martes, enero 27, 2026

Víctor Heredia & Amigos

 

Víctor Manuel

 Víctor Manuel, el nieto del picador Vitor, cantará en el pozo Barredo en su Mieres natal ante 3.500 personas por San Xuan

El cantautor mierense presentará su gira 'Solo a solas conmigo' el 19 de junio. Su último concierto en solitario en 'su casa' fue hace más de 35 años.

La fuerte vinculación del cantautor asturiano Víctor Manuel con la minería y su ciudad natal, Mieres, se ha visto reflejada en sus canciones más memorables desde 'El abuelo Vitor', el picador al que la abuela María escondía su tabaco, como tantas veces cantó en sus conciertos, hasta el dolor y la solidaridad de la familia minera ante las tragedias tantas veces repetidas en las explotaciones asturianas que evocaba en 'Traigo la camisa roja' y 'La planta 14'.

Su útimo concierto en solitario en la Villa del Caudal -como es conocido Mieres por su ubicación en la cuenca minera del Caudal- fue hace más de 35 años, de ahí que el próximo 19 de junio, cuando presente su última gira 'Solo a solas conmigo' las 3.500 personas que se acerquen al pozo Barredo podrán disfrutar de un espectáculo que trasciende la música y que para los asturianos y asturianas es mucho más que un evento musical, al convertirse en todo un acontecimiento cultural.

La primera vez que Víctor Manuel se subió a un escenario en su ciudad natal fue en 1978 en el Teatro Capitol, donde ofreció una actuación íntima con su concierto en solitario para presentar 'Soy un corazón tendido al sol'.

Hijo predilecto

Doce años después, en 1990, volvió al Prau Socuello, en los Mártires de Valdecuna, coincidiendo con su nombramiento como Hijo Predilecto, a un acto al que acudieron 27.000 personas.

Víctor Manuel no volvería profesionalmente a Mieres hasta el año 2005 cuando acudió al campo de fútbol del Batán para interpretar 'Una canción me trajo aquí' aunque en esta ocasión se subía al escenario acompañado de su mujer, la artista Ana Belén.

Su importancia para la ciudad

Aunque profesionalmente han sido contadas las ocasiones en las que ha actuado ante sus 'paisanos y paisanas' en su concejo natal, Víctor Manuel sí ha podido estar presente en varias ocasiones para participar en actividades culturales puntuales, según ha confirmado el Ayuntamiento de Mieres, que ha destacado especialmente la importancia del músico en la historia de la ciudad.

El próximo 19 de junio es una cita imprescindible para conocer 'Solo a solas conmigo' ya que el entorno no puede ser mejor. El Pozo Barredo es una mina subterránea de carbón, sin actividad desde el 31 de julio de 1995, que se encuentra situada dentro del casco urbano de Mieres. Nota aquí.



Daniel Hare & Ricardo Galán

 


Leiva & Catalina García

 


David Uclés

David Uclés se retira de un evento sobre la Guerra Civil por la presencia de José María Aznar e Iván Espinosa de los Monteros

El coordinador del acto, Arturo Pérez-Reverte, responde en un comunicado que es “una imperdonable descortesía y un incumplimiento de su compromiso”

El escritor David Uclés ha anunciado en un vídeo para redes sociales que no participará en el evento 1936: La guerra que perdimos todos, coordinado por Arturo Pérez-Reverte y Jesús Vigorra, dentro del festival Letras en Sevilla, que se celebra del 2 al 5 de febrero en la capital andaluza. Esta tarde, los organizadores del acto han respondido a Uclés en un duro comunicado.

El motivo de la decisión de Uclés es la presencia en el mismo cartel del expresidente del gobierno José María Aznar y el exsecretario general de Vox Iván Espinosa de los Monteros. “Vi que en el cartel, además de escritores o articulistas, figuraban políticos que han hecho zancadillas a valores democráticos y a medidas que nos conforman como una sociedad moderna y empática”, cuenta en conversación con este periódico el autor de La península de las casas vacías y flamante ganador del premio Nadal.

Antonio Maíllo, coordinador de Izquierda Unida, también ha cancelado su asistencia, según ha anunciado en un comunicado en redes sociales, por no estar de acuerdo en cómo se han difundido los actos: da la impresión, a su juicio, de que los participantes comparten la tesis del título.

A Alberto Ruiz-Gallardón, exministro de Justicia, también en el cartel, le afea Uclés sus políticas con respecto al aborto. A Aznar, la guerra de Irak, “que tuvo consecuencias desastrosas”. A Espinosa de los Monteros, su pasado en un partido, Vox, “que hoy está amenazando la democracia y la tranquilidad en nuestro país, ya sea proclamando arengas xenófobas que acaban en episodios como el de Torre Pacheco, ya sea censurando actos literarios —como me pasó a mí en tres ocasiones—, ya sea queriendo quitar leyes a favor del derecho al aborto o del matrimonio igualitario, que tanto nos han costado. Tantísimas cosas atroces... Lo más grave: tejer una trama en TikTok para convencer a los adolescentes de que les voten, metiéndoles en la cabeza el Cara al sol”. Nota aquí.





Joan Camps & Raúl Parra

 


Alba Flores

 


Fernando Lobo

 CiberCanción de Autor nos cuenta por Facebook.

𝐉𝐚𝐳𝐳𝐯𝐢𝐥𝐥𝐞, 𝐥𝐚 𝐠𝐮𝐚𝐫𝐢𝐝𝐚 𝐝𝐞𝐥 𝐋𝐨𝐛𝐨
En la penumbra cómplice de la sala Jazzville, Madrid escuchó aullar bajito. Porque cuando Fernando Lobo canta, no muerde: acaricia. Lobo de voz mansa y colmillo poético, fue dejando huellas sobre el escenario, marcando territorio con canciones que saben a sur, a viaje largo y a palabra bien dicha. Inició el concierto haciéndonos una confesión y es que pecaba de “hablautor", lo que hizo el concierto, si cabe, más disfrutado. Un conciertazo para celebrar 25 años en la música, entre temas antiguos y nuevos, “muchos casi éxitos”, defendiendo las letras como columna vertebral, sostenidas por ritmos y armonías de excelente factura. “Localista y militante provinciano”, se permitió el lujo de reivindicar a capela a Fernando Quiñones, demostrando que lo universal también nace en la esquina de cualquier barrio de cualquier provincia. El escenario se pobló de colegas y afectos para acompañar al bardo gadita. Con Antonio de Pinto se cantó una milonga que cruzó orillas; con Antonio Toledo, una casi “canción protesta”. Con Alberto Alcalá se arrancó por décimas, y con Amanda Sorokin resonó la palabra de Juan José Téllez. Junto a Pedro Mundo Chillón hubo antropología francesa con anglicismos y galicismos, y con Pía Tedesco y Guada la noche sumó coros, lecturas y complicidades. El escenario se ensanchó con la complicidad de El Kanka, que se sumó como colaboración en directo. Juntos compartieron canción y sonrisa, confirmando una amistad artística forjada en el respeto mutuo y en esa manera parecida de entender la canción como refugio y espejo. Fran Fernández, anfitrión generoso, se quedó sin subir a cantar, pero sostuvo la casa. Entre anécdotas —las llamadas inesperadas de Joan Manuel Serrat— y el viaje con “Buslag” de ocho horas por la situación que atraviesa el ferrocarril en estos días, Lobo demostró que no llega cansado, y canta despierto. Y cuando aúlla en Jazzville, Madrid escucha. Y entre el público, la platea también aullaba en silencio. La sala estaba sembrada de talento amigo, de esa rutilante cantidad de artistas y amigos que vinieron a escuchar y dieron calor y luz al local. Allí estaban María Mary Rozalén, Gonzalo Escarpa, Javier Batanero, Fran Espinosa y Luis María Pérez Martín, entre otros que quisieron acudir a verle. Amigos, cómplices, compañeros de camino: una constelación discreta que confirmaba que lo de Fernando Lobo no es solo un concierto, sino una forma de estar en el mundo, rodeado de tribu, palabra y música compartida. Más allá del escenario, Fernando Lobo se revela tal como canta: afable, cercano, generoso en la palabra y en la escucha. Hay en él una poesía contrastada, curtida en lecturas, en escenarios, en viajes y en barra de bar, pero también una mirada limpia que no presume de erudición aunque la tenga. Porque Lobo no solo compone: investiga la canción, la estudia, la rastrea en sus raíces populares y literarias, la compara, la desmonta y la vuelve a armar con oficio y libertad. Su música suena sólida y viva a la vez. Cada tema está construido con respeto al ritmo, al silencio y a la armonía, con arreglos que nunca eclipsan al texto, pero lo empujan, lo mecen, lo hacen respirar. Blues, milonga, rumba, décima, canción de autor o aire carnavalesco conviven sin fricción, como si siempre hubieran sido familia. En directo, esas canciones crecen: se vuelven más hondas, más lúcidas, más necesarias. Y entonces el Lobo no aúlla solo: convoca, reúne la manada, y deja claro que su arte no es un destello pasajero, sino un fuego lento, trabajado y profundamente honesto.
Fuimos felices gracias al Lobo.



















Narea & Puche

 


Gabriel Tuya

 


Juanlu Mora


 

Mariona Fernández


 

Idígoras y Pachi

 


lunes, enero 26, 2026

Charly García

 Charly García sorprendió en Punta del Este y emocionó a todos en un show de León Gieco y Agarrate Catalina

El músico viajó de imprevisto y revolucionó a fans y artistas con su presencia en una noche inolvidable. El video.

El verano en Punta del Este vivió un momento inesperado y cargado de emoción: Charly García reapareció en público y volvió a demostrar que su magnetismo sigue intacto. Este fin de semana en Punta Ballena, el ícono del rock argentino sorprendió al presentarse de imprevisto en un show de su amigo León Gieco, quien estaba acompañado por la murga Agarrate Catalina. La presencia de Charly marcó la noche, regalando una postal inolvidable para los fanáticos y músicos que lo vieron llegar en silla de ruedas, vestido de negro y con anteojos oscuros, esbozando sonrisas y gestos de complicidad.

La expectativa por una posible aparición sorpresa de Charly en el escenario se sumó al clima general de entusiasmo entre el público y los músicos. La sola presencia del artista generó una revolución y anticipó días de descanso, reencuentros y, quizás, nueva música en vivo. Para los que estaban allí, la escena fue un recordatorio del lazo especial que García mantiene con el público uruguayo y de cómo, aun en la intimidad de una escapada, su sola presencia es motivo de celebración colectiva.

El magnetismo de Charly no solo residió en su figura, sino también en los lazos que lo unen con otros referentes de la música argentina y uruguaya. El cruce de caminos con Gieco, Agarrate Catalina y el Zorrito Von Quintiero en una misma noche dejó una muestra del valor de la amistad, la complicidad y la historia compartida sobre y fuera del escenario. Testigos de distintas épocas y protagonistas de algunas de las páginas más recordadas del rock nacional, los músicos volvieron a encontrarse, esta vez desde el costado del escenario mientras disfrutaba de la música, en una noche que quedará grabada en la memoria de todos los presentes.

Asimismo, la llegada de García al Este uruguayo fue mucho más que la aparición de una leyenda: fue un auténtico bálsamo emocional en una noche ya atravesada por cruces simbólicos entre generaciones, estilos y territorios del Río de la Plata. Gieco y la murga desplegaron un repertorio potente y popular, pero la emoción subió aún más cuando el público notó la presencia del ídolo, que saludó y se dejó fotografiar en medio de la ovación y los gritos de admiración.

Charly llegó acompañado por su histórico amigo Fabián Zorrito Von Quintiero y por Leandro Quiroga Ferreres. En el aeropuerto de Punta del Este lo esperaban fanáticos, periodistas y amigos, todos listos para registrar ese instante único. El equipo de Farándula Show capturó el momento en que, tras los saludos y una breve charla con la prensa, donde Charly bromeó sobre la posibilidad de descansar o de tocar junto al Zorrito, el grupo organizó la agenda de la noche. El plan fue primero una parada en el hotel para reponerse del viaje y luego el reencuentro con la música en el mítico local de Punta Ballena. Nota aquí.






Norberto Jansenson

 


No Te Va Gustar & Catalina García

 

Alejandro Sanz

 “La depresión no era tristeza, era una falta absoluta de sentimientos”

El cantante español prepara una nueva gira tras el lanzamiento de su disco ‘¿Y ahora qué?’ y el próximo estreno de un documental que celebra su obra.

En enero de 2019 Juan Guaidó, frustrado presidente de Venezuela, llamó a Alejandro Sanz, una de las grandes naturalezas de la música de habla española, para agradecerle que se preocupara por el porvenir de su país. Lo que el cantante español le dijo a EL PAÍS entonces, acerca de aquella ocasión frustrada, fue que “aquel había sido el mayor error de Maduro, impedir la acción parlamentaria de la oposición [que había] salida de las urnas”. Siete eneros después el artista madrileño, y de todas partes, de 57 años, rememora aquel episodio. Coincide la actualidad con dos acontecimientos propios, el estreno el próximo 27 de enero de un documental en el que se celebra su obra, Cuando nadie me ve, en Movistar Plus+, y una larga gira que comienza el 13 de febrero en Latinoamérica, continúa en abril en Estados Unidos y le trae a España para actuar en estadios en junio. Todo ello, después de un 2025 que el artista cerró preguntándose ¿Y ahora qué?, frase que da titulo a su último disco, el primero en cuatro años.

Pregunta. ¿Cómo vivió usted aquel momento de 2019?

Respuesta. Se ha vuelto todo tan enrevesado, tan difícil de explicar, tan difícil de justificar. Sigo pensando que ese tipo de régimen es nefasto, no solo para ese país, sino para cualquiera al que le toque vivirlo. Y al mismo tiempo me da mucho miedo y me asombra la forma que está tomando la geopolítica mundial. Se produce un pistoletazo, saltan por el aire una serie de cosas y nadie va a dar explicaciones a nadie. Ahora mismo creo que se necesita la diplomacia mucho más que nunca. Los valores, la diplomacia, la empatía, la solidaridad, se han tirado por la ventana.

P. ¿Cómo puede ayudar la música?

R. La música tiene el poder de ponerle un foco a las cosas. La música sirve de refugio, pero no de solución. No somos trincheras, somos búnkeres. Es muy diferente. Nosotros esperamos que la gente se refugie en nuestras canciones, que se pueda aislar. En los conciertos digo mucho esto: “¿Os habéis dado cuenta de que llevamos dos horas y media aquí y nadie ha pensado en nada que no sea la música?”. No lo pensamos mucho, pero es verdad: ese es el poder de la música.

P. ¿Hasta dónde necesita usted la música?

R. He aprendido a convivir con ella porque la necesito, pero no quiero ser dependiente de ella en el sentido de tener que cubrir todas mis expectativas emocionales con ella. Así que también he de seleccionar mucho. Es como si eres cocinero y te lo comes todo. No se puede comer de todo.

P. ¿Cuándo se dio cuenta de que la música iba a ser su vida?

R. Desde que yo era muy chico. Era un gran devorador de música y de libros. Era mi alimento espiritual. Nunca me lo planteé como un oficio. Me preguntan si yo soñaba con la música. Yo no soñaba, yo vivía. Y, claro, primero quise tener una guitarra, luego quería tener un grupo, después quería viajar, quería componer una canción. En fin, quise ser, eso sí, guitarrista flamenco. Nota aquí.



César de Centi


 

El Jose & Aula de Flautas del CSM Bonifacio Gil de Badajoz

 


Fernando Pessoa

 Biografía descomunal del solitario Fernando Pessoa

Richard Zenith entrega una minuciosa y abarcadora memoria del escritor portugués que ratifica su sentimiento de aislamiento radical.

Apenas nadie supo nada de Fernando Pessoa hasta varias décadas después de su muerte en 1935, y hoy en cambio somos capaces de leer una biografía de 1.400 páginas con una cronología casi microscópica de sus avatares: un baúl gigante ha seguido suministrando información nueva hasta principios del siglo XXI, y esta descomunal biografía de Richard Zenith se beneficia de todo ello como ninguna otra antes.

Es verdad que, a ratos, la minuciosidad analítica casi causa impaciencia y no siempre empujan la lectura las excursiones informativas de contexto histórico. A cambio, ese microdetallismo permite saber que el último libro que recibió en su etapa de formación en Durban (Sudáfrica) fueron unas Obras completas de Shakespeare que lo turbarían en el viaje de regreso a Lisboa, en 1905, como adolescente que estaba consolidando de forma impresionante su cuadro ficticio de sociabilidad íntima. Lo demuestra muy bien Zenith: Pessoa mantiene correspondencia ya desde Lisboa con personajes que conoció en Durban (donde se escolarizó al acompañar a su madre y a su padrastro como cónsul portugués allí), pero en realidad no existieron nunca. Las cartas que recibe Pessoa a sus 14 años y los personajes que las firman son de ficción, como también lo es el autor del poema que manda por entonces a la conocida revista británica Punch, aunque la carta que escribe sí lleva su firma (real, si algo es real en el mundo de Pessoa). Ese fue el origen del mundo literario que iba a construir, y también de su desbordante identidad plural.

No publicaron el poema —por supuesto, escrito en inglés—, pese a que en él se había propuesto, con 16 años, “alcanzar lo ridículo mediante la suma de lo serio y lo grotesco”, según escribe en la carta. Es delator que un poco después, abandonados los estudios universitarios de letras recién empezados, Pessoa se obstinase en identificar la genealogía de su propia genialidad en otros genios, al hilo del impacto que le causó Degeneración de Max Nordau, todavía recordado por él en una entrevista de 1932 como libro crucial de su formación y tan presente en el omniabarcador Libro del desasosiego, que firmó como Bernardo Soares, y omnipresente, con razón, en la biografía de Zenith.

Las múltiples y dispersas notas confesionales conservadas ratifican un sentimiento de soledad radical y la incapacidad de generar en los demás lo que su heterónimo y, en realidad, alter ego, Bernardo Soares llama “una simpatía violenta”. Equivalía a sentirse “tan solo como un barco que naufraga en el mar” (como dice una de esas notas, al hilo de una traducción de Ignacio Vidal-Folch que fluye sin obstáculos). No sería exactamente así, porque frecuentó los núcleos de la nueva literatura desde muy temprano —su filiación semihomoerótica con Mário de Sá-Carneiro o su desdén por Almada-Negreiros (’no es un genio’), su colaboración en Orpheu y en Presença, etc—, pese a los múltiples fracasos que cosechó tras fundirse una sustanciosa herencia de una abuela tras fundar un conato de editorial. Solo pudo o supo ganarse la vida como ocasional crítico y poeta, y sobre todo como traductor y escribiente de cartas comerciales en inglés y francés para empresas de exportación.

Zenith da espacio importante a la relación entre Pessoa y uno de los hermanos de su padrastro, Henrique Rosa, escritor sin suerte, pero determinante para convertir al joven en un progresista republicano y anticlerical de firmes convicciones pesimistas y paradójicamente racionalista. Ahí nace el impulso de otro de sus infinitos proyectos, un panfleto anticlerical en inglés y, como casi todo en él, también inacabado: “Casarse por la iglesia es una estupidez”. Amén, lo cual no quita para que no se curase nunca de una misoginia correosa de fondo ni superase tampoco una ineptitud o atrofia sexual tanto hetero como homosexual hasta su muerte a los 47 años. Es verdad también que la intermitente relación amorosa con Ofelia Queiroz —registrada en infinitas cartas— no fue exactamente vulgar: “Eres ácido sulfúrico” fue la enigmática frase que una vez le dictó a Pessoa la pasión amorosa por Ofelia…

En una carta de 1935 confiesa que “desde que me conozco como siendo aquello a lo que llamo yo [¿no es de una impactante genialidad esta frase?], me acuerdo de haber definido —en figura, movimientos, carácter e historia— diversas figuras irreales que, para mí, eran tan visibles y mías como las cosas de aquello a lo que llamamos, acaso abusivamente, la vida real": que para Pessoa es la “tendencia a crear en torno a mí un mundo ficticio, a rodearme de amigos y conocidos que nunca existieron”. Sí, son sus heterónimos, o excrecencias literarias sobre el papel de su personalidad imaginativa e incontinente. Desde los periódicos y revistas que fabricaba a mano en la primera adolescencia, llenos de autores inventados, hasta el parto en 1914 de los heterónimos gigantes (los deslumbrantes y profundamente dispares poetas Alberto Caeiro, Álvaro de Campos, Ricardo Reis), se despliega un colosal mosaico de invenciones fiel a la profecía de Pessoa en 1912 sobre la aparición inminente de un Gran Poeta portugués que rivalizaría o incluso eclipsaría a Luis de Camões: era evidentemente él, el Supra-Camões. Nota aquí.