sábado, enero 24, 2026

Gabriel Tuya

 Gabriel nos cuenta por Facebook 

EL VIEJO TUYA Y AQUEL RITUAL…
Mi padre trabajaba duro durante todo el día… Primero camionero, luego remisero y más tarde, taxista. A eso de las 9 de la noche comenzaba su ritual frente al espejo del baño. Agua caliente, la brocha que desparramaba la espuma de afeitar… la Wilkinson que se deslizaba lentamente por su rostro y la infaltable radio Spica sintonizando CX22 Radio Universal… era la hora de “Su cita folcklórica”.Por allí pasaban zambas y chacareras… Jorge Cafrune, José Larralde, Los Chalchaleros, Los Fronterizos y también Zitarrosa y Los Olimareños. Era su momento de intimidad pero yo se lo rompía… Me sentaba en el borde de la bañera y mientras veía como se afeitaba le hacía preguntas… Y mi padre me contaba historias… historias simples, cosas de la vida. No recuerdo mayor intimidad con mi padre que aquellos momentos. Papá era bueno contando historias. Lástima que no tuvo a un Onetti que le dijera como éste sí se lo dijo al Paco Espínola, tío abuelo de papá… “Dejate de joder y escribí esas historias…”. El espejo empañado por el agua caliente… la gillette recorriendo su cara, una zamba de Castilla sonando en la radio y Papá contándome historias… Por eso hoy, cuando escucho una zamba, inevitablemente se me vienen a la mente como si fueran caballos galopando aquellos momentos… Justo yo, que desde hace 40 años tengo barba… pero que querés que te diga… tengo unas ganas de afeitarme y de revivir aquellos momentos con mi padre y ponerme a escuchar una zamba como “Balderrama”... que ni te cuento...

Efecto Mariposa & Gabriel De La Rosa

 

Luis Pastor


 

Las Abuelas y las Madres de la Plaza de Mayo

 Las abuelas y las madres de la Plaza de Mayo reciben en Madrid el premio Abogados de Atocha: “La memoria tiene que ser fértil”

El colectivo argentino ha sido reconocido por trabajar por la búsqueda y la restitución de la identidad de los hijos y nietos secuestrados o nacidos en cautiverio durante la dictadura en el país sudamericano.

“La memoria tiene que ser fértil y producir hechos importantes”, dice con convicción Sara Mrad, una de las representantes de las abuelas y las madres de Plaza de Mayo. Este colectivo nació en 1977 para buscar a los hijos y nietos apropiados durante la dictadura argentina en los años setenta. Tras casi medio siglo de intenso trabajo en el que han logrado la restitución de 140 identidades, su historia sigue cruzando fronteras para sensibilizar sobre la importancia de defender las causas sociales. Representantes de la asociación han recibido este sábado en Madrid el premio Abogados de Atocha, un reconocimiento por ser símbolo mundial de lucha por la memoria, la justicia y la reparación.

Sara Mrad, de 75 años, y Carmen Arias, de 84, cubren sus cabezas con un pañuelo blanco ―uno de los símbolos más potentes de la historia argentina―. Originalmente era un pañal de tela que representaba a los hijos secuestrados durante la dictadura cívico-militar. Las dos son testigos de aquella época oscura. Ángel, el hermano de Carmen, y Ana, la hermana de Sara, están desaparecidos desde 1977. La asociación estima que alrededor de 500 hijos de personas desaparecidas que nacieron en cautiverio o fueron secuestrados junto a sus padres fueron apropiados entre 1975 y 1980. Algunos niños fueron entregados a familias cercanas a las Fuerzas Armadas o de seguridad; otros, abandonados en institutos como NN. Son cerca de 300 las identidades que todavía faltan por restaurar, personas que han vivido sin conocer de dónde vienen en realidad. Esta historia tuvo lugar en Sudamérica, pero la lucha por los derechos humanos es universal. El Patronato de la Fundación Abogados de Atocha y CC OO otorgan todos los años, cada 24 de enero, un premio y reconocimientos a aquellas personas o entidades caracterizadas por su defensa de la libertad y de la justicia. Un homenaje a los abogados que fueron asesinados en la matanza de Atocha de 1977. “Esta distinción nos acerca al pueblo de España, que también ha sufrido una represión muy grande”, subraya Mrad. Arias agrega que es una “satisfacción y un orgullo” que un país que no es el propio reconozca la labor que han hecho durante tanto tiempo y les permita hacer eco de su trabajo a las nuevas generaciones.

Las madres buscan a los hijos; las abuelas, a los nietos. La lucha es compartida. “Nosotras luchamos por todos los desaparecidos, socializamos la maternidad”, apunta Sara. A su lado está Leonardo Fossati, de 48 años, quien ha venido en representación de las abuelas de Plaza de Mayo. Él es uno de los nietos que recuperó su identidad gracias a la asociación. Tenía 27 años cuando se acercó a la filial de La Plata, después de que una amiga le hablara sobre las abuelas. Fossati cuenta que siempre tuvo dudas sobre su identidad: no veía parecido físico con la familia que lo crió, sentía sensaciones “difíciles de explicar con palabras”, pero que no le daban paz. Entonces investigó. Una primera versión fue una historia de abandono, pero un examen de sangre que fue analizado en el Banco Nacional de Datos Genéticos ―donde están alojadas todas las muestras de las familias desaparecidas durante la dictadura―, le dieron la verdad. “No me habían abandonado. A mi mamá y a mi papá los secuestraron el 21 de enero del 77 en Quilmes. Mi mamá tenía un embarazo de siete meses”.

Fossati es ahora miembro de la comisión directiva de Abuelas de Plaza de Mayo, uno de los herederos de la causa. Él ha venido en representación de las abuelas originales. “Ya quedan muy poquitas”, comenta. Sobre el premio Abogados de Atocha, ensalza que es un reconocimiento que le viene muy bien a los organismos de derechos humanos. “En Argentina, donde está habiendo voces de negacionismo, que reivindican esta última dictadura cívico-militar, tener el reconocimiento de otros países y de compañeros que acompañan e impulsan la misma lucha es muy importante para nosotros”.

Ese negacionismo, dice Fossati, se ha fortalecido en el gobierno del presidente Javier Milei. Paula Sansone tiene 48 años y su historia tiene un matiz: creció conociendo la verdad. Sus padres eran trabajadores del Banco Central y militantes de la Juventud Trabajadora Peronista. Ellos fueron secuestrados el 26 de marzo de 1977 y ella quedó al cuidado de unos vecinos, quienes la entregaron a sus abuelos. Actualmente, colabora con la asociación Abuelas de Plaza de Mayo, donde coordina la Casa por la Identidad. “Hoy no solo ya no tenemos los recursos del estado, sino que también nos hostiga”, lamenta. Como ejemplo de este hostigamiento, cita ataques constantes en redes sociales y cuenta que los detractores de la asociación acusan de “terroristas” a las personas secuestradas durante la dictadura. Cuando tuvieron el apoyo estatal, recuerda Sansone, las restituciones de identidad fueron mayores. Como consecuencia del corte de esta ayuda en el gobierno de Milei, la asociación ha tenido que buscar otras fuentes de financiación. En su página web han habilitado un espacio para recibir donaciones de personas o entidades que quieran apoyarlos. Nota aquí.





Yoly Saa

 

Víctor Claudín


 

José Emilio Navarro

 'Berry' Navarro, mánager: "'Limpiar' la casa de Joaquín Sabina nos creó enemistades, pero eso le salvó la vida"

El representante valenciano de Sabina, Serrat, Paco de Lucía o José Luis Perales, entre otros, se jubiló el pasado noviembre tras el último concierto de Sabina, aunque no descarta algún regreso puntual. Hoy iba a recibir la Medalla de las Bellas Artes, pero el acto se ha pospuesto por la tragedia ferroviaria de Adamuz.

El valenciano José Emilio Navarro, “Berry”, ha pasado más de medio siglo cruzando el Atlántico, resolviendo problemas antes de que existieran y cuidando carreras que hoy forman parte de la historia cultural del país. Nunca quiso protagonismo, pero fue clave para que artistas como Serrat, Sabina, Paco de Lucía o José Luis Perales conquistaran escenarios de medio mundo. Tras el último concierto de Sabina el pasado 30 de noviembre, Berry se jubila. Este martes tenía previsto recibir la Medalla de las Bellas Artes, un reconocimiento que pone punto final -o quizá solo una pausa- a la trayectoria de un mánager artesanal, honesto y profundamente humano, de los que ya no quedan, pero el acto se ha pospuesto por la tragedia ferroviaria de Adamuz.

¿Qué hace un manager como usted cuando se jubila?

Pues terminar muchas cosas que habían quedado pendientes. Entre ellas, este martes me dan Toledo la Medalla al Mérito en las Bellas Artes. Están José Mercé, Los Planetas, Camela, Elvira Lindo, Carmen Machi…

¿Y qué ha hecho un manager como usted para que le den una medalla de las Bellas Artes como esta?

Según dice el expediente, me la dan por mi colaboración en el intercambio cultural con Latinoamérica. Yo tengo más de 220 cruces del Atlántico. Calculo que he recorrido más de siete millones y medio de kilómetros entre España y Latinoamérica. He llevado a España a gente como Silvio Rodríguez, Nacha Guevara, Pablo Milanés, Mercedes Sosa, Horacio Guaraní, Jorge Cafrune, Atahualpa Yupanqui, Simon & Garfunkel... Tenía un socio, José Caturla, que era el mánager de María Dolores Pradera, y fuimos los primeros en traer a España a Chavela Vargas como telonera de Joan Manuel Serrat.

Usted que conoce bien la música de allí y la de aquí. ¿Por qué España ha dejado de exportar artistas a Latinoamérica, mientras los de allí vienen cada vez más a España?

Hay tres razones. La primera es que los artistas españoles nuevos ya ganan aquí dinero y no quieren ir allí a picar piedra. Antiguamente las compañías discográficas ayudaban a los artistas a hacer esa labor, pero hoy día las discográficas son solo distribuidores de música: no venden entradas. Por eso Julio Iglesias acabó instalándose en Miami y Serrat ha hecho regularmente uno y a veces dos viajes al año a América. Hasta Paco de Lucía, con lo que era, tuvo que viajar a América para abrir mercado allí. La segunda es que, en general, no hay mánagers hoy en España que dominen bien el mercado americano, porque se están dedicando a hacerlo todo a través de internet. En cambio yo, cuando quería hacer un contrato con un empresario que no conocía, me agarraba el avión de Iberia por la mañana en Madrid, llegaba a La Paz, en Bolivia, a verle la cara al señor de enfrente, y según me soplaba esa cara, hacía el contrato o no lo hacía y me volvía. Era un trabajo artesanal, que ya no se hace. Y la tercera razón es que hoy día las giras grandes en España -incluidas las últimas mías- las compran grupos de inversión y se hace todo de otra manera. Ha cambiado todo.

¿Se va con melancolía, con satisfacción, con alivio?

Con una satisfacción terrible. Yo salí de la calle Borull, número 29, de la carnicería de mis padres, y creo que en España he llegado a algo. He realizado una carrera y mis contactos con mis artistas han sido muy duraderos. Yo nunca he tenido un contrato en exclusiva con un artista. Ahora les hacen unos contratos que, como te descuides, te pueden meter en la cárcel. Si un artista no quería estar conmigo, pues adiós, muy buenas.

Serrat alababa en un artículo su honestidad como manager en la cuestión económica. ¿Le ha perjudicado al bolsilllo ser así?

No. Porque yo siempre he ido a pérdidas y ganancias: si la gira iba mal, no cobraba nadie, ni el artista ni yo. Yo me he solidarizado con el resultado del negocio. Ese romanticismo hoy ya no existe.

También es verdad que empezó a trabajar con Serrat, Sabina o Paco de Lucía cuando ya estaban consagrados…

Bueno, pero antes de venir conmigo Paco de Lucía había ido a América con las compañías de flamenco, pero nunca había brillado él solo. Eso lo abrí yo. Y Sabina había funcionado en Argentina y en México, pero no en el resto de países de América. España es un mercado muy pequeño. Cuando tú has hecho una gira de 30 conciertos y eres figura, se ha acabado el mercado. No es como antes, que hacíamos las fiestas de los pueblos y hacíamos cien conciertos en verano. Ahora no.

¿Y el coste personal, el haber renunciado a parte de su vida por dedicarle tanto tiempo a sus representados?

Sí, claro, eso sí lo he lamentado. Ha habido un momento que este trabajo a mí me ha matado la vida personal, porque prácticamente no la he tenido. He visto crecer a mis hijos por fascículos. He renunciado a muchas cosas para hacer bien mi trabajo. Pero en este trabajo nuestro o se está o no se está. No hay más remedio.

¿Cómo ha conseguido ser amigo de una personas con un vida tan intensa trabajando tan cerca de ellos?

Pues pasando mucho tiempo a su lado. Serrat, por ejemplo, no ha estado con nadie más tiempo que conmigo ni yo tampoco he estado con nadie más tiempo que con él. Ni nuestras mujeres, ni nuestros papás, ni nuestras mamás. Hemos compartido mucho. Y si tú te portas legalmente bien y estás a las duras y a las maduras, acaba habiendo una amistad mayor que si todo se limitara al negocio. Yo no concibo eso de “te veo solo cuando tocas”. Si las cosas se plantean claramente, se llega a conseguir una amistad a lo largo de los años.

Sabina se lo dejó claro incluyéndole en aquel vídeoclip de despedida en el que aparecía toda su gente cercana. ¿Qué sintió?

Me sentí muy agradecido, porque yo soy muy visceral. Yo pongo el corazón cuando trabajo con quien sea. Da igual que haya sido Sabina, Serrat o Perales, que han durado mucho tiempo. Yo he tratado -y lo saben todos- de viajar con ellos y me he desvivido. Hoy existe una palabra que se llama road manager, gente que lo hace muy bien y conoce el mercado: viajan ellos con el artista y el mánager muchas veces se queda en su casa. Pero yo he querido estar con el artista y saber en cada momento lo que pasaba. Si había un problema, quería estar allí para solucionarlo. Y si había una cosa mal, el artista me la podía decir. He dado la cara en cada momento. Nota aquí.











Fito Mansilla

 

Dani Flaco


 

Luis García Montero

 La portera

La vida nos educa y hay gente sin reconocimiento público que nos regala sus lecciones, su manera de ser, al cruzarse en la vida con nosotros.

Uno se acostumbra a agradecer las enseñanzas de los grandes maestros. Artistas, escritores, periodistas decentes o catedráticos universitarios son parte decisiva de nuestra formación. Pero no conviene olvidar que la vida nos educa y que hay gente sin reconocimiento público que nos regala sus lecciones, su manera de ser, al cruzarse en la vida con nosotros. Aprendemos de un vecino del barrio, una compañera de estudios, el camarero del bar de siempre o la señora que lleva la tienda de la esquina. Según pasan los años, me acuerdo mucho de Enriqueta, la portera del edificio en el Paseo de la Bomba al que mis padres se mudaron cuando yo acababa de cumplir 11 años. La recuerdo en el portal, sentada con la costura en sus manos y con una paciencia amable para soportar las travesuras de los niños del edificio y de los amigos del barrio. La bomba del Paseo se relacionaba con una antigua bomba de agua, pero los niños éramos un bombardeo muy ruidoso, una crispación que subía o bajaba las escaleras con los zapatos sucios y los gritos en la boca.

Enriqueta tenía mucha paciencia. Mientras llegábamos en tromba o desaparecíamos, nos miraba con tranquilidad y nos pedía que tuviésemos cuidado para no hacernos daño. Luego se levantaba, buscaba una escoba, una fregona, y procuraba limpiar la crispación para que la convivencia de los vecinos volviese a la normalidad. Me enseñó poco a poco a respetar los suelos y a respetarme a mí. Cuando entro en algún sitio intento no ensuciar y cuando los rencores se ponen a llover sobre mi país, mis ideas, mi mundo, intento que los zapatos no se manchen de barro, me esfuerzo en saber dónde piso. Enriqueta fue una buena lección de vida. Con ella subí una tarde a la azotea, me vi envuelto por las sábanas blancas tendidas bajo el cielo y amé los paisajes de Granada, una ciudad en la que los edificios mantienen conversaciones estrechas con los campos, la nieve y el Sur. Nota aquí.



Antonio Carmona

 

Ismael Serrano


 

Raúl Cancio

 Rodolfo nos cuenta por Facebook.

Mi amigo, mi hermano, mi compañero de noches y días de redacción y periodismo, Raul Cancio, saca de su memoria y del archivo del alma una recopilación de algunas de las miles de fotos que ha hecho a lo largo de su vida de fotoreportero.
Es un recorrido impresionante el que se recoge en el libro Irrepetibles. Un recorrido que nos trae la historia de un mundo que creíamos perdido y que Raul ha conservado vivo en su memoria y en sus fotografías.
Estados Unidos y personajes como Paúl Newman o Andy Warhol, España con La Pasionaria, Alberti, Santiago Bernabéu o ese hombre de Castilla con todo el dolor y la esperanza del pueblo en sus ojos, adquieren en las fotos de Raúl una vida, un sentimiento eterno, porque es la vida y el sentimiento lo que vive en esas imágenes .
Y nos traen la nostalgia, las maravillas de nuestro propio mundo. Aquello que fuimos y admiramos y gozamos cuando todo era hermoso y éramos jóvenes y el futuro era la piel que amábamos. Cuando soñábamos con vivir en un cuadro de Hopper y que fuera Raúl quien nos convirtiera en imagen.
Este es un libro único, vital, enorme. Ese fútbol, esos toros que en las imágenes de Raul son puro arte, puro detalle, pura belleza. Yo, que nunca he sido ni de fútbol ni de toros, los buscaba en las páginas de El País, para disfrutar de esas fotos imposibles que sólo Raúl sabía hacer.
Los textos de Jesús Fernández Úbeda, de JEOSM y de Miguel Ángel García Jurado son un complemento necesario para entender en todo su sentido la mirada de Raúl.
Enhorabuena, amigo, hermano, querido Raúl. Que la belleza nos acompañe siempre.
Esta vez la foto no es de Raúl.



Lapurasangre & Marwán

 

Leo García


 

Paco León

  “Mucha gente me quiere, pero dos ‘haters’ te pueden reventar la vida”

El cineasta se lanza a un ejercicio de comedia y autoficción en ‘Aída y vuelta’, filme que ironiza con la última semana de rodaje de la mítica serie.

Se sienta Paco León (Sevilla, 51 años) a hablar a resguardo del frío matinal, en la sede de la distribuidora de su Aída y vuelta, y en algún instante resucita Luisma. Durante el éxito de la serie Aída (una década que se cerró en junio de 2014 tras 237 episodios), tampoco se dejó vampirizar por el personaje, y aprovechó aquel impulso no solo para dirigir cine, sino para experimentar además con los canales de distribución en Carmina o revienta (2012) y Carmina y amén (2014). “Como tengo mala memoria, soy cero nostálgico”, arranca. “Pero sí, la nostalgia es una gran arma”. Y de aquel final de etapa, se refugia en lo mismo: “No fue como en la peli. Nada de aquello pasó, pero podría haber pasado [risas]. Los personajes son versiones de nosotros mismos. Carmen Machi nunca ha ido a Tu cara me suena. Insisto en mi mala memoria, y eso me provoca malas jugadas, mezclando realidad con ficción. Me ocurrió con las Carmina. ¿Cuáles de sus momentos eran hechos reales y cuáles ficciones? No soy capaz de separarlos. Del final de Aída recuerdo que estábamos muy quemados, deseando acabar, y por otro nos daba mucha pena. Vamos, sensaciones de tristeza y alivio”.

Aída y vuelta, dirigida por él, coescrita con Fernando Pérez, y que se estrena el 30 de enero, es un hábil volatín de metaficción. “Cuando me propusieron el proyecto, no acabé de verlo. ¿Retomar Aída? Hasta que encontramos la clave: hacer no solo un ejercicio de nostalgia, sino un examen de conciencia. De analizar dónde estábamos y quiénes éramos, un poco un volver a los orígenes. Y yo creo que la nostalgia en Aída y vuelta está en la mirada, no en el discurso. Por eso hemos trasladado la acción a 2018, porque fue el año en que empezó todo: el MeToo, la corrección política, la cancelación...“. No todos sus compañeros lo abrazaron igual. Ana Polvorosa, que ya hace tiempo que dejó claro lo atrás que le había quedado la serie, no aparece en el largo. “Algunos en el rodaje se han dejado parodiar más y otros menos, y eso se nota en lo que salen en pantalla”.

Antes de entrar en otras materias, confiesa que ese examen de conciencia ha sido complicado. “Ahora estoy respirando un poco. Veo que hay algo que funciona. La película tiene muchas capas, y una es la directa, la fácil; funciona como comedia vodevilesca, con muchos tipos de chistes, fiel al espíritu y al tono de la serie. Por otro lado, también alberga otras capas que me interesaban. Y eso me ha asustado durante mucho tiempo”, como preámbulo a narrar ese interés ulterior. Nota aquí.



Tute


 

viernes, enero 23, 2026

Ismael Serrano

 

Fito Mansilla


 

Raúl Lavié

 Raúl Lavié confiesa que a los 88 años se aburre y a veces hace shows después de actuar en teatro: “El escenario me revitaliza”

El cantante y actor protagoniza una obra en calle Corrientes junto a Osvaldo Laport, Antonio Grimau y Osvaldo Santoro llamada “Vamo' los pibes”.

El recuerdo de Astor Piazzolla y las premoniciones de su amigo Anthony Quinn.

“Confieso que he vivido”, tituló alguna vez Pablo Neruda uno de sus libros. Pero, ¿dónde está el hecho confeso de la vida? ¿Dónde encontramos el núcleo de la existencia? ¿En el recuerdo del pasado luminoso, o en la incógnita de un futuro todavía aventurero?

Raul Lavie (88) lleva esas respuestas en su mirada y en su voz intacta. “No hay un día que no me entusiasme con el futuro”, asegura en el comienzo de su charla con Clarín. Su memoria poderosa traza rutas de Piazzolla, Broadway, Anthony Quinn y El Club del Clan, pero su corazón apunta siempre a lo que viene.

Está inquieto y entusiasmado por la próxima función de Vamo' Los pibes, la obra que comparte con Osvaldo Laport, Antonio Grimau y Osvaldo Santoro (va de miercoles a domingo en el Multiteatro)

Pasión por el arte

“No puedo estar sin proyectos. A veces estoy en casa y le digo a mi mujer que estoy aburrido, y no puede creer que después de 74 años de trabajo no piense en descansar, pero es que a mi lo que me revitaliza es en escenario”, agrega mientras se pide un café liviano.

En unas horas tiene función, así que intenta cuidar la voz, pero la pasión de los temas que se tocan lo van entusiasmando, tanto que aumenta los gestos y su volumen de forma permanente entre vitalidad e impaciencia.

La pasión por el arte lo habita y lo desborda, más cuando habla de proyectos a futuro. “ No sé vivir de otra manera”, remata.

-¿Qué podés contar de la obra?

-Es una historia no solo de amor a la vida sino a la amistad. Una obra simple que exalta valores que tenemos los argentinos. Pero por sobre todo de gente grande que asumen una lucha para ayudar a quien lo necesita, y que también sienten la necesidad de juntarse y vivir una nueva aventura.

Es una obra hermosa y muy viva. Muy actual. Me llena de energía y la verdad que es algo que disfruto un montón, la paso muy bien de lo que pasa en el escenario y debajo de él.

-Algo que me encanta de la obra es que, más allá de la idea de un grupo de amigos octogenarios que hacen una última gira, hay una necesidad concreta de ayudar a alguien en el presente. A este grupo no los une solo lo que fueron, sino lo que serán.

-Claramente es así. Ahora te hago una confesión (muestra su audífono). A mí me pasa lo mismo que al protagonista. Sé lo que se siente cuando alguien con una profesión como la nuestra necesita una ayuda auditiva. Entiendo casi mejor que nadie la lucha de esos amigos por eso aparatito. Obvio que con la anuencia del director y el escritor le agregué al personaje cosas mías, cosas vividas en este camino del arte.

Lo que plantea la obra es otra manera de ver las cosas . Ellos tienen una mirada no de resignación, sino de animarse a buscar nuevos caminos. Me ha pasado de gente que me dice: "¡Qué viejos estamos!", y les digo: "¡Viejo estarás vos!” (risas). No es que uno no sepa la edad que tiene, pero eso no me impide pensar en el futuro y resignarme a solo recordar.

Yo estoy en mi casa y estoy aburrido. No puedo estar así sentadito o sólo dormir la siesta. Necesito hacer cosas. Por eso trabajo no solamente en el teatro, sino que termino la función de teatro y voy a hacer algún show. Nota aquí.





Nacho Vegas

 

Jesús Gutiérrez


 

Félix Maraña

 Tamborrada en Madrid

Iñaki Gabilondo, Tambor de Oro
Los vascos con su tambor,
gente festiva e ilustrada,
celebran la Tamborrada
de nuestra fiesta mayor.
En Madrid, con gran fervor,
la Tamborrada infantil
ha recorrido gentil,
la zona de Euskal Etxea.
Tocan porque el mundo vea
nuestra sangre azul añil.
Y su alma donostiarra
de estos vascos madrileños,
tanto grandes cual pequeños,
les lleva a montar la farra,
aporrean cual cigarra
el tambor de los tambores,
blanco y azul los colores
y el corazón en un puño.
Recuerdan que en su terruño,
están sus otros amores.
Porque habrá fiestas mejores
mas como la Tamborrada,
perdonen, pero no hay nada,
no me pregunten razones.
Sarriegi es un don de dones
y su música alimenta
una fiesta que contenta
a naturales y extraños.
Y en este, como otros años,
han montado la retreta.
Y han decidido otorgar
al amigo Gabilondo,
un humanista hasta el fondo,
una insignia singular,
una txapela ejemplar,
al insigne ciudadano.
Iñaki es como un hermano
a quien es fácil amar.
Donostiarra que sin par
al mundo extiende su mano.
Tres hermanos periodistas,
y otro hermano carnicero,
aunque Iñaki fue el primero,
de esta familia de artistas.
Alumnos Corazonistas,
Iñaki, Pedro y Ramón,
tres donostiarras que son
vanguardia del periodismo.
Discretos y sin divismo
gentes de gran corazón.
Pero aunque están los que son,
los Gabilondo son más,
Ángel no se queda atrás,
filósofo de razón.
Reflexiona sin pasión,
alentando el raciocinio,
piensa con vivo escrutinio
por qué leer nos mejora,
por qué nos educa y dora
nuestro más torpe dominio.
El Pedro, gran reportero,
después mi redactor jefe,
pero Iñaki fue aquel eje
del oficio que más quiero.
Ramón, gerente de esmero,
en Radio San Sebastián,
luego en Madrid, donde están,
las centrales de la Ser.
Nacieron para ejercer
un oficio talismán.
Médicos, dos, y una monja,
cual familias numerosas,
rosal de colores, rosas,
vida austera sin lisonja.
Familia como una esponja
empapada del cariño
de padres que todo niño
quisiera para crecer.
Un cariño que al nacer
siembra de luz un destino.
Así son los Gabilondo,
gente buena que camina,
en la calle, en la oficina,
en el aula, y su trasfondo
es de gente que ilumina
y mejora nuestro tiempo.
Humanidad que es aliento
para andar nuestro camino.
Una familia, un destino,
un afecto que yo siento.
© Félix Maraña
(2022)
[Iñaki Gabilondo, hoy, en Madrid, recibe la txapela txuri urdin de manos de la comunidad vasca. Aquí, habla con Maite Dorronsoro , recordando a los familiares que dieron clases a Iñaki de niño en Donostia].
Aquí Maite Dorronsoro,
alavesa y enfermera,
conversa sobre la acera,
háblale al Tambor de Oro.
Tal vez le habla del coro
de voces de Euskal Etxea,
Orfeón que recorchea
canciones de mucha entraña.
Música vasca en España,
que ilustra, timbra y recrea.



Silvina Moreno

 

Quique González


 

Jorge Luis Borges

 ...

Ahora que mi patria es el recuerdo
y que mi esperanza se reparte en las cosas chicas
—en el teléfono que llama,
en la conversación,
en la carta de letra desconocida—
voy a buscar aniversarios del amor muerto
a las calles de Villa Urquiza.
Son calles largas que se apaisanan de a poco,
son las orillas de la nube y del pájaro,
son la muerte buena de Buenos Aires;
la llanura las entra como un dios ciego
y la raíz de sus ponientes está en la pampa.
Sus rotas vereditas coloradas
son una yapa de la familiaridad de los patios,
sus almacenes solos
son claritos como otra luna sobre los campos
y algún sauce de facha desmoronada
es inmediato —buenamente— a cualquier fracaso.
Yo ando sus callejones,
yo abro la verja de una quinta guardada
en que la amistad y un piano me esperan;
Villa Urquiza, hemos dialogado firme en las tardes y ésta es la última vez que hacemos un verso.
Sé que para merecerte, debo ignorarte;
para que estés en mi corazón, no debes estar en mi canto
¡mi intimidad y mi silencio sean tuyos
y sea conmigo el beneficio de tus ocasos!

Jorge Luis Borges.
("Dedicatoria de un silencio"
Textos recobrados 3. 1956-1986)



Idígoras y Pachi

 


jueves, enero 22, 2026

José Larralde

....

Hay una calle famosa
que sirve de división,
de este lao' hay un montón,
del otro lao'.., otro tanto,
de un lao' te venden el santo
del otro la religión.
Cada uno cree en el derecho
que menos lo perjudique,
cada uno le hace un tabique
al otro que tiene al lao'...
pero nadie está librao'
de que'l barro lo salpique.



Joan Camps & Raúl Parra


 

María Ruiz & Noelia Morgana

 

Leonardo Sbaraglia

 “Este material me emocionó mucho”

El actor brilla en un unipersonal que dispara múltiples interrogantes sobre los vínculos de pareja, el amor y el desamor, los deseos, pasiones y frustraciones. Y no oculta su felicidad por debutar en una sala legendaria.

Luego de cuarenta años de trayectoria, Leonardo Sbaraglia sigue asumiendo retos. Con la frescura de quien se deja sorprender por aquello que le depara el camino, el reconocido actor celebra su debut en el Teatro Cervantes al frente de un proyecto teatral que lo tiene como protagonista absoluto: Los días perfectos.

Basado en la novela homónima del escritor español Jacobo Bergareche, el unipersonal adaptado y dirigido por Daniel Veronese expone la intimidad de un hombre atravesado por conflictos conyugales. El monólogo se dispara a partir de una revelación, luego de que el protagonista visita un centro de documentación de Texas y lee originales de cartas que William Faulkner le había enviado a su amante Meta Carpenter. Como en un juego de espejos y proyecciones, la lectura de ese amor epistolar le abrirá una serie de interrogantes acerca de su propio matrimonio. En ese marco, el doble juego del amor y el desamor, los deseos, las pasiones y las frustraciones de los vínculos de pareja afloran para dominar la escena.

“Quiero hacer esta obra por muchísimos años”, asegura Sbaraglia en un distendido encuentro con Página/12. “Este proyecto recién empieza. Venimos de hacer una función en Rosario y dos en Córdoba, y ojalá podamos volver al Cervantes después de esta primera temporada. Pero lo que sí es seguro es que haremos una segunda temporada y una gira importante por España y otros lugares de Europa para la primera mitad de 2027”, anticipa.

-Es tu primera vez actuando en el Cervantes. ¿Cómo se dio esta posibilidad?

-Todo esto ocurrió porque Gonzalo Demaría, el director del Cervantes, estaba en Madrid, y fue a verme cuando estrenamos en octubre de 2025, en el Teatro La Latina. Pero por temas de mi agenda, que es inconstante y variable, y que depende además no de mí sino de infinitas cosas, no sabíamos cuándo iba a poder hacer temporada teatral acá. Yo tenía planeada la filmación de una película nacional, pero eso se atrasó para febrero, y entonces ahí se abrió la posibilidad de hacer estas funciones en enero.

-¿Y qué sensaciones te genera actuar en la emblemática Sala María Guerrero?

-Es espectacular. Daniel Veronese tampoco había dirigido ahí, pero sí lo había hecho en la Sala Orestes Caviglia. Yo todavía no lo puedo creer. Estoy muy agradecido de todas las cosas que me está dando esta profesión y la vida. Es como que muchas de las cosas que había soñado me están pasando, y uno siempre siente la necesidad de saber que está a la altura. Estoy cumpliendo cuarenta años de trabajo como actor, y no entiendo cómo es que pasaron (risas). Pero lo más importante es que siento que aprendí y sigo aprendiendo mucho.

-¿Qué te atrajo de esta propuesta teatral?

-Me atrajo todo. Yo con Daniel había trabajado hacía muchos años en una obra que se llamaba Cock, con Diego Velázquez, Eleonora Wexler y Jorge D’Elía, y había sido una muy linda experiencia, pero acotada, porque yo me tuve que ir a filmar y no pude seguir. En todos estos años traté de volver a encontrar un material para hacer en teatro. De hecho, en este tiempo me han ofrecido obras para hacer acá y en España, pero es muy difícil para mí porque siempre tenía que dejar colgado a otro actor. Por ese motivo, en los últimos diez años armé un proyecto junto con Fernando Tarrés, El territorio del poder, que fue la manera que encontré de subirme al escenario. Además, en este caso me emocionó el material, y por otro lado me interesó que fuera una obra que se puede montar fácilmente en otros escenarios y circunstancias. Nota aquí.



Javi Robles


 

Andrés Suárez

 

Félix Maraña

 Félix nos cuenta por Facebook.

LA SANGRE DE PALESTINA
En breves fechas saldrá mi nuevo libro de poemas, LA SANGRE DE PALESTINA. Lo publica el registro HUERGA y FIERRO Editores , y anunciaremos el día de salida a librerías.
Se trata de medio centenar de poemas y otros textos breves, que quieren ser una voz de aliento, denuncia y conciencia del genocidio que padece el pueblo palestino, tras la invasión y exterminio que lleva a cabo Israel, desde hace más de un año.
El libro añade como novedad el testimonio de lectura del periodista vasco Mikel Ayestaran , corresponsal de Prensa en Oriente Medio, que ha vivido de cerca en el fragor de esta invasión y conocido el drama singular y plural del pueblo palestino. Ayestaran nos pide que hablemos de Palestina, por todos los medios, para que su causa siga en pie. Estoy muy agradecido a su consideración, así como al compromiso de este periodista para el certificado de la verdad. Ayestaran acaba de publicar un nuevo libro, en el que da cuenta del vivir de cada día, con imágenes, de una niña palestina en este periodo marcado por la escasez, el hambre, el dolor y la muerte.
La mayoría de las composiciones del nuevo libro son espinelas o décimas, registro de estrofa en el que se sustancia el grito pro Palestina. Han sido escritos en el último año, desde que se inicio la guerra criminal, que ha devastado el paisaje, las viviendas, hospitales, escuelas y centros sociales y ha dado muerte, hasta el día de hoy, a más de 70.000 personas, un tercio de los cuales son niños.
Me confirman que el libro estará en la calle en marzo de 2026. Nada me alegría más que en ese día, y antes cuanto pueda ser, cesara el genocidio que Israel ha perpetrado con total impunidad contra la población de Palestina.