jueves, abril 02, 2026

Tute

 


miércoles, abril 01, 2026

Gracias !!!

 


Pablo Cano

 Fernando nos cuenta en su Blog.

2 - ASÍ ES "FLOR DE HABANERA" –"OPERA PRIMA" de PABLO CANO–: UN DERROCHE DE LATIDOS, SENSIBILIDADES Y DE LA MÁS AUTÉNTICA "CANCIÓN DE AUTOR".

Hoy este segundo "cuelgue" dedicado al disco "FLOR DE HABANERA", del joven cantautor sureño PABLO CANO, voy a iniciarlo compartiendo un texto del periodista JUAN JOSÉ TÉLLEZ en el que nos habla de Pablo y de su primer disco. 

Le pedí a Juan José –periodista y escritor profundamente crítico y cercano a nuestra "canción popular y de autor"– que participara en esta crónica aportándonos su valoración del trabajo de Pablo y de su "FLOR DE HABANERA". Téllez que, por otra parte, fue buen amigo de Carlos Cano, nos cuenta:

En este artesanal trenzado del "canasto creativo" que es "FLOR DE HABANERA" –hermosísima "explosión emocional"– Pablo Cano ha trabajado durante tres años buscando sus raíces, realimentando su memoria y escudriñando en sus búsquedas y hallazgos las "claves de su identidad". 

Apasionada aventura en la que siempre le acompañó y dio fortaleza Eva –su madre– y en la que estuvo especialmente presente su padre como un referente esencial, al que perdió de muy pequeño y al que le urgía recuperar y sentir lo más cerca posible.

Sin duda un reto difícil, de gran complejidad y en algunos momentos triste y desgarrador al sentir el incomprensible distanciamiento y rechazo de algunas persona muy cercanas al amor y la admiración que sentía hacia su padre.

La luz, o mejor, el destello luminoso, fértil y esperanzador surgido tras aquellos tres años de reflexión y búsqueda –refiriéndome aquí a su identidad poÉtica y musical– fue la creación de "Flor de habanera": nueve canciones vitales que nos transportan desde su infancia hasta la actualidad gracias al bolero, el fado, la chacarera, la cueca, la milonga, o el tanguillo... Todo ello impregnado de un sonido con reminiscencias a la canción de autor y al jazz. Crónica aquí.
















Alfonso del Valle

 


El Chojin

 

Casa Mocha

 El restaurante de la quebrada que encontró su refugio en una casa de 187 años de antigüedad

Casa Mocha reúne arte, cultura y sabores de la Quebrada de Humahuaca en mesas comunitarias con un menú que fusiona recetas andinas y libanesas

“Huacalera es el pueblo del futuro, por eso es el pueblo del silencio”, dice Rocío Manzur desde Casa Mocha, un restaurante conceptual dentro de una casa típica de adobe y techos de madera de cardón de 187 años, que reúne arte, cultura y sabores de la Quebrada de Humahuaca en mesas comunitarias donde se cuenta la historia familiar y se presenta una rareza: un menú que fusiona recetas andinas y libanesas.

“Te sentás, ves el cielo, perdés la noción del tiempo y te conectas con vos y los silencios de la Quebrada”, sostiene Manzur. Ella es la tercera generación de una familia que llegó a principios del siglo XX desde el Líbano. Su abuelo Pedro fue muy querido e importante, vendía frutas y verduras en todo este luminoso territorio declarado por la Unesco como patrimonio de la Humanidad.

“La casa de los abuelos”, así llaman a “Casa Mocha”. La familia la compró en 2022 y la restauró conservando su esencia original. “Es un homenaje a los abuelos de la familia que fueron pioneros, pero también a los simbólicos de los cerros”, dice Manzur. Se trata de una tradicional construcción quebradeña. Una larga casa con ladrillos de adobe y pequeñas aberturas que la protegen del calor, el frío y el impiadoso viento de altura que arrastra polvo, pero, sobre todo, historias.

¿Por qué Casa Mocha? Sucede en la Quebrada algo similar a lo que sucede en las grandes regiones de nuestro país, como la Patagonia: hay palabras que trascienden fronteras y viajan por el mundo. También señales propias, códigos y lenguajes que solo se pueden hallar en esas tierras, por eso tal es la fascinación que producen en turistas de todo el mundo. “Las casas mochas son las casas que no tienen techo”, explica Manzur.

En tiempos inmemoriales cuando aún no existía el sol, se cuenta en los cerros, existían pequeñas casitas con mínimas aberturas donde vivían Los Antiguos. Presencias elementales que no podía ver ninguna fuente de luminiscencia. Cuando los creadores hicieron el sol, se murieron. “La figura de Los Antiguos pasa a la de Los Abuelos”, cuenta Manzur. Sobre la ancianidad se tiene un profundo respeto en estas tierras altas. Nota aquí.





Vicente Ferrer




Hugo Alconada Mon

 

Félix Maraña

 NUEVO FERVOR DE SILOS

El Monasterio de Silos
rima con horas y preces
que elevan los feligreses
y musitan con sigilos
benedictinos estilos,
con el rumor de las mieses.
La antena de sus cipreses
enhiestos, donde los mirlos
trinan por sobre los tilos
y del silencio enmudeces.
Y los trigos y las mieses,
y el tantán del campanario
trenzan un vocabulario
con armonía que creces,
una, cien, hasta mil veces,
al son de su gregoriano
que hace del enfermo sano
y al creyente da emoción.
La piedra, con su canción,
crea un viento más humano.
Queda registrado en pliego,
por el tiempo de los tiempos,
en este y en otros templos,
para solaz y sosiego,
lo dijo Gerardo Diego,
la oración y la plegaria,
en la historia literaria,
la civil y religiosa,
con el soneto y la glosa
de su prez originaria.
Y durante noche y día
se hospedan los peregrinos,
perdidos por los caminos
en la histórica abadía,
al coro y la melodía
de armónicas canciones
que curan los corazones
a quienes llegan cansados
y reposan encantados
sus piadosas ilusiones.
Los monjes han ideado
un sistema natural,
con energía cabal,
con un ingenio adecuado,
un proyecto financiado
de biomasa renovable,
un programa saludable
de ahorro y ecología.
Confortable la abadía
y la estancia, confortable.



Iván Noble

 


El Roto

 


martes, marzo 31, 2026

Titxu Vélez & Rafa Pons

 

Alfonso del Valle

 


Rodolfo Serrano

 Otras vidas

Si los dioses me dieran otras vidas,
tal vez repetiría
aquel viaje en automóvil por la pampa.
Buscaría en Ushuaia la cabaña
en el bosque de lengas
o viviría de nuevo la belleza
de un San Petersburgo por la tarde.
Si tuviera otras vidas, tal vez me sentaría
en el mismo Cerro de Montevideo,
o entraría en la misma librería de San Telmo
y buscaría los libros de Neruda
editados por Losada.
Si los dioses alargaran la vida que hoy no tengo,
iría, por fin, hasta Santiago,
buscaría La Alameda y pasearía
como pasean hoy los hombres libres.
Si tuviera más vidas,
seguramente iría hasta los mares
donde Ahab perseguía a la ballena,
y atracaría en la isla donde Stevenson
contaba historias de piratas y tesoros.
O abriría con Marlowe
una oficina de detectives en Los Ángeles.
O entraría, como siempre, en las tabernas
de Madrid y bebería
en silencio mientras veo pasar la vida.
Tantas vidas, ay, que no he tenido.
Tantos recuerdos de lo que no fue.
Mas de todas las vidas que deseo,
si los dioses me las dieran y pudiera
elegir, elegiría, sin dudarlo,
volver a sentir tus manos por mi carne,
observar cómo bebes una copa
de vino y me dijeras,
como hiciste aquel día:
¿Puedo saber qué miras?”.
Y me comieras a besos
igual que hiciste entonces.
(Tú, mi único viaje, el más hermoso).
Foto de Raul Cancio.



Los Pericos & Abel Pintos

 

Nach


 

Juanlu Mora

 


Teresa Parodi, Doña Bastarda & Shitstem

 

Diego Torres


 

Ramón Serrano

 IDENTIDAD MÁGICA

Yo sigo siendo yo
tanto antes como después de Vila-Matas
yo sigo siendo yo
tanto antes como después de Kafka
yo sigo mis propias huellas
tanto tiempo atrás
por el condado de Yoknapatawpha
aunque Jeferson esté en el Mississippi
y yo tenga una silla reservada en las barcelonesas Ramblas
un sillón Voltaire en el sitial de Martín Romaña
y una caravana en mi propia casa
ahora me siento en el sofá de siempre
desde donde oteo la Luz de lontananza
desde dónde sigo siendo yo
deslumbrado por una sonrisa que se sabe observada
de eso sabe mucho la barcelonesa Catina
como la chilena Paula
yo sigo siendo yo
tanto antes como después de aquella madrugada en el parque de Parma
yo sigo siendo Tata Ramón
antes y después de su mirada.



Ferran Exceso

 


Luis Pastor




Rosalía

 Rosalía en Madrid: el Lunes Santo que vivimos en la gloria

La cantante inicia sus ocho noches en España demoliendo el concepto del concierto de pop con una apabullante propuesta multidisciplinar, una gran exhibición vocal y una concepción artística rabiosamente contemporánea   

La gran noticia del inicio del concierto de Rosalía no fue que saliera de una caja ataviada con un tutú y zapatillas de punta; tampoco que permaneciera cual estatua para interpretar con una voz exultante Sexo, violencia y llantas; ni siquiera que la veintena de miembros de la británica Heritage Orchestra tomaran posiciones en la pista en un dibujo en cruz mientras sonaba por los altavoces Angel, de Jimi Hendrix (¡chúpate esa: Hendrix en un recital de Rosalía!); ni lo simbólico de cantar estos versos en un Lunes Santo: “Primero amaré el mundo y luego amaré a Dios”. No: lo que dio la sensación de que Movistar Arena iba a ser el lugar más seguro y acogedor del planeta anoche se percibió en el rostro distendido de ella, visible en las pantallas laterales, con los ojos brillantes y entrecerrados y el gesto relajado que anunciaba la recuperación de sus problemas de salud que la obligaron a suspender el concierto de Milán el pasado miércoles. Vimos un semblante natural y confiado, y casi se pudieron descifrar sus pensamientos: “Estoy en forma, aquí se viene algo bueno”. Y se vino, vaya si se vino.

No podemos definir como un concierto de pop lo que se vivió anoche ante las 17.000 personas que llenaron el recinto madrileño. La cantante catalana (33 años) ofreció una escenificación poliédrica donde se engarzan disciplinas como la danza, la ópera, el flamenco, el teatro, la música sacra, el reguetón, la rumba, el tecno o el pop, y que resultó rabiosamente contemporáneo. Rosalía habitó una convicción por la teatralidad en algún lugar entre las pinturas de Goya o Degas, a las que homenajea, y la metálica, enfebrecida y nerviosa dinámica de un club de hard-tecno. Convivió en armonía y con un buen sonido la música pregrabada con una orquesta de violines, violas, contrabajo, vientos, órgano, percusiones... Ofreció mucho Rosalía y no siempre fácil para el espectador acostumbrado a los recitales masivos de pop. El público bailó y cantó, porque también existieron momentos para ello, pero se requirió abrir el foco, disfrutar de la panorámica, escuchar a la protagonista, permanecer en silencio, enterrar el dichoso móvil en el bolsillo. Saborear sin premuras, en definitiva, un recital inusual que abre vasos comunicantes entre géneros. Fue una propuesta de una artista orgullosamente exiliada de la escena musical convencional que no solo sientes que ha llegado donde debe estar, sino que una vez allí los hallazgos pueden ser ilimitados.

La indumentaria de mucha parte del público acompasó la iconografía de Lux con vestimentas en blanco, algunos encajes, túnicas, aureolas de santas y un chico juerguista que acudió directamente disfrazado de cura. En pocos conciertos de artistas españoles se puede ver a los modernos más militantes junto a padres que dejaron a los hijos al cuidado de los abuelos. Acudieron rostros populares como Pedro Almodóvar o Leiva. Lo que ha perdido Rosalía es al público infantil, que fue recurrente en su anterior gira. El miércoles repite en este mismo recinto, al igual que el 3 y el 4, luego recala en Lisboa el 8 y 9 de abril y finaliza su periplo peninsular en Barcelona los días 13, 15, 17 y 18. Nota aquí.











Morgan & Miguel Ríos

 


La Banda Sabinera

 


María Guivernau

 


Tute


 

lunes, marzo 30, 2026

Paris Joel

 


Juan Ramón Jiménez

 Primavera

Abril, sin tu asistencia clara, fuera
invierno de caídos esplendores;
mas aunque abril no te abra a ti sus flores,
tú siempre exaltarás la primavera.
Eres la primavera verdadera;
rosa de los caminos interiores,
brisa de los secretos corredores,
lumbre de la recóndita ladera.
¡Qué paz, cuando en la tarde misteriosa,
abrazados los dos, sea tu risa
el surtidor de nuestra sola fuente!
Mi corazón recojerá tu rosa,
sobre mis ojos se echará tu brisa,
tu luz se dormirá sobre mi frente…



Diego Ojeda


 

Yami Safdie & Alejandro Sanz

 

Luis González

Murió el músico Luis González del trío Vitale Baraj González: los emotivos saludos de sus amigos y colegas

A sus 79 años, el sábado pasado falleció el guitarrista y arreglador peruano-argentino. Fue despedido con profunda emoción por compañeros como Fito Páez, Pedro Aznar, Julia Zenko, Alejandro Lerner, entre otros, que valoraron su arte y su influencia en la música popular.

El mundo de la música latinoamericana despidió este fin de semana a una de sus figuras más queridas y respetadas: Luis Alejandro González Cárpena, conocido popularmente como Lucho González, el maestro de la guitarra criolla. La noticia de su muerte, a los 79 años, fue anunciada por el Instituto Nacional de la Música (INAMU) y rápidamente generó una ola de mensajes, homenajes y recuerdos por parte de colegas, alumnos y amigos que encontraron en Lucho no solo a un músico talentoso, sino a un verdadero puente entre culturas, géneros y generaciones.

Nacido en Lima el 25 de noviembre de 1946, González llegó a Buenos Aires a los pocos meses de vida. Creció en un entorno atravesado por la música: su padre, Javier González, integraba Los Trovadores del Perú, y fue en ese clima familiar donde Lucho comenzó a tocar la guitarra desde muy chico, desarrollando su talento de manera empírica y mostrando desde temprano un interés especial por la composición y los arreglos. A lo largo de su extensa trayectoria, participó en proyectos y grabaciones junto a artistas de distintos países y estilos. Fue guitarrista y arreglador de Mercedes Sosa, Eva Ayllón, Pedro Aznar, Fito Páez, Tania Libertad, Vicentico, Sandra Mihanovich y Juan Carlos Baglietto, entre otros. Integró el trío Vitale-Baraj-González, así como otras formaciones históricas como Nebbia-Baraj-González, y participó en el proyecto Los Hijos del Sol, grabado en Los Ángeles junto a músicos de toda Latinoamérica.

Como solista, grabó dos discos clave: “Esta parte del camino” y “Chabuca de cámara”. Además, desarrolló una labor docente que lo llevó a diferentes puntos del país y de la región, con su sistema de enseñanza “siembra musical”, dejando huella en la Universidad Nacional de Villa María y en distintos conservatorios y universidades de América Latina. También realizó capacitaciones de armonía estructural para el INAMU. Su trabajo supo articular elementos del folclore peruano, argentino y brasileño, logrando una síntesis original y profundamente emotiva.

La noticia de su partida conmovió particularmente a aquellos músicos que compartieron escenarios, grabaciones y amistad con él. Uno de los primeros en despedirlo fue Fito Páez, quien escribió en Instagram: “Lucho González fue uno de los amores de mi vida. Una persona entrañable, artista apasionado y maestro del bien dotado con el don de la música. Fue uno de mis referentes totales y un faro de luz dentro de la música peruana”. Fito recordó la influencia de Chabuca Granda, la curiosidad inagotable de Lucho y su capacidad para rearmonizar e improvisar sobre cualquier música. “Tuve la suerte de verlo en acción. De tocar con él y verlo inventar los riffs ininteligibles de ‘Detrás del muro de los lamentos’ y ‘Tu sonrisa inolvidable’. Lleno de amor, conocedor de los arrabales del mundo y las esferas celestes. Te voy a extrañar mucho, Lucho de mi alma”. Nota aquí.



María Tena

 


Joan Manuel Serrat

 

Leonardo Padura

 “En mis libros no hay una sola mentira sobre Cuba; ése es mi escudo para enfrentar mis miedos”

Charla con el gran narrador cubano a propósito de su novela “Morir en la arena” y también del duro momento económico, político y social por el que atraviesa la isla, mientras se esperan acciones cruciales por parte de Estados Unidos.

Es narrador, periodista y guionista y se lo conoce tanto por la delicada construcción de sus novelas como por el modo en que su país y su cultura aparecen retratados en sus libros. Leonardo Padura estudió Literatura Latinoamericana en la Universidad de La Habana, trabajó como periodista y es autor de una obra premiada por la crítica y por los lectores: el suyo es uno de los nombres más reconocidos de la literatura escrita en español.

Fue ganador de varios premios, entre ellos el Princesa de Asturias de Letras en 2015 por la totalidad de su obra. Famoso por títulos como Pasado perfecto, Adiós Hemingway, La neblina de ayer y La transparencia del tiempo, que tienen como protagonista al cínico y pesimista Mario Conde, Padura es también autor de La novela de mi vida, Como polvo en el viento, Personas decentes y la destacadísima El hombre que amaba a los perros, que construye la vida de Ramón Mercader, el asesino de Trotsky. Su más reciente novela se llama Morir en la arena (Tusquets), está basada en una historia real y es acaso la más triste y sórdida de todas.

Rodolfo es un hombre mayor, acaba de jubilarse. Vive, como la enorme mayoría en Cuba, en estado de miseria crónica, cuidando cada centavo y cada gramo de comida y con apagones constantes. Con cierta tendencia a la depresión, afectado por el trauma de haber combatido en la Guerra de Angola y sobre todo por el cruento asesinato de su padre a manos de su hermano mayor, Geni, pasó toda su vida enamorado de Nora, su cuñada, quien antes de ser la mujer de su hermano fue su novia y su gran amor. Un día, inesperadamente, a Rodolfo y a Nora les llega la noticia de que van a liberar a Geni porque está muy enfermo, a punto de morir. Todo el pasado se hace entonces presente.

Junto con esta historia de amor y muerte está la Cuba contemporánea. La de las construcciones que se desgajan y que nadie está en condiciones de reparar. La de la decepción y la amargura. La que se fue quedando vacía de hijos, que eligieron abandonar el país. La que resiste sobre sus mitos revolucionarios. La que habilita espacios para los negocios de unos pocos mientras la población apenas sobrevive. La que necesita desesperadamente creer en algo. Nota aquí.



Yoly Saa

 


Salvador Amor

 


Carmen Maura

 Carmen Maura se desnuda a los 80 años: “Me caen bien los señores, pero ya no me interesan”

Tuvo que enfrentarse a su familia y a su clase social para dedicarse a la interpretación. En el proceso, en plena Transición, se convirtió en una estrella y ayudó a crear un nuevo modelo de mujer española. A sus 80 años, sigue rompiendo moldes. En su última película protagoniza el primer desnudo de su carrera.

“¿No va a venir nadie a recibirme?”. Una figura menuda pero poderosa irrumpe en el estudio fotográfico. Carmen Maura (Madrid, 80 años) entra en escena. Es pequeña y delgada, pero su voz, una de las más inconfundibles del cine español, es rotunda. No parece estar de muy buen humor. Luego reconocerá que ha tenido que madrugar para esta sesión de fotos y que detesta tener que hacerlo. “Me da mucha pereza levantarme temprano. Es lo que más me cansa de este trabajo. Por eso estoy todo el rato pensando en retirarme”, va a admitir. Ahora preferiría estar en su piso, en el barrio madrileño de Chamberí, con su perrita. “No sabes lo mona que es mi casa. La tengo desordenada y llena de pijadas, pero soy muy feliz ahí. Cada vez me cuesta más salir”.

En días como hoy, en los que tiene que salir pronto de la cama, es cuando más fantasea con dejar de trabajar. No se retira porque se sigue divirtiendo. Le gusta tanto la interpretación que lleva casi 60 años ejerciéndola. Empezó de veinteañera y, desde entonces, ha hecho más de 120 películas, más de 30 obras de teatro y una veintena de programas de televisión.

En realidad, Maura empezó a actuar mucho antes. Ya de niña se pasaba el día interpretando papeles en la casa familiar, no muy lejos de donde vive ahora. “Éramos dos niñas y dos niños. Mis padres se preocupaban por las notas de mis hermanos, querían que sacaran matrículas. A nosotras nos trataban diferente. Nosotras, las mujeres, les importábamos un bledo”, recuerda. Pero ya sabía cómo llamar la atención. “Yo tenía mucho carácter. Me llamaban la gordita cascarrabias”. Fuera de casa, en el colegio, le costaba más. Se moría por actuar en las obras escolares, pero, como era “gordita y morena”, las monjas nunca le daban un papel con parlamento. “Siempre ponían a la rubia de ojos azules y a mí me ponían en el quinto infierno, haciendo de angelito callado”.

Un día, con 16 años, cansada de que la despreciaran, montó su propia producción teatral, una adaptación de Modas, sainete en un acto y en prosa, de Jacinto Benavente. Como la dirigía ella, se dio a sí misma el papel principal. Fue su primer rol como protagonista. La vio un representante teatral y le ofreció formar parte de su compañía. A sus padres, el médico oftalmólogo Salvador García Santa-Cruz y la aristócrata María del Carmen Maura y Arenzana, no les hizo gracia. Le prohibieron cualquier contacto con el teatro. En su familia podía haber duques y condes, pero no actrices.

“Para mis padres, lo de ser actriz era un horror, una tragedia. Para mi hermano mayor, todas las actrices eran putas. La actuación era como un veneno”, explica. Con 20 años se casó con el abogado Francisco Forteza Pujol, miembro de una de las familias más ricas de Baleares. Fue su manera de independizarse. “O eso pensaba yo. En realidad, pasé de la casa de mis padres a la de mi marido”. Tuvo dos hijos, María del Carmen (1967) y Pablo (1970), pero a los cuatro años se divorció. Forteza obtuvo la custodia de los niños y durante 12 años le impidió tener contacto con ellos.

“La primera semana sola fue un poco rara, pero me acostumbré a gran velocidad. Ahora me encanta la soledad. Es más, no solo me encanta, sino que la necesito. Cuando estoy con mis hijos, al cabo de 48 horas necesito estar sola”, confiesa. “La relación con ellos es un poco especial porque me los quitaron cuando eran pequeños. Luché mucho por conseguir la custodia, pero llegó un momento en que dije: no voy a perder la vida así. Se acabó, no hay niños. Hice un lavado mental yo misma diciéndome: las cosas son así, disfruta de lo que tienes”. Nota aquí.



Idígoras y Pachi

 


domingo, marzo 29, 2026

Fito y Fitipaldis