viernes, septiembre 19, 2025

Félix Maraña

 Arden Las Médulas

Entre la tierra y el cielo
hay un paisaje en León
digno de la admiración,
del cuidado y el desvelo,
del más esmerado celo
por conservar, mejorar
y construir o crear
mejorados cortafuegos
que lo libren de los fuegos
que lo van a golpear.
He visto cómo arde el oro,
mientras ciertos responsables
están de baja y culpables
son de tanto deterioro.
Son gente que sin decoro
disfrutan de su poder
y, mientras, vemos arder,
montes que son Patrimonio
en las fauces del demonio
y los vamos a perder.
Nos lo dieron los romanos,
gentes sabias que supieron
horadar como pudieron
la tierra usando sus manos.
Y nosotros, los cristianos,
como nos llama Nerón,
a la primera ocasión,
y conducta criminal,
quemamos el robledal,
sin piedad ni corazón.
En las entrañas, heridas,
las raíces de la tierra,
libran una ardiente guerra,
por el hervor derretidas,
rogando por ver si Midas,
creando una estatua de oro,
con su hija, con un loro,
o un leonés de paisano.
Algo que no luce en vano
y lo llamamos tesoro.



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