendiendo. Porque hay personas que no se terminan nunca de entender… siempre están un paso más allá, empujando, preguntando, desafiando.
Nicolás no solo construyó una bodega.
Construyó una manera de pensar el vino argentino.
Fue quien empujó a la Argentina hacia la calidad, hacia el mundo, quien se animó a ir más alto cuando nadie creía que era posible. 
Su legado no es solo Catena Zapata… es toda la viticultura argentina que hoy se anima a competir sin pedir permiso.
En lo personal, le debo algo que no se puede medir:
haber creído en mí más de lo que yo creía.
Y eso, cuando pasa… te cambia para siempre.
Gracias Nicolás.
Por el camino, por la confianza… y por enseñarnos que el vino argentino no tenía techo, solo tenía que animarse.



Mariano Peyrou


 

Idígoras y Pachi

 


sábado, abril 04, 2026

Alin Demirdjian & Guada

 

Juanlu Mora

 


Laura Vila

 


Haydée Milanés & Pablo Milanés

 

Rosa Montero

 Viva el cine

No es lo mismo ver películas en tu televisor o en una sala. Porque es una ceremonia colectiva

Acabo de regresar de Málaga, en donde he formado parte del jurado de su formidable festival de cine. En una semana vi 22 películas, a un ritmo de al menos tres al día. He sido jurado de otros festivales y en los últimos años del franquismo fui a los fines de semana cinéfilos que se organizaban en Francia, en Perpiñán, justo al otro lado de la frontera; proyectaban hasta una decena de títulos prohibidos en nuestro país, así que te zampabas cinco largometrajes seguidos el sábado y otros cinco el domingo (así vi, por ejemplo, El último tango en París y La naranja mecánica). Con esto quiero decir que los atracones peliculeros no me son desconocidos. Pero he de confesar que en los últimos dos o tres años he ido menos a las salas de cine a causa de las consabidas justificaciones: demasiado trabajo, demasiada fatiga. Por ese caos vital que te emploma los pies y te llena de pereza, de manera que terminas viendo las películas en tu televisor, como si fuera lo mismo. Pero no lo es. Por eso la experiencia inmersiva del Festival de Málaga, y el montón de horas que pasé sumergida en esa oscuridad colectiva y vibrante, me han hecho recordar lo mucho que me gusta el cine de verdad, ese que no sólo se ve, sino que se respira junto a los demás.

Creo que hoy no se puede entender lo que supuso el cine para varias generaciones de españoles. Leo en un estudio académico que en 1965 se llegó al punto máximo de salas en España, con más de 8.000, una de las cifras más altas de toda Europa. No me extraña; era un país lúgubre y paupérrimo, un mundo que recuerdo en blanco y negro, como si la sociedad entera vistiera de medio luto por un duelo aún no superado, y el multicolor de las películas era pura vida, un sueño prestado, un delirio controlado que te salvaba del delirio real. Por entonces había muchísimos cines de barrio, grandes salas de pantallas manchadas y sonido chirriante que proyectaban dos películas en sesión continua a partir de las cuatro de la tarde; las entradas eran baratísimas y tú te metías en la sala cuando querías, a menudo en mitad de un largometraje cuyo argumento tenías que deducir hasta que podías ver la parte que te habías perdido en la siguiente sesión (a veces te gustaba más lo que habías inventado). Los programas cambiaban cada semana y por ejemplo en mi barrio (Cuatro Caminos, Madrid) podías ir andando en menos de 15 minutos a una decena de cines. ¡Y siempre estaban llenos! Llenos todas las tardes, cada día. Eran una droga, una medicina, un pulmón artificial para una sociedad que se asfixiaba. Mi bella madre, artista in pectore que nunca pudo desarrollar su creatividad y que vivió con las alas plegadas en la jaula de su pequeña vida doméstica, solía escaparse conmigo por las tardes a algún cine del barrio, a escondidas de mi estoico padre, que se mataba a trabajar y que probablemente no hubiera entendido que esos programas dobles de coloridas y luminosas mentiras eran tan necesarios para mi madre como el aire y el agua. Creo que esos cines salvaron la vida a muchas personas. Nota aquí.



Ramón Serrano

 PEQUEÑO CONSEJO

De Yadira me gusta
-aparte de todo-
la discreta indiferencia conque encaja los colores y los halagos
sabe lo que debe saber
saber estar y no aparentarlo
de Yadira me gusta
-aparte de todo-
el donaire de su fragancia
el señorial porte de su infancia
el garboso movimiento de su aire
no cambies nunca mi niña
no te muevas de tu celeste canto
canta para el clochard pelao
para el loco y para el ingenuo
para el niño y el anciano
espera que florezcan en tu mirada
los jazmines y las alboradas
el jardín marino de tus alas.



Diego Torres

 


Luis Eduardo Aute

 

Liliana Felipe

 Viva la irreverencia: tocó Liliana Felipe y hubo ironía, política y el recuerdo de su hermana desaparecida

La artista “argenmex” está en Buenos Aires dando conciertos por el aniversario del Golpe de Estado de 1976. Vuelve a presentarse el jueves 16 de abril.

Quizás el momento más alto del recital -quizás siempre lo es- fue cuando se venían los bises y el público, ya entregado, gritaba nombres de los temas que quería. “Mala”, “San Miguel Arcángel”, “Sirena con patas”. Desde el escenario, la cantante argenmex Liliana Felipe sonreía, con una mano sobre el piano. Otra vez en Buenos Aires, otra vez el ida y vuelta vibrante con la gente.

Felipe es, un poco, una artista de culto, por eso en esta función en el Teatro Empire -en Congreso- son muchos los que se encuentran, se saludan, se conocen.

La cantante cordobesa ha venido muchas veces al país del que se exilió en 1977, despues de que la dictadura secuestrara a su hermana Ester, que sigue desaparecida. Estos recitales que está dando ahora -se acaba de agregar una fecha para el 16 de abril- tienen que ver con los 50 años del Golpe de Estado. La figura de Ester está presente en ellos.

Pero, en fin, el concierto empieza cuando esta señora alta, bien puesta, vestida simplemente con un pantalón y una remera negros, con el pelo atado y sin maquillaje, se sienta al piano y toca.

Toca, con virtuosismo, un tema que escribió su mujer, Jesusa Rodríguez y que habla de cuestiones de la menopausia: “Estoy bien. Un poco cansada, irritable, deprimida, A veces siento náuseas, calambres abdominales. Pero estoy bien”. Se ríe, nos reímos, pero lo dice en serio.

Felipe ha prometido -en una canción- que cuando cumpla 80 se pondrá “calzones rojos y sandalias satinadas” y que va a ser “un mal ejemplo”. Ahora, a los 72, se la ve espléndida, dueña del escenario, con la voz intacta y segura de que el público la va a seguir cuando cante: “Las histéricas somos lo máximo/ Extraviadas, voyeristas, seductoras, compulsivas/ Finas divas arrojadas al diván de Freud y de Lacan”.

Hace unos años la artista pasó -según contó- de los Derechos Humanos a los derechos “de todos animales, incluidos los humanos”. Se volvió vegana y contraria a cualquier desigualdad entre las especies. Por eso, en esa canción que arranca: “Qué cosa es el amor/ Medio pariente del dolor/ Que a ti y a mí no nos tocó...”, cuando llega la parte que dice “Porque no sé si te gustan/ Como a mí las milanesas”, Felipe agrega, con un guiño: “de berenjena”. Ya sabemos, por acá ya sabemos. Lo mismo cuando en “Mala” está enumerando por qué y como qué es mala la chica del título, y ya no dice “como rata pelona en la basura” (¿qué tienen de malo las ratas?) sino algo así como “mala como una deuda con el FMI”.

Y aunque esto sea un cambio de los últimos tiempos, la dimensión política acompañó siempre la obra de Felipe, tanto como el humor. O las dos cosas juntas: “Como Madame Bovary, todos tenemos un amante por ahí”. Y después: “Como madame Butterfy/ Te jode un gringo y no te dice ni good bye /Como madame Pompadour/Tanta miseria nos da un toque de glamour. / Como madame Recamier /Al más payaso le decimos canciller”

Incluso en “Las histéricas”, en medio de orgasmos clitorianos y chistes con Freud, canta: “Como me duele este mundo, Segismundo/ La parálisis, la envidia, la neurosis nos gobierna/ Como me duelen los pobres, como jode la miseria/ Ora sí que lo de menos es la histeria”. Y, sí. Nota aquí.






Bernardo Atxaga

 


Abril Olivera

 

Rubén Ibero

 “LAS DOS HERMANAS”

Hay todo un continente que las llama
¡Hermanas secuestradas!,... No perdidas
Por el pirata ingles que envilecida
Ve con los hechos la razón que exclama.
¡Malvina y Soledad, mis dos hermanas!
Que la sangre argentina allí vertida
Le manche el alma al que pasa la vida
¡Desoyendo al que estéril te reclama!
¡Yo sé que ha de valer nuestro desvelo!
Más temprano que tarde y mí regazo…
Suelte al aire palomas que hoy estanca
Para que níveas alas contra el cielo
Desplieguen en su costa como un lazo
¡Formando la gloriosa azul y blanca!



Miryam Quiñones

 


Forges

 


viernes, abril 03, 2026

Pedro Pastor

 

Linaje

 


Rodrigo Cuevas

  “Mezclarte te quita el supremacismo. Ni altares, ni pocilgas. Y dejas de odiar”

Bebe de fuentes tan dispares como el folclore asturiano, la electrónica, los instrumentos tradicionales, el jazz o las comedias de Lina Morgan y las mezcla en una inquietud creativa que ahora despliega, de nuevo, en su disco ‘Manual de belleza’. Visitamos en Piloña al músico, agitador cultural… y rural.

Yo no me veo tan moderno, fíjate... No soy tan raro. ¿Tú me ves raro?“. Lo pregunta Rodrigo Cuevas (Oviedo, 40 años) en mitad de la calle del Quesu, pleno centro de L’Infiestu, el pueblo asturiano donde ha decidido montar su cuartel de La Benéfica. Allí agita mediante diversas expresiones culturales, lenguajes, tendencias, romerías, música, performances, artes escénicas y visuales e inclusión de todo tipo una vida rural anclada en poderosas raíces. Si moderno es echar la vista atrás para beber del folclore, puede que no. Eso lo han hecho a través de los siglos buena parte de los mejores creadores de la historia de la música. Si en cambio, a una copla entonada con sensualidad bable le metes atmósferas electrónicas, luego lo envuelves en un halo de divismo pop y consigues que artistas como Bad Bunny diga que se va a fijar mucho en lo que haces, entonces, aunque le sorprenda que lo consideren así, Rodrigo Cuevas destaca como un artista plenamente moderno y, desde una inequívoca brillantez con la que marca la diferencia, bien raro.

El músico disfruta de un atardecer que reduce la temperatura al tiempo que se oculta el sol entre las peñas junto al río Piloña. Recibe el saludo de cada vecino que pasa a su vera en una terraza. En el pueblo y en la comarca lo quieren como a uno de los suyos. Esperamos a que abra sus puertas La Maléfica, su bar en el centro de L’Infiestu, donde ofrece raciones, vinos, exposiciones, emite programas de radio y hace caja para mantener su proyecto. Allí, convenientemente abrigado contra el relente, se nos desnuda... “A mí me hubiese gustado nacer en un circo”, dice, “haber sido hijo de una trapecista y un payaso, por ejemplo, andar todo el tiempo de aquí para allá, tropezar con un viento de la carpa, haber crecido en un entorno de titiritero”.

Y esa ansia nómada, ¿cómo casa con su búsqueda constante de la raíz? Volver a la esencia se ha convertido en una necesidad para buena parte de una generación milenial, a la que Cuevas pertenece y también de la siguiente —la Z—, amamantados ambos generalmente entre pantallas. “Se ha perdido la conexión, nos hemos quedado vacíos por esa parte, hemos soltado el pie respecto a lo que nos diferenciaba en el mundo. Es difícil encontrarlo porque se impone lo trendy, incluso entre lo que muchos creen auténtico sin serlo. Con internet, hemos caído en una clasificación unívoca y uniforme. Todo igual, todo se estereotipa. Yo huyo de eso como de la peste”, afirma.

Para ello, Cuevas no ha hecho otra cosa que perseguir un camino propio. En ese recorrido mandan dos esferas: en una anda con su propia búsqueda como artista tanto sonora como icónica y en la otra desarrolla un papel de agitador. Ambas conviven y se combinan sistemáticamente en un perfil único. Una referencia cara al público y un ejemplo para otros artistas del entorno latino mundial, como Bad Bunny pero también varios en España de generaciones anteriores y posteriores a él o de su misma quinta. “Lo conocí porque compartimos algún día estudio en la República Dominicana. Le hice frisuelos, tomamos mezcal, cantamos karaoke y me dijo eso: ‘Voy a fijarme en lo que tú haces”. Nota aquí.



Raúl Porchetto

 

Adriana Varela

 


Rafa Mora

 ACTOS DE AMOR

Hay actos de amor que ensanchan la luz del horizonte.
Que se abren paso entre la oscuridad y el vértigo.
Que acompañan la estela del dolor
y la disipan con una ternura hermosa e incondicional.
Hay actos de amor que nos hacen llorar entre bambalinas.
Cuando la luna agradece el gesto y tus lágrimas recuerdan lo que somos:
un suspiro del mundo.
Hay actos de amor que beben el tiempo de la soledad.
Que hacen brotar la vida bajo la tierra quemada.
Allí donde no nace el sueño,
porque el sueño durmió hace años entre primaveras baldías.
Hay actos de amor que te honran.
Que escriben lo que eres.
Que describen lo que has sido:
un puente en la senda de alguien;
una orilla,
donde espera otro río.



Lucho Milocco & León Gieco

 

Luis Quintana