sábado, abril 04, 2026

Alin Demirdjian & Guada

 

Juanlu Mora

 


Laura Vila

 


Haydée Milanés & Pablo Milanés

 

Rosa Montero

 Viva el cine

No es lo mismo ver películas en tu televisor o en una sala. Porque es una ceremonia colectiva

Acabo de regresar de Málaga, en donde he formado parte del jurado de su formidable festival de cine. En una semana vi 22 películas, a un ritmo de al menos tres al día. He sido jurado de otros festivales y en los últimos años del franquismo fui a los fines de semana cinéfilos que se organizaban en Francia, en Perpiñán, justo al otro lado de la frontera; proyectaban hasta una decena de títulos prohibidos en nuestro país, así que te zampabas cinco largometrajes seguidos el sábado y otros cinco el domingo (así vi, por ejemplo, El último tango en París y La naranja mecánica). Con esto quiero decir que los atracones peliculeros no me son desconocidos. Pero he de confesar que en los últimos dos o tres años he ido menos a las salas de cine a causa de las consabidas justificaciones: demasiado trabajo, demasiada fatiga. Por ese caos vital que te emploma los pies y te llena de pereza, de manera que terminas viendo las películas en tu televisor, como si fuera lo mismo. Pero no lo es. Por eso la experiencia inmersiva del Festival de Málaga, y el montón de horas que pasé sumergida en esa oscuridad colectiva y vibrante, me han hecho recordar lo mucho que me gusta el cine de verdad, ese que no sólo se ve, sino que se respira junto a los demás.

Creo que hoy no se puede entender lo que supuso el cine para varias generaciones de españoles. Leo en un estudio académico que en 1965 se llegó al punto máximo de salas en España, con más de 8.000, una de las cifras más altas de toda Europa. No me extraña; era un país lúgubre y paupérrimo, un mundo que recuerdo en blanco y negro, como si la sociedad entera vistiera de medio luto por un duelo aún no superado, y el multicolor de las películas era pura vida, un sueño prestado, un delirio controlado que te salvaba del delirio real. Por entonces había muchísimos cines de barrio, grandes salas de pantallas manchadas y sonido chirriante que proyectaban dos películas en sesión continua a partir de las cuatro de la tarde; las entradas eran baratísimas y tú te metías en la sala cuando querías, a menudo en mitad de un largometraje cuyo argumento tenías que deducir hasta que podías ver la parte que te habías perdido en la siguiente sesión (a veces te gustaba más lo que habías inventado). Los programas cambiaban cada semana y por ejemplo en mi barrio (Cuatro Caminos, Madrid) podías ir andando en menos de 15 minutos a una decena de cines. ¡Y siempre estaban llenos! Llenos todas las tardes, cada día. Eran una droga, una medicina, un pulmón artificial para una sociedad que se asfixiaba. Mi bella madre, artista in pectore que nunca pudo desarrollar su creatividad y que vivió con las alas plegadas en la jaula de su pequeña vida doméstica, solía escaparse conmigo por las tardes a algún cine del barrio, a escondidas de mi estoico padre, que se mataba a trabajar y que probablemente no hubiera entendido que esos programas dobles de coloridas y luminosas mentiras eran tan necesarios para mi madre como el aire y el agua. Creo que esos cines salvaron la vida a muchas personas. Nota aquí.



Ramón Serrano

 PEQUEÑO CONSEJO

De Yadira me gusta
-aparte de todo-
la discreta indiferencia conque encaja los colores y los halagos
sabe lo que debe saber
saber estar y no aparentarlo
de Yadira me gusta
-aparte de todo-
el donaire de su fragancia
el señorial porte de su infancia
el garboso movimiento de su aire
no cambies nunca mi niña
no te muevas de tu celeste canto
canta para el clochard pelao
para el loco y para el ingenuo
para el niño y el anciano
espera que florezcan en tu mirada
los jazmines y las alboradas
el jardín marino de tus alas.



Diego Torres

 


Luis Eduardo Aute

 

Liliana Felipe

 Viva la irreverencia: tocó Liliana Felipe y hubo ironía, política y el recuerdo de su hermana desaparecida

La artista “argenmex” está en Buenos Aires dando conciertos por el aniversario del Golpe de Estado de 1976. Vuelve a presentarse el jueves 16 de abril.

Quizás el momento más alto del recital -quizás siempre lo es- fue cuando se venían los bises y el público, ya entregado, gritaba nombres de los temas que quería. “Mala”, “San Miguel Arcángel”, “Sirena con patas”. Desde el escenario, la cantante argenmex Liliana Felipe sonreía, con una mano sobre el piano. Otra vez en Buenos Aires, otra vez el ida y vuelta vibrante con la gente.

Felipe es, un poco, una artista de culto, por eso en esta función en el Teatro Empire -en Congreso- son muchos los que se encuentran, se saludan, se conocen.

La cantante cordobesa ha venido muchas veces al país del que se exilió en 1977, despues de que la dictadura secuestrara a su hermana Ester, que sigue desaparecida. Estos recitales que está dando ahora -se acaba de agregar una fecha para el 16 de abril- tienen que ver con los 50 años del Golpe de Estado. La figura de Ester está presente en ellos.

Pero, en fin, el concierto empieza cuando esta señora alta, bien puesta, vestida simplemente con un pantalón y una remera negros, con el pelo atado y sin maquillaje, se sienta al piano y toca.

Toca, con virtuosismo, un tema que escribió su mujer, Jesusa Rodríguez y que habla de cuestiones de la menopausia: “Estoy bien. Un poco cansada, irritable, deprimida, A veces siento náuseas, calambres abdominales. Pero estoy bien”. Se ríe, nos reímos, pero lo dice en serio.

Felipe ha prometido -en una canción- que cuando cumpla 80 se pondrá “calzones rojos y sandalias satinadas” y que va a ser “un mal ejemplo”. Ahora, a los 72, se la ve espléndida, dueña del escenario, con la voz intacta y segura de que el público la va a seguir cuando cante: “Las histéricas somos lo máximo/ Extraviadas, voyeristas, seductoras, compulsivas/ Finas divas arrojadas al diván de Freud y de Lacan”.

Hace unos años la artista pasó -según contó- de los Derechos Humanos a los derechos “de todos animales, incluidos los humanos”. Se volvió vegana y contraria a cualquier desigualdad entre las especies. Por eso, en esa canción que arranca: “Qué cosa es el amor/ Medio pariente del dolor/ Que a ti y a mí no nos tocó...”, cuando llega la parte que dice “Porque no sé si te gustan/ Como a mí las milanesas”, Felipe agrega, con un guiño: “de berenjena”. Ya sabemos, por acá ya sabemos. Lo mismo cuando en “Mala” está enumerando por qué y como qué es mala la chica del título, y ya no dice “como rata pelona en la basura” (¿qué tienen de malo las ratas?) sino algo así como “mala como una deuda con el FMI”.

Y aunque esto sea un cambio de los últimos tiempos, la dimensión política acompañó siempre la obra de Felipe, tanto como el humor. O las dos cosas juntas: “Como Madame Bovary, todos tenemos un amante por ahí”. Y después: “Como madame Butterfy/ Te jode un gringo y no te dice ni good bye /Como madame Pompadour/Tanta miseria nos da un toque de glamour. / Como madame Recamier /Al más payaso le decimos canciller”

Incluso en “Las histéricas”, en medio de orgasmos clitorianos y chistes con Freud, canta: “Como me duele este mundo, Segismundo/ La parálisis, la envidia, la neurosis nos gobierna/ Como me duelen los pobres, como jode la miseria/ Ora sí que lo de menos es la histeria”. Y, sí. Nota aquí.






Bernardo Atxaga

 


Abril Olivera

 

Rubén Ibero

 “LAS DOS HERMANAS”

Hay todo un continente que las llama
¡Hermanas secuestradas!,... No perdidas
Por el pirata ingles que envilecida
Ve con los hechos la razón que exclama.
¡Malvina y Soledad, mis dos hermanas!
Que la sangre argentina allí vertida
Le manche el alma al que pasa la vida
¡Desoyendo al que estéril te reclama!
¡Yo sé que ha de valer nuestro desvelo!
Más temprano que tarde y mí regazo…
Suelte al aire palomas que hoy estanca
Para que níveas alas contra el cielo
Desplieguen en su costa como un lazo
¡Formando la gloriosa azul y blanca!



Miryam Quiñones

 


Forges

 


viernes, abril 03, 2026

Pedro Pastor

 

Linaje

 


Rodrigo Cuevas

  “Mezclarte te quita el supremacismo. Ni altares, ni pocilgas. Y dejas de odiar”

Bebe de fuentes tan dispares como el folclore asturiano, la electrónica, los instrumentos tradicionales, el jazz o las comedias de Lina Morgan y las mezcla en una inquietud creativa que ahora despliega, de nuevo, en su disco ‘Manual de belleza’. Visitamos en Piloña al músico, agitador cultural… y rural.

Yo no me veo tan moderno, fíjate... No soy tan raro. ¿Tú me ves raro?“. Lo pregunta Rodrigo Cuevas (Oviedo, 40 años) en mitad de la calle del Quesu, pleno centro de L’Infiestu, el pueblo asturiano donde ha decidido montar su cuartel de La Benéfica. Allí agita mediante diversas expresiones culturales, lenguajes, tendencias, romerías, música, performances, artes escénicas y visuales e inclusión de todo tipo una vida rural anclada en poderosas raíces. Si moderno es echar la vista atrás para beber del folclore, puede que no. Eso lo han hecho a través de los siglos buena parte de los mejores creadores de la historia de la música. Si en cambio, a una copla entonada con sensualidad bable le metes atmósferas electrónicas, luego lo envuelves en un halo de divismo pop y consigues que artistas como Bad Bunny diga que se va a fijar mucho en lo que haces, entonces, aunque le sorprenda que lo consideren así, Rodrigo Cuevas destaca como un artista plenamente moderno y, desde una inequívoca brillantez con la que marca la diferencia, bien raro.

El músico disfruta de un atardecer que reduce la temperatura al tiempo que se oculta el sol entre las peñas junto al río Piloña. Recibe el saludo de cada vecino que pasa a su vera en una terraza. En el pueblo y en la comarca lo quieren como a uno de los suyos. Esperamos a que abra sus puertas La Maléfica, su bar en el centro de L’Infiestu, donde ofrece raciones, vinos, exposiciones, emite programas de radio y hace caja para mantener su proyecto. Allí, convenientemente abrigado contra el relente, se nos desnuda... “A mí me hubiese gustado nacer en un circo”, dice, “haber sido hijo de una trapecista y un payaso, por ejemplo, andar todo el tiempo de aquí para allá, tropezar con un viento de la carpa, haber crecido en un entorno de titiritero”.

Y esa ansia nómada, ¿cómo casa con su búsqueda constante de la raíz? Volver a la esencia se ha convertido en una necesidad para buena parte de una generación milenial, a la que Cuevas pertenece y también de la siguiente —la Z—, amamantados ambos generalmente entre pantallas. “Se ha perdido la conexión, nos hemos quedado vacíos por esa parte, hemos soltado el pie respecto a lo que nos diferenciaba en el mundo. Es difícil encontrarlo porque se impone lo trendy, incluso entre lo que muchos creen auténtico sin serlo. Con internet, hemos caído en una clasificación unívoca y uniforme. Todo igual, todo se estereotipa. Yo huyo de eso como de la peste”, afirma.

Para ello, Cuevas no ha hecho otra cosa que perseguir un camino propio. En ese recorrido mandan dos esferas: en una anda con su propia búsqueda como artista tanto sonora como icónica y en la otra desarrolla un papel de agitador. Ambas conviven y se combinan sistemáticamente en un perfil único. Una referencia cara al público y un ejemplo para otros artistas del entorno latino mundial, como Bad Bunny pero también varios en España de generaciones anteriores y posteriores a él o de su misma quinta. “Lo conocí porque compartimos algún día estudio en la República Dominicana. Le hice frisuelos, tomamos mezcal, cantamos karaoke y me dijo eso: ‘Voy a fijarme en lo que tú haces”. Nota aquí.



Raúl Porchetto

 

Adriana Varela

 


Rafa Mora

 ACTOS DE AMOR

Hay actos de amor que ensanchan la luz del horizonte.
Que se abren paso entre la oscuridad y el vértigo.
Que acompañan la estela del dolor
y la disipan con una ternura hermosa e incondicional.
Hay actos de amor que nos hacen llorar entre bambalinas.
Cuando la luna agradece el gesto y tus lágrimas recuerdan lo que somos:
un suspiro del mundo.
Hay actos de amor que beben el tiempo de la soledad.
Que hacen brotar la vida bajo la tierra quemada.
Allí donde no nace el sueño,
porque el sueño durmió hace años entre primaveras baldías.
Hay actos de amor que te honran.
Que escriben lo que eres.
Que describen lo que has sido:
un puente en la senda de alguien;
una orilla,
donde espera otro río.



Lucho Milocco & León Gieco

 

Luis Quintana

 


María Guivernau

 


Miguel Savage

 


César de Centi


 

Rubén Ibero

 “BANDERA TRISTE "

TRISTE”¡Bandera que agigantas tu figura!

Bajo el manto que azules te ha prestado
Y algodones de nubes te han formado
Realzando de ese modo tu hermosura.
¡Como antaño juré, mi alma te jura!
Con el sonoro grito acongojado
Defender con la vida tu legado
¡Y antes que verte arriar la sepultura!
Mis ojos al mirarte se ensombrecen
Porque a pesar del tiempo hay desconsuelo
En nuestro mar austral que te ilumina
¡Más sonrío al pensar que se guarecen!
Bajo tu inmenso paño que es el cielo
Mis hermanas pequeñas…¡Las Malvinas!



Ciro y Los Persas

 

Trazos de Soberanía: La Memoria Enmarcada

 


Tute

 


jueves, abril 02, 2026

Alejandro Vigil

 Alejandro nos cuenta por Facebook.

2 DE ABRIL , Día del Veterano y caídos en la guerra de Malvinas
No todo se puede explicar. Hay cosas que se sienten… y se respetan.
Malvinas no entra en una grieta, ni en un discurso armado. Malvinas es más profundo. Es el pibe que volvió distinto… y el que no volvió. Es el silencio de los que cargan lo que no se ve.
Nos acostumbramos a opinar de todo, a reducir todo. Pero hay historias que no se tocan. Se honran.
El 2 de abril no es para discutir quién tiene razón. Es para tener memoria. Para mirar de frente una parte de lo que fuimos… y decidir qué queremos ser.
A los veteranos: gracias no alcanza, pero el respeto sí es obligatorio.
Malvinas vive donde no se olvida



Víctor Claudín

 


Felipe Pigna

 

Nicolás Kasanzew

 Malvinas en primera persona: cómo fue cubrir la guerra y por qué gran parte del material fue censurado

A más de cuatro décadas del conflicto, el testimonio del periodista que estuvo en las islas revela las limitaciones, la censura militar y las imágenes que nunca llegaron al público, en medio de una cobertura marcada por el control y el silencio.

El conflicto por las Malvinas en 1982 fue transmitido por televisión a millones de argentinos, marcando un antes y un después en la historia de la cobertura periodística de guerras en el país. Nicolás Kasanzew, director de La Gesta de Malvinas del Senado, fue quien relató desde las islas los combates para la pantalla nacional. Esta semana encabezó Malvinas, Epopeya Nacional – Homenaje a los héroes de la gesta, realizado en el Congreso.

Kasanzew recordó en Infobae en Vivo A las Nueve que después de regresar de las islas, él y su camarógrafo Alfredo Lamela supieron a través de sus colegas de ATC que “entre el 90 al 95% de nuestro material no solo no fue mostrado, sino que fue destruido por la censura militar”. Este hecho, señaló, dejó sin difundir cerca de 100 horas de grabaciones.

La censura, según relató, respondía a que el material filmado “no era funcional a la propaganda del momento” y tampoco contenía “ningún secreto militar”, pero de todos modos fue destruido. “Era censurar por censurar”, denunció Kasanzew.

Cobertura periodística bajo censura y limitaciones

Kasanzew no estaba en ATC al comenzar el conflicto, pero fue convocado por el productor días antes de la recuperación de las islas. “Me convocan sin que yo sospechara nada, me dicen: ‘Venite el 2 de abril a grabar tu promo de reingreso al noticiero’. El 2 de abril me llama Víctor Sueiro y me dice que habíamos retomado las Malvinas. Fue una mezcla de alegría y frustración porque me había perdido ese momento”.

Explicó que fue enviado a las islas en función de su experiencia y dominio del inglés. “Había cubierto algunas guerras civiles en Centroamérica. De traje y corbata, me fui con mi camarógrafo a Comodoro Rivadavia”, reconstruyó. Tenía 33 años en ese momento.

“Era muy intenso y conmocionante. Al principio uno no puede creerlo. Ver flamear la bandera argentina y a los soldados, muchos de ellos subtenientes que se arrodillaban y besaban el suelo, fue muy emocionante”, describió Kasanzew.

Durante la cobertura, enfrentó la presencia constante de un censor militar que le impedía cumplir su tarea. “Me habían adosado un censor del Ejército que me hacía la vida imposible. Si desobedecía, me mandaban de vuelta al continente”, relató. Nota aquí.





Javier Ruibal

 


León Gieco

 


Las historias de los soldados Galarza y Vargas

 “Vine hasta acá porque no quería dejarte solo”: historias íntimas de padres e hijos que combatieron en la guerra de Malvinas

Aunque parezca increíble, son varios los casos de quienes además de una relación familiar combatieron en las mismas trincheras durante el conflicto del Atlántico Sur. Las historias de los soldados Galarza y Vargas y cómo se encontraron con sus progenitores en medio del infierno de la guerra.

Para los Galarza, el final de la guerra de Malvinas significó el peor de sus recuerdos. Porque cuando el padre preguntó por su hijo, le respondieron que estaba muerto o desaparecido y cuando el hijo preguntó por su padre, le dijeron que estaba mal herido.

Lucio se llama igual que su papá, que en la época de la guerra tenía 40 años y era sargento primero del arma de sanidad del Ejército.

Después de haber hecho la instrucción en la Marina (se negó a cambiarse a Ejército como le insistía su papá) Lucio hijo fue destinado al Batallón de Infantería de Marina 5 de Río Grande, una ciudad que ni sabía que existía.

Como el papá le había enseñado a toda su familia los rudimentos de enfermería y de primeros auxilios, fue al Departamento de Sanidad, donde se desempeñó como asistente de un odontólogo.

El 8 de abril el BIM 5 cruzó a las islas con la Compañía Nácar. Lucio fue como conscripto camillero. Estuvo en Monte Tumbledown donde, increíblemente, en una oportunidad su papá lo fue a visitar. El hombre, que estaba con el regimiento 4 de Monte Caseros en Monte Kent, decidió buscar a su hijo cuando se enteró de que el BIM 5 también estaba en las islas.

Lucio recuerda que no lo había visto, que venía caminando a sus espaldas. Apenas lo vio, dejó su fusil y corrió hacia él y se abrazaron.

En ese primer encuentro, recordó que se sentaron en una piedra, que no se separaban y que lloraron. La comida fue el tema recurrente de conversación, que se interrumpió por una alerta roja que indicaba un ataque de la aviación británica. Antes de irse, Lucio ubicó donde estaba su papá, al sur de su posición.

Cuando era un espectador privilegiado del intenso bombardeo de la artillería británica sobre Tumbledown, le pidió al capitán de fragata Carlos Robacio, comandante del BIM 5, ir a combatir con el 4 para morir con su papá, pero no lo autorizaron. Nota aquí.





Jorge Drexler


 

Laura Pausini

 

Ramón Serrano

 YADIRA Y EL MEDITERRÁNEO

Una Voz llegó hasta el halda
de espuma mediterránea
palabras en purépecha
que la mar ignoraba
una Voz como un estilete
que mordía las esmeraldas
era un jardín de flores sobre el terciopelo azul
era una guitarra de amores
sobre plumas de colibrí
eran Yadira y su Voz
que hablaba con. las aguas
por qué bme miras tan fijo y hondo
muchacha de la mata de pelo larga
te miro y no te imagino
hasta dónde llegan tus sueños
miro tu encaje de espuma
lindos bordados que rugen
por qué no eres dedicado
amable por los cuatro costados
soy alfombra para las flores
música para desamparados
soy un pequeño mar
comparado con tu Océano
tú vienes a ésta mi playa
a contarme tus hazañas
navegantes de aguas turbias
sargazos y roquedales
mangas de temporales
galernas arboladas
yo te ofrezco filósofos y poetas
y teatro de las sombras trágicas
es la magia mediterránea
vestida de luto sus barca
nepentes y cicutas
y cantos de sirenas lejanas
la Pireri seguía con sus Pirekuas
en purépecha sus pétalos el pentagrama
no hay claves de fa ni de sol
sola en la playa una muchacha
no había visto nunca la mar
tupida meseta de esculpidas gemas
belleza sin par en lontananza
el Mediterráneo encendido
le pide su mano a la muchacha
de algas y de corales
lleva su luz adornada
¡cuidado! que vienen al galope
caballos de profundas aguas
la Pireri tranquila y sonriente
le cantará con dulzura una nana
ay ay frías caricias de las olas
un minueto sus pies bailaban .



César de Centi