sábado, enero 31, 2026

Rodolfo Serrano

 Un dios loco

Que vuelva pronto todo. Lo que amamos.
Mis calles y tus calles, el comienzo
de todo lo que fueron días de gloria,
las luces de la noche más hermosa.
Que vuelvan esas calles, cuando era
la ciudad un misterio tan sencillo
como el vino peleón de las tabernas,
el brillo del neón en el asfalto,
ese olor a café y a cigarrillos.
Ahora andamos buscando cada tarde
los recuerdos pequeños: una cita
sin pensar, para nada, para vernos,
para hablar de pavadas y que pasen
las horas del reloj sin darnos cuenta.
Y tomar unos vinos y pasarnos
de bar en bar y el tiempo sea un suspiro.
Y que la lluvia nos pille sin paraguas
y nos empape —qué importa— hasta los huesos.
Y, luego, como niños sin escuela,
saltar en cada charco, entrando en todas
las tascas más infames y más bellas.
Y pedir otra ronda a pie de barra.
Y que vuelva ese ruido de los bares,
el golpe de los vasos en el mármol,
el dulce tin-tin-tin de cucharillas,
el “qué se debe” y “ponga usted la última”.
Los paseos por plazas solitarias,
ese afán de cambiar el universo.
Las noches asombrosas y los árboles,
el claxon de los coches en la niebla.
Al fin y al cabo, no pedimos tanto
—la calle, la taberna, los amigos—,
solo lo que un dios maldito y loco
nos arrancó del alma y hoy lloramos.
La foto es de Raul Cancio.



Revolver

 

Cucuza Castiello

 


Félix Maraña

 Si se calla el tambor

El silencio donostiarra,
inunda nuestros oídos,
de otros momentos vividos
con aquel ruido que agarra.
Sones de fiesta y de farra
que tuvimos cada año,
este silencio hace daño,
es un silencio que hiere,
porque la gente prefiere
la tromba del Rataplán.
Silencio en San Sebastián,
en la fiesta del patrón,
un silencio cuyo son
invita al recogimiento.
Las gentes vienen y van
y saben que la ocasión
es de tristeza y contento.
Saben que están donde están
porque Sarriegi da aliento.
Y si se calla el tambor
también se calla la vida,
la fiesta que entretenida
procura un tiempo mejor.
Las calles van sin color,
como si la vida huyera,
como campo sin pradera,
como niños sin amor.
Mas vendrá un año mejor,
volverá a ser como era.
(C) Félix Maraña
(2Si se calla el tambor
El silencio donostiarra,
inunda nuestros oídos,
de otros momentos vividos
con aquel ruido que agarra.
Sones de fiesta y de farra
que tuvimos cada año,
este silencio hace daño,
es un silencio que hiere,
porque la gente prefiere
la tromba del Rataplán.
Silencio en San Sebastián,
en la fiesta del patrón,
un silencio cuyo son
invita al recogimiento.
Las gentes vienen y van
y saben que la ocasión
es de tristeza y contento.
Saben que están donde están
porque Sarriegi da aliento.
Y si se calla el tambor
también se calla la vida,
la fiesta que entretenida
procura un tiempo mejor.
Las calles van sin color,
como si la vida huyera,
como campo sin pradera,
como niños sin amor.
Mas vendrá un año mejor,
volverá a ser como era.
(C) Félix Maraña
(En 2022, la Tamborrada fue suspendida, como en el año anterior, por la pandemia).



Flavio Cianciarulo

 

Fetén Fetén & Amigos


 

Luis Miguel Malo Macaya

 HABITACIÓN

No hay margen. Horas muertas.
Pesan zumbidos largos
de una mosca. No hay margen.
Se cierran las esquinas.
Se acercan las aristas
que señalan diedros
asfixiantes, a punto
de morder sentimientos.
Reloj. Miedo. Cansancio.
Techo. Paredes. Suelo.
La turbia soledad
sangra en los decorados
herméticos. Las luces
han de luchar por serlo.
¿Quién recluyó al poema
en sí mismo? Un silencio
ha ocupado el ambiente.
Cada palabra escrita
no se consigue al verso
capaz. El sueño agranda
su pesadumbre; el sueño
no se concilia hasta
llegar en verso a tiempo
donde dormir un nombre
hasta su fin. Ya términos
de sombra determinan
cada vez más el ciego
ir a tientas por páginas
de un libro en blanco. Negros
ojos cerrados, ojos
vacíos, más adentro
de sí mismos no pueden
leerse en quién se vieron.
No publicados nunca.
Jamás escritos. Tercos
latidos más despacio,
más tenues y más lejos
se aferran a relojes
agotados. Un peso
oprime desde todo
lo vivo. ¿Quién ha muerto
en vida? ¿qué resulta
en tumba? ¿cuánto pecho
no cabe a más...? ¡Silencio
total ya dice...! No hay
margen... Confinamientos
Informan que estoy solo;
he visto que estoy dentro
de mí y cavo mi propia
fosa. El poema lo acepto
resignado: no hay margen.
(Lo escribo sin saberlo)
Lo sufro en tanto llega
a su final. Lo dejo
así, sin más salida
que escribirlo. No hay término
en él sino en mi propio
confin: no alcanza lejos
de nada a pronuciarse,
de nadie en quien saberlo
leer ¡a buenas horas!
No hay margen para ello:
la mosca zumba y cifra
su fin en mi desvelo.



Fito Páez

 

Joana Gieco, Alejo León & Litto Nebbia

 


Aníbal Troilo

 El fuelle me atraía tanto como una pelota de fútbol. La vieja se hizo rogar un poco, pero al final me dio el gusto y tuve mi primer bandoneón: diez pesos por mes en catorce cuotas. Y desde entonces nunca me separé de él.



India Martinez & Coro ArteSí de Olvidados

 

Víctor Lemes

 


Carlos Salem

 


Haydée Milanés & Pablo Milanés

 

Alberto Conejero

 


Ramón Serrano

 VERSOS DE AQUELLOS AÑOS

Eran tiempos de locuras y estruendos desmesurados
el niño creció inocente
como cualquier indio de su barrio
una noche lo echaron al pozo
un cuarto oscuro
de vergüenzas tapizado
en la soledad del paseo burgués
se tiró al suelo
era un desmayo de disfrazado
aquel día en el parque
sonó su nombre
existía
lo miraron
era un capullo verde y cerrado
en el campamento
rayos y truenos
cayeron chuzos en vez de agua
después cantaba por ambos costados
montañas nevadas
con el rostro levantado
tomó el lapicero y escribió unos garabatos
aquí empezó una nueva vida
un fonema
unas notas altas
como jirafas
y ballenas encandiladas
usó los símbolos y las metáforas
de su secreto abecedario
llamó al genio de la botella
salió el humo y recitó un salmo
poco a poco
más angustiado que despacio
lo llamaron poeta mágico
vate perdido en el Parnaso
pasaron los años y las décadas
cambió el siglo
como de camiseta se cambia el payaso
se sentó en la escalera del suburbano
vendía versos como pétalos
de un rosal averiado
ahora está ilusionado
las montañas ya no son las nevadas
son altas cumbres
donde suenan y retumban
los tambores celestiales
aquel niño creció recio
de mirada levantada
sabe dibujar flores y pájaros
en un ¡ay!
como un suspiro
como una coma
en los adentros del hipotálamo
venía de otros tiempos
de ruidos y lamentos averiados.



El Roto

 


viernes, enero 30, 2026

José Larralde

No hay que andar por los caminos

solo tragando distancia,
no es ninguna exuberancia
galopi'ar el país de paso,
sin conocer de a pedazos
pueblos, obrajes y estancias.



Arco, Edu Espín & Makarena Rodríguez

 

Ismael Serrano


 

Rafa Mora

 ENCRUCIJADAS

Habitamos en encrucijadas.
En telarañas espesas.
Entre dudas constantes, vivimos.
Creamos espejismos a nuestra imagen y semejanza.
Nos mentirnos.
Porque en la mentira hallamos la verdad luminosa
donde transitar el dolor.
Soñamos, huidizos,
y se nos desgarra la piel,
esa que teje el tiempo con frágiles remiendos.
Elegir, ¿hacia dónde?
¿Hacia la luz?
¿Hacia el amor?
¿Hacia un sueño?
Tal vez, ¿hacia uno mismo?
Somos herida sobre herida.
Cicatrizamos a destiempo.
Nos perdemos en las palabras,
en los inocuos infinitivos.
Y nos consume el miedo a conjugar los verbos con firmeza.
Miramos sin convicción el futuro
y a golpe de pulmón, resistimos.
Exhalar.
Inhalar.
Así vivimos.
Pensando que la vida aún está por venir,
mientras pisamos cenizas,
sin darnos cuenta que no es ahí,
donde habita nuestra compleja existencia.



Leiva

 

Celtas Cortos


 

Café Central

 El Café Central baraja aterrizar en el Ateneo de Madrid como su nuevo domicilio entre varias propuestas

Los socios del popular negocio de la plaza del Ángel anunciaron el cierre en julio después de que los propietarios del inmueble descartasen renovar el contrato.

El Café Central no ha tocado todavía su última partitura. A pesar de que los encargados del emblemático local de jazz anunciaron en julio de 2025 el cierre como una realidad inminente, un resquicio legal y la voluntad de hierro de los 35 trabajadores en nómina ha mantenido el proyecto con vida al menos cuatro meses más. Ahora, con la vista puesta en el mes de marzo como fecha para el adiós definitivo, los socios del Café Central se han lanzado a una peregrinación por diferentes establecimientos de la capital en busca de un nuevo hogar para uno de los proyectos más queridos de la noche cultural madrileña. Y, después de varias semanas de trabajo, ya hay un candidato favorito: el Ateneo de Madrid.

Las familias propietarias del inmueble del número 10 de la plaza del Ángel (distrito Centro) soltaron la bomba en julio: el contrato de alquiler con los socios del Central no se renovaría más. Los titulares del club de jazz se resignaron entoces a la clausura y anunciaron públicamente que el 12 de octubre echarían el cierre con un concierto del pianista Joshua Edelman, el artista que más veces había pisado su escenario, con más de 700 actuaciones. Sin embargo, el equipo jurídico que vela por los intereses de la sala encontró “un resquicio legal” en los plazos de comunicación que permitirán prolongar la actividad del histórico café hasta marzo.

La noticia de que la meca del jazz en Madrid iba a bajar la persiana corrió como la pólvora entre los amantes de la música, asociaciones vecinales y múltiples locales de la capital. Así parecía que terminaba una historia de éxito que arrancó hace 43 años y que ha ido sumando, noche tras noche, más de 14.500 actuaciones y un total de 1,3 millones de espectadores. El encargado del Café Central no ha conseguido olvidar aquellos días: “Creíamos que el 12 de octubre se acababa todo, y un día después de anunciar el cierre recibimos unos 40 mensajes por teléfono con ofertas para trasladarnos a varios locales”. Una de las propuestas que recibió como agua de mayo la dirección del Central fue la de Luis Arroyo, el presidente del Ateneo de Madrid, que no dudó en ofrecer la institución cultural para acoger el histórico café. “Estaba en el cine con mi pareja y de pronto leí en EL PAÍS la noticia del cierre del central. En aquel artículo aparecía un correo electrónico al que se podía escribir para ofrecer ‘un local adecuado’. Inmediatamente les escribí”, recuerda Arroyo.

El encargado del Central admite que el Ateneo le parece “un sitio maravilloso” y deja entrever que el clásico lugar de reunión de los intelectuales madrileños tiene todas las papeletas para acoger los espectáculos de jazz del Café Central. No obstante, apela a la prudencia. “Todos queremos que el Café Central continúe, pero preferimos esperar un poco más de tiempo para comunicar nuestra decisión final, no hay tanta prisa”. Para la dirección del establecimiento es muy importante que “la gente se pueda ilusionar”, pero prefieren no cerrar la puerta a ninguna oferta, al menos de momento.

En el corto plazo, antes de embarcarse en nuevas aventuras, los socios del Café Central invitan al público a seguir disfrutando de la “riqueza” del local de siempre, el que abrió un ya lejano 12 de agosto de 1982 y que la revista Wire colocó en su día como el octavo club de jazz más relevante de toda Europa. “Lo más importante es que seguimos aquí y que hay una esperanza en el futuro. Mientras podamos debemos celebrar el local que tenemos y asistir a los conciertos que ya hemos programado”. Nota aquí.



Cacho Castaña & Adriana Varela

 

Amancio Prada

 


Rosalía

 Rosalía irrumpe por sorpresa en el concierto por Palestina en Barcelona y canta ‘La Perla’

Amaia, Bad Gyal o Oques Grasses, entre otros, llenan el Sant Jordi en un evento que es el colofón de una campaña internacional para denunciar la matanza en Gaza y recaudar fondos.

Barcelona vibró este jueves con el concierto solidario por Palestina. El Palau Sant Jordi se llenó por completo para albergar a artistas como Amaia, Bad Gyal, Oques Grasses, Lluís Llach o Fermín Muguruza, entre otros. El concierto fue el colofón de una campaña internacional coordinada por ‘Act X Palestine’ para recaudar fondos. Antes, los organizadores rindieron homenaje a Hind Rajab, la niña palestina de cinco años asesinada en Gaza hace dos años y que conmocionó a la opinión pública internacional. Al final ha habido sorpresa. Y de las gordas. El Palau Sant Jordi de Barcelona se vino abajo con la inesperada irrupción de Rosalía en el escenario y la interpretación de uno de sus grandes temas del momento: Perla.

La presencia de la artista catalana no había sido anunciada, aunque se especulaba con su posible intervención tras publicarse en redes sociales imágenes de la intérprete en la ciudad. Su presencia fue un mensaje claro también a quienes habían criticado su tibieza en asuntos políticos, en contraste con hace unos años, cuando no tuvo reparos en insultar a Vox a través de su cuenta de Twitter. Más allá de esa polémica, su actuación fue el broche a una campaña internacional que quería denunciar la situación de Palestina y recoger fondos para su población.

El concierto estuvo precedido por varios actos, también en el Palau Sant Jordi, en los que participaron el intérprete y fixer gazatí Kayed Hammad, en conversación con el actor Eduard Fernández, o el entrenador de fútbol Pep Guardiola. Los asistentes al Palau Sant Jordi se volcaron desde el primer minuto con la música que ofrece un nutrido cartel, en el que también están Yeray Cortés, Morad, Guillem Gisbert o Mushka.

Desde el principio, el público se entregó a un concierto que había sido concebido como un gran manifiesto de apoyo al pueblo palestino. Apenas unas horas antes de conocerse todo el cartel, la organización había colgado ya el sold out al que la ciudad se ha acostumbrado por los conciertos de grandes estrellas.

Por la tarde, la playa de la capital catalana había acogido un homenaje a Hind Rajab, la niña palestina de cinco años asesinada en Gaza hace dos años, un caso que recorrió medio mundo tras difundirse su última llamada pidiendo auxilio mientras esperaba una ambulancia que nunca llegó. En el aniversario de su muerte, alrededor de 200 personas se han reunido frente al mar en una acción organizada por la organización social Avaaz, que ha incluido el despliegue de una lona de unos 1.000 metros cuadrados con el retrato de la menor y la presencia de su madre, Wesam Hamada. Según la organización, el objetivo era reclamar protección para la infancia palestina y exigir rendición de cuentas, en un momento en el que la historia de Hind ha trascendido también al ámbito cultural con la película La voz de Hind Rajab, nominada al Oscar.

En uno de los pocos días soleados de la semana, los asistentes se concentraron durante toda la tarde bajo consignas como “Gaza no está sola” o “Boicot a Israel”. Al son de música palestina, un grupo de activistas ha sostenido durante casi una hora la lona (de unos 50 metros de largo por 20 de ancho) con el rostro de la niña, frente al Mediterráneo. “Elegimos Barcelona porque es una ciudad representativa, que históricamente siempre ha estado al lado del pueblo palestino. Además, a Hind le encantaba el mar y el Mediterráneo, y queremos lanzar un mensaje al otro lado”, ha explicado Patricia López, portavoz de Avaaz. Nota aquí.





Antonio Sanz

 

La Banda Sabinera

 


David Uclés

 “La Guerra Civil sí la sufrimos todos, pero no la perdimos todos”

El escritor andaluz, autor de ‘La península de las casas vacías’, acaba de ser galardonado con el Premio Nadal por su nuevo libro, ‘La ciudad de las luces muertas’, escrito al mismo tiempo que el libro que le llevó al éxito.

Desde hace más de dos décadas, los lectores españoles demuestran una madurez extraordinaria eligiendo frente a la crítica o los gurús sus propios fenómenos literarios masivos de calidad. Ocurrió con Soldados de Salamina, de Javier Cercas, que aportaba desde la generación de los nietos de la Guerra Civil una nueva mirada al conflicto. Y ha ocurrido ahora con la de los bisnietos mediante una obra fundamental como La península de las casas vacías, de David Uclés (Úbeda, 36 años). Pero el precio de aquel éxito (30 ediciones y más de 300.000 ejemplares vendidos) y del reciente han sido distintos para cada uno de ellos. A Cercas le acompañó, cómo no, la controversia. A Uclés, en ocasiones, el escarnio. En 20 años, el ambiente ha cambiado y la polarización devora. Más cuando demuestras una audacia como la del autor andaluz y aplicas fórmulas de realismo mágico, rigor, humor o un narrador libérrimo no a cualquier asunto, sino a la gran herida colectiva de nuestra historia.

Aun así, el escritor, con 17 años de trabajo y una fe en su obra que pudo con la enfermedad coronaria que padece, la falta de recursos y todas las carencias que le supuso sacarla adelante, refrescó el asunto y demostró con ello que el gran trauma debía ser abordado desde una perspectiva nueva para sus coetáneos. La polémica en torno a él no cesa. Las editoriales se lo rifan y ha conseguido el Premio Nadal (que publica Destino, del Grupo Planeta) con La ciudad de las luces muertas. ¿Supone eso que abandona a la editorial que apostó por él y lo acompañó hasta la cumbre? “No”, dice él.

La semana pasada saltó con él de nuevo la polémica, esta vez en torno al curso organizado por Arturo Pérez Reverte y Jesús Vigorra en Sevilla titulado 1936: ¿La guerra que todos perdimos? Los interrogantes son nuevos. Antes se había enunciado como una afirmación y a Uclés, que había sido anunciado en el cartel, no le gustó. Eso y algunos acompañantes como José María Aznar o el político que militó en Vox, Iván Espinosa de los Monteros, le hizo retirarse, también que otros invitados renunciaran y finalmente que la organización lo pospusiera.

Como el tema anda aun encendido, empezamos por preguntarle:

No se cansa usted de polémicas. Hace una semana decidió retirarse del curso organizado en Sevilla por Arturo Pérez-Reverte sobre la Guerra Civil, como contamos en EL PAÍS. No quería verse en el mismo lugar que Aznar o Espinosa de los Monteros. ¿Por qué nos ha quitado el gusto de verles debatir en un mismo foro?

Yo no deseaba ninguna polémica más porque ya me he visto envuelto en muchas últimamente. Sin embargo, para mí era un deber moral no formar parte del mismo plantel con figuras antidemocráticas como Aznar o Espinosa de los Monteros. Me avergonzaba, sencillamente.

No todos perdimos la Guerra Civil, eso está claro. La afirmación que estaba en el cartel (La guerra que todos perdimos) y que después los organizadores aseguran que debía ir entre interrogantes, aun con ese matiz posterior, ¿significa que no lo tendrían claro?

Con ese lema los organizadores hacen gala de una equidistancia que no hace sino blanquear el franquismo. Durante la Transición quedó claro que hubo vencedores y vencidos. La guerra sí la sufrimos todos, pero no la perdimos todos. La provocaron quienes la ganaron, es decir, un grupo de militares fascistas que querían imponer su moral a todo un pueblo.

Finalmente, han pospuesto el congreso, ¿lo considera un triunfo personal?

Lo veo como un triunfo común, no solo mío, sino de todos los participantes que hemos tenido el coraje de dar un paso atrás y no participar en unas jornadas que, con ese cartel, pretendían, creo, dar la sensación de que los abajo firmantes compartíamos la misma tesis.

Le ha enmendado la plana a Arturo Pérez-Reverte, ¿tiene eso su precio en el mundo literario de este país?

Desconozco cuáles son las consecuencias, si bien, lo volvería a hacer y lo más importante es que tengo ahora la conciencia muy tranquila.

De La península de las casas vacías a La ciudad de las luces muertas, ¿qué distancia hay?

Las escribí al mismo tiempo. Cuando investigaba para La península…, lo que iba saliendo de Barcelona, lo más bonito, no lo puse, me lo guardé para La ciudad…, salvo lo del bibliobús y el exilio a Francia de Mercè Rodoreda. La península… es la novela de mi vida, pero en los años de barbecho que la iba haciendo también construía la otra.

No hay apenas distancia, son paralelas, entonces. La que ahora aparece es, digamos, un hecho diferencial de la primera.

Las dos becas que me dieron para ambas, la Leonardo y la Montserrat Roig, se solapaban en el tiempo. Es más, el título de La ciudad de las luces muertas es anterior al otro, que se llamaba en un principio Odisto.

Se había presentado al Premio Nadal varias veces, ha dicho. ¿Siempre con la misma novela con que lo ha ganado?

No… Con La península… me presenté también. A ese y a otros. Al Herralde, al Primavera, al Planeta, al Lara, al Nadal…

Sabe que ahora mismo, mientras leen esto, se les están abriendo las carnes a varios comités de selección de novelas de varios premios y editoriales en general, ¿no?

Un editor muy importante me confesó en la Feria del Libro que al llegar a su casa, después de contarle esto, se haría el harakiri. “En mi mesa no está”, me contaba. Y yo respondía: “Claro, mira por Odisto, el primer título”…Nota aquí.





Luis Salinas

 


Fabricio Portelli

 

Joaquín Lera

 ...

Palpitan las raíces.
El gozo se expande.
Bengalas en los ojos.
Lágrimas serenas.
Destellos diminutos.
Sonríe la nieve.
Partículas sutiles.
Susurra la conciencia.
Escondite de estrellas.
Universo de olas…
Titilan los suspiros.
La intuición te nombra.



Chango Spasiuk

 


Tute

 


jueves, enero 29, 2026

Polaco Goyeneche

 A un siglo del nacimiento del Polaco Goyeneche: de los inicios al legado del cantor de la voz áspera que hizo carne el tango

El recordado intérprete, que inspiró a Cacho Castaña a componer el clásico Garganta con arena, nació el 29 de enero de 1926 en Saavedra. “Aprendí de la vida, de la calle y de la noche…”, resumió alguna vez el recorrido que lo llevó a convertirse en una de las grandes leyendas del tango.

No tenía el physique du rôle del típico cantor de tangos. De hecho, en el imaginario colectivo, había quedado grabada la imagen de Carlos Gardel, a quien por algo habían apodado El Morocho del Abasto. Él, en cambio, era de tez blanca y cabello rubio algo rojizo. Y quizá, lo podían imaginar entonando alguna balada italiana como Doménico Modugno. O algún tema del cancionero americano, al estilo Frank Sinatra. ¿Pero tango? Tango no. Por eso, cuando en sus comienzos Roberto Goyeneche se paraba sobre el escenario para mostrar su arte, muchos lo miraban raro.

Pero el efecto duraba poco. Apenas abría su boca y dejaba salir esa voz áspera producto de una “garganta con arena”, tal como lo describió Cacho Castaña en la composición que le dedicó, todo cambiaba. Pero no porque su instrumento vocal fuera excepcional, sino porque con su fraseo lograba hacer sentir, de verdad, la letra de cada tango que decidía entonar. Y así era como este hombre de aspecto nórdico, terminaba conmoviendo hasta las entrañas a los más fieles amantes de la música del Río de la Plata.

Claro que su aspecto seguía sin corresponderse, según los prejuicios de la época, al género que él hacía. Y por eso, allá por los años ‘50, cuando ambos cantaban en la orquesta de Horacio Salgán, el gran intérprete Ángel Paya Díaz decidió rebautizarlo como El Polaco. Desde entonces, fue conocido como El Polaco Goyeneche. Y, finalmente, se convirtió en un verdadero emblema del 2 x 4.

“¿Dónde aprendió a interpretar los tangos?”, le preguntó una vez Antonio Carrizo para su programa, La vida y el canto, de Radio Rivadavia. ”Aprendí de la vida, de la calle y de la noche... de todos esos lugares donde siempre fui punto, nunca banca”, respondió el Polaco.

Había nacido el 29 de enero de 1926 en el barrio porteño de Saavedra, como descendiente de una familia de vascos, y cursó sus estudios primarios en la escuela Juan Bautista Alberdi. Su papá era tapicero y pianista, pero falleció el 14 de abril de 1931 cuando él todavía era un niño. Aunque su madre siempre contó con la ayuda económica de sus tíos, Goyeneche tuvo que empezar a trabajar siendo un adolescente para poder ayudar en la casa.

Fue taxista, colectivero y mecánico. Y soñaba con ser futbolista. Pero la música le ganó la pulseada a los potreros cuando, en 1944, se presentó en un concurso de voces del Club Federal Argentino y empezó a hacer sus primeras presentaciones junto a la orquesta de Raúl Kaplún. Al tiempo debutó en Radio Belgrano y, en 1946, grabó Celedonio, su primer tema. Su carrera siguió junto a Salgán, a quien se unió en 1952. En 1956, pasó a formar parte de la orquesta de Aníbal Troilo, quien lo alentó para que comenzara su etapa como solista. Nota aquí.






Santy Pérez

Raquel del Rosario

 

Manuel López Azorín

 Manuel nos cuenta por Facebook.

Buenos días amigos y seguidores he encontrado este largo poema que escribí en febrero del año pasado 2025 y que al leerlo me ha recordado un poco a "Ni ya tengo otro oficio" mi ultimo libro publicado.(Mahalta Editorial) Recordado en el sentido de manera de pensar de la poesía y sobre la poesía. Os dejo aquí el poema y lo que había escrito de comentario tras escribir este poema.
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Desde que publiqué "Baluartes y violines" (Lastura 2023)no habia vuelto a escribir ningún poema, mi salud ,quebrada, no me lo permitió (y así continúo) Pero anoche surgió que llegó la Voz y escribí este poema, no se el porqué (ya que sí tengo antología con el título general del libro inédito que seincluye en ella: Sólo la luz alumbra), pero así fue, no sé si esta bien o no, pero surgió de repente como un misterioso torrente y se escribió automaticamente. Os lo pongo aquí para que , si os parece , lo juzgueis vosotros. Gracias anticipadas por vuestra opinión.
NO TENGO ANTOLOGÍA
No tengo antología donde quedar impreso
en esa eternidad ligera, como el viento,
efímera y variable del río del recuerdo.
No tengo antología donde vivir sin tiempo,
donde dejar mi huella, donde dejar mi aliento,
en un breve poema que alargue mi recuerdo.
No tengo antología porque no pertenezco
ni a grupo ni a corriente, voy siempre con lo puesto.
Yo vine pronto al mundo y escribir…ni me acuerdo,
Dibujaba, escribía mas, vine tarde al verso.
Se labró mi camino, sin orden ni concierto,
en soledad continua, en profundo silencio,
guardando para mí lo que aprendí leyendo.
Pensé que había tantos poetas, y tan buenos,
que aquello que escribía ya lo dijeron ellos
y era mejor guardarlo y seguir aprendiendo.
Durante muchos años me ejercité en el verso
y emulé a los poetas que tanto me dijeron.
Estudié sus poéticas, los copié como juego.
Y conocí sus ritmos, sus cadencias, sus metros,
era imitarlos fácil, mas no era yo, eran ellos.
Un buen día me dije: voy a escribir en serio.
Voy a dejar las fuentes, esas que llevo dentro,
y voy a escribir sólo aquello que yo siento
aunque nunca me olvide de tan grandes maestros.
Pero ¿cómo olvidarse del magnífico elenco
que ha legado la historia en el hacer poético?
Los hay que andan buscando su voz, para ser ellos,
y no quieren lecturas, ni fuentes, ni maestros,
influencias: ningunas, ningún sometimiento.
Y definen y muestran su poética al viento
y administran olvido al legado de un tiempo
que ha hecho grande la historia de la vida del verso.
Yo, si tengo poética, que no sé si la tengo,
se construirá ella sola y se vendrá a mi encuentro,
irá con mis poemas como yo, con aliento,
por la página viva de la vida y mi tiempo
haciéndose ella sola, igual que yo me he hecho
gracias a tantas fuentes de que bebí y bebo.
Porque mis versos, digo, se me han hecho leyendo,
bebiendo de los grandes poetas que ya fueron
desde un ayer cercano hasta latinos, griegos…
y cito aquí los nombres de algunos que yo quiero,
que conocí y que quise: Claudio, Gabriel, Antonio
Ángel y Rafael, Joaquín y Pepe, sí, Hierro.
De modo que aunque diga que van solos mis versos,
sabed que se acompañan de un ejército inmenso,
desde Safo hasta el Dante, de Petrarca hasta Homero,
de juglares que muestran cantando pueblo a pueblo,
las canciones de gesta y todo el romancero
lo popular, lo culto se han abrazado luego.
Nuestros grandes poetas usaron esos metros,
a los dos sin distingo les dieron altos vuelos
desde la humilde copla al señorial soneto.
Así de esta manera, leyendo y releyendo,
imitando el ayer al ahora me vengo
y me escribo a mí mismo a todos escribiendo
Mis versos que antes iban sólo por los cuadernos
vieron la luz un día en páginas, impresos,
y al tiempo que la dicha sentí un extraño peso.
Me escribía a mí mismo y a todos; pero al tiempo
me sentía inseguro, ¿Era bueno mi verso?
Siempre me preguntaba ¿Qué poética tengo?
No tengo antología donde quedar impreso,
pero es mentira, tengo
Me pregunto: ¿interesa lo que estoy escribiendo?
No tengo antología mas, para ser sincero,
después de tantos años, eso ya es lo de menos.
Como aquello que un joven me dijo un día de enero
“¿Puede ver mi poema? Su opinión yo la quiero”.
Y le dije lo que pensé al leerlo:
Tienes buenas imágenes y es metafórico, bello
Puedes hacer un buen poema, pero…
Para hacerlo te falta la cadencia primero
Pues si no tiene ritmo y en este no lo encuentro,
No será poesía, no lo será lo siento.
Le dije mi verdad, lo que creía y creo.
Y se sintió ofendido, y me dijo: “De acuerdo,
No lo tomaré en cuenta, le busqué y no lo encuentro,
No está en la Wiquipedia” No vale su criterio.
Y no volví jamás a decir lo que pienso
Por temor a ofender, que ofender yo no quiero.
Tu querías escribir y has escrito, ¿No es cierto?
Pregúntate de nuevo, recuerda todo aquello
que hace tiempo decías sobre tus propios versos:
todo aquello que escribo, ya lo han escrito ellos.
Si lo cuento distinto o mejor o más bello
parecerá otra cosa, parecerá algo nuevo
y será lo de siempre mas con otro reflejo.
(Me lo indicaba Claudio, me lo indicó con celo)
No tengo antología, pero lectores ¿Tengo?
y si leen mis poemas, sé que ya vivo en ellos
porque los hacen suyos. Ya no míos, son nuestros.
Y si acaso olvidaran que los fui escribiendo,
y los vuelven anónimos, por lo tanto del pueblo,
qué más dará el autor, serán versos eternos.
Serán antología, eso que yo no tengo.
Y si acaso quisieran recordarme en mis versos,
doy ahora las gracias que ya no podré luego.
Hoy la voz me ha llegado y me ha dicho en silencio:
escribe que te salva, te adentra en el misterio
que tienen las palabras, la poesía es eso,
misterio y luz que alumbra, invisible misterio
que llega a lo visible para escribirte aquello
que intuyes y no sabes de su luz, su misterio…