Arden Las Médulas
hay un paisaje en León
digno de la admiración,
del cuidado y el desvelo,
del más esmerado celo
por conservar, mejorar
y construir o crear
mejorados cortafuegos
que lo libren de los fuegos
que lo van a golpear.
He visto cómo arde el oro,
mientras ciertos responsables
están de baja y culpables
son de tanto deterioro.
Son gente que sin decoro
disfrutan de su poder
y, mientras, vemos arder,
montes que son Patrimonio
en las fauces del demonio
y los vamos a perder.
Nos lo dieron los romanos,
gentes sabias que supieron
horadar como pudieron
la tierra usando sus manos.
Y nosotros, los cristianos,
como nos llama Nerón,
a la primera ocasión,
y conducta criminal,
quemamos el robledal,
sin piedad ni corazón.

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