domingo, abril 04, 2021

Joan Manuel Serrat

 

Vicente Feliu

 

Cristina Narea

 

Pedro Guerra

 


Víctor Manuel

 


Jorge Drexler

 


Miguel Poveda

 

Marwán


 

Andrés Suárez

 


Ana Belén

 


Rozalén

Homenaje a Luis Eduardo Aute

 

Luis Eduardo Aute

 No te olvidamos....

#AuteEterno



Cristina Narea

 Hoy 4 de abril a 1 año de la partida de Luis Eduardo Aute, toda la gente que te quiere y echa de menos, hemos hecho diversos homenajes y saludos. Este es un vídeo con parte de los recuerdos de las giras a este lado del escenario donde tuve la fortuna de compartir 20 años contigo. Un regalo a tu familia, la de casa y la de la música.

El Roto


 

sábado, abril 03, 2021

C. Tangana, Andrés Calamaro & Jorge Drexler


 

Rodolfo Serrano

 Lluvia

Esta desolación. Calles vacías.
Brilla el agua en los grises adoquines.
Cae la lluvia limpia, dulce, suave
como un pañuelo blanco al despedirse.
El cielo es una mano protectora.
Sombras de agua en los viejos
edificios.
Hay un silencio antiguo. Solo el roce
de las gotas cayendo en las aceras.
Se respira un perfume de flor seca,
de café y de tabaco y gasolina.
Al final de la calle un edificio
de ladrillo se levanta como un muro.
La calma de la tarde se deshace
en la oscura penumbra. Los portales
son cálidas entradas a la vida
que espera como un sueño tras la puerta.
La sensación de un mundo que comienza
en la llovizna fresca. Escalofrío
de una vieja añoranza. Los amores
que nunca nos dejaron de su mano.
Andar por estas calles. Empaparse
del agua que acaricia nuestro rostro.
Caminar por el borde de tu nombre.
Y encontrarte al final de la escapada.
Esta foto de
Raul Cancio
inspiró este poema.
Darle un toque para verla bien.



Ismael Serrano


 

Lorenzo Vilches

 


Miguel Ángel Yusta

 INTROITO

Nací por la mañana
un domingo de marzo
de un olvidado invierno de posguerra.
Dicen que hacía sol y que mi madre
(pasados los cuarenta y quinto hijo)
lloraba y sonreía al mismo tiempo,
preocupada tal vez por mi futuro.
Mas, ahora, aquí estoy,
después de tantos años.
Los días de mi vida transcurrieron
testigos fieles de mis singladuras
limando el tiempo que se me otorgaba.
Hoy,
casi llegado al puerto,
libero unos poemas de mis viejas carpetas,
antes de que se pierdan para siempre
en el oscuro túnel del olvido.
Y los dedico a tantos
que en aquellos inviernos
soñaban con juguetes de hojalata.
***(M.A.Yusta. "Ayer fue sombra".
I Premio Del. Gob. Aragón. 2010)



Dani Flaco

 


Álvaro Ruiz

 


Ana Montojo

 En este poema -que no sé si es un poema o una simple reflexión en verso sobre esa cosa de ser poeta- intento explicar lo que significa para mí el hecho de escribir versos. Que los que tenemos este vicio no somos distintos, ni mejores ni peores que los que no. Y lo digo desde la humildad, porque estoy un poquito harta de cierta

CASTA DE POETAS
Ya tengo suficiente privilegio
con ser capaz de perpetrar dos versos
que puedan consolar a algún desconocido
cualquier noche de insomnio
que una emoción, idéntica a la mía,
se derrumbe en su cama.
A lo mejor presiente
que alguien, quién sabe dónde,
también puede llorar
por esas cosas que no tienen nombre;
tan sólo es el cansancio,
impreciso cansancio de vivir a empujones,
sin siquiera un instante
para mirar adentro.
No sé si soy poeta o es que sufro
de cierta verborrea incontinente,
un impulso invencible
de proclamar al mundo mis miserias
que son, por otra parte, tan vulgares
como las de cualquiera.
Porque no soy distinta, la poesía
es sólo un desahogo casi físico
del tremendo trabajo de vivir
y de amar a los unos y a los otros
y de lamerse heridas que nunca cicatrizan,
las antiguas, que vuelven a sangrar,
la costra desprendida con el más leve golpe
y las otras, tan recientes y abiertas
que no aguantan el roce del silencio.
No pertenezco a una especial casta
ni soy mucho más lista ni más tonta
que el común de las gentes.
Creo que me trastornan
las mismas sinrazones que al portero.
Sólo que él se las calla, forman parte
del vivir cotidiano, de la alfombra
que barre cada día
para que yo la encuentre inmaculada
cuando regrese a casa
a tomarme una copa en zapatillas
mientras pienso lo mal que están las cosas.
(De Plantas de interior, Ed. Cuadernos del Laberinto 2012)



Leiva

 


Mattito


 

viernes, abril 02, 2021

Paris Joel

 Gasolina y aceite

En un alarde de rutina,
la vieja Vespino cruzó la calle
con esa tos de fatiga.
A su paso derramó ese aroma,
mezcla de gasolina y aceite,
Que me llevó al calor de tu abrazo,
Cuando, desde atrás del sillín de escay,
Te agarrabas con timidez a mi cintura.
Esa fragancia de la primera mujer
Que me dejó colgado de todas las nubes,
El roce de sus mejillas con mi espalda,
Que me convertía en un pegaso estremecido y solitario.
Sé que aquellos vuelos no volverán
Salvo que algún motor incontinente
Humedezca los primeros baches de la cuesta
Con esa niebla que sale del tubo de escape
Y que tarda unos minutos en disiparse,
El tiempo justo para dibujar esa leve sonrisa
Que tienen los hombres que no han olvidado
El vértigo que produce la felicidad adolescente
Como trapecista sin red en un circo oxidado.
Curiosamente, como el mejor de los caballos,
La felicidad puede llegar en motocicleta.
Nostalgias a dos tiempos,
Y, de repente,
El beso de un claxon.



Raúl Parra & Joan Camps


 

León Gieco

 


Raúl Soldi

 Las Malvinas fueron, son y serán ARGENTINAS...

Imagen: obra Maestro Raúl Soldi



Rozalén

 Rozalén, una idealista que busca hacer feliz con su música

La cantante, ganadora de un Goya, va con la estatuilla a todas partes mientras proclama su felicidad junto a la huerta en la que vive.

Algo raro tiene que estar pasando en el mundo para que no hayan florecido los cerezos en la madrileña Quinta de los Molinos. Rozalén, de natural optimista, llega y le quita importancia. Alaba, en cambio, al olivo, un árbol que le recuerda a sus raíces en la sierra del Segura, Albacete, y cuya rama lleva tatuada en el tobillo. Se queda mirando ahora a un pájaro, parece que carpintero. Llega de otra sierra, la de Madrid, donde vive al lado de una huerta. “Me estoy volviendo un poco loca con los pájaros”, dice, “les hemos puesto casetas y vienen a comer alpiste y a montar jaleo… me encanta mirarlos”. Hoy no hay flores blancas, pero, en cualquier caso, ya es primavera. “Y yo soy más de campo que las amapolas”, insiste la cantautora, que viene de verde.

Viene a hacer un videoclip cuya otra mitad se va a grabar al otro lado del charco: una colaboración con el músico colombiano Esteman. A la cantautora le gusta colaborar con otros músicos y recibe muchas peticiones para ello: ve la música como un campo para la cooperación más que para la competición. En la pandemia ha estado muy presente: “Alguien me dijo que me veía tanto como a Fernando Simón, pero es que me lo pedían y yo me sentía con fuerza”. No se arrepiente. Pronto comienza una gira extraña, la de su disco El árbol y el bosque (“un disco terapéutico, que se pregunta mucho qué es más importante, si lo individual o lo colectivo”), que le llevará a sitios grandes con aforo limitado, con toda su banda. “A ver qué tal sale, supongo que en algunos bolos perderemos dinero”, pronostica, “pero hay que currar. La gente está cansada e irascible, yo la primera, pero estamos preparando unos bolazos… la gente se va ir de ahí con ganas de vivir”. Nota aquí.



Alejandro Ferre

 


Tute

 


jueves, abril 01, 2021

Gabriel Tuya


 

Rodolfo Serrano

 Un día más

Vuelvo otra vez. Camino por las sombras.
Me agarro fuerte a ellos. Son ahora
la pequeña esperanza de mis días.
Pongo mi vida y suerte entre sus manos.
Sin pudor ya que pueda avergonzarme,
les muestro los despojos de este cuerpo.
Inútil, asustado, me someto
a enfermeras y a médicos y a análisis
que marcan mi camino a las estrellas.
Esta carne, que algún día fue gloriosa,
hoy suspira doliente y asustada.
El miedo me penetra, lento y negro,
como una aguja helada, hasta los huesos.
La esperanza es un vuelo de vencejos
acariciando el alma del desastre,
abriendo los pasillos, silenciando
el murmullo de las máquinas, la angustia
de tanta soledad, iluminando
las sombras en el sueño de los otros.
Estamos siempre solos en lo oscuro,
solos ante el dolor y ante la angustia.
Aborrascada noche que sentimos
abriéndose a nosotros y al abismo,
al desgarro brutal de la conciencia.
No será esta tristeza para siempre.
El tiempo deja atrás negros recuerdos,
aunque siempre nos deje cicatrices
en nuestro corazón, campo de minas,
ese seco rastrojo que no espera
ni la lluvia bendita de los cielos.
Mas seguimos, viviremos como el árbol
que brota en primavera y que resiste
el golpe de la nieve y de los vientos.
Como el árbol, mi cuerpo también quiere
luchar contra la furia y la tormenta.
Abrazarme a la vida que aún es mía.
La foto es de
Raul Cancio
. Darle un toque y la veréis en toda su belleza.



Fran Fernández & Carlos Goñi

 


Bar Blanco

 El bar donde cinco amigos se reunían en su adolescencia cerró por la pandemia, lo compraron y hoy es un éxito

Se trata del centenario Bar Blanco de Rosario. Cuando era estudiantes pasaban las noches debatiendo ideas. En la pandemia cerró y ahora como dueños decidieron darle una nueva vida.

Era su cita de jueves, viernes e inclusive los sábados. Los convocados eran siempre los mismos compañeros de facultad, y el lugar del encuentro resultaba inamovible: el Bar Blanco, un mítico reducto rosarino fundado en 1922.

Hoy es 2021. Estos amigos son colegas: Alejandro Romagnoli (51), Nicolás Ribone (49), Juan Ignacio Jaca (46), Juan Serralunga (49) y Ramiro García (49) son socios del sitio donde transcurrían aquellos encuentros, protagonista de largos debates acalorados sobre la arquitectura, la carrera que cursaban. “El amor por este bar nos llevó a comprarlo en plena pandemia. Le queríamos dar un nueva vida a este emblema de la ciudad de Rosario”. Nota aquí.




Enrique San Francisco

 


Ana Montojo

 LA BELLEZA

A veces los amigos me reprochan
que escribo versos tristes, que mis ojos reflejan
no sé qué oscuridades, y me dicen
que la vida es hermosa, que cante a la belleza,
a las puestas de sol,
a los brotes rosados del cerezo, al aroma
que nos trae el café o la hierbabuena,
y a la resplandeciente sonrisa de los niños.
O al amor,
esa temible droga alucinógena
que nos hace creer en lo imposible.
Quizá tengan razón,
pero no me da tiempo. Cuando intento
mirar cómo se hunde el sol tras las montañas
me hace daño a los ojos y al abrirlos
ya no está donde estaba y es de noche,
la flor de los cerezos se ha caído
y ahora se la llevan las hormigas,
el café se ha enfriado y ya no huele.
Queda la hierbabuena, que aún persiste en su empeño
de tapar el hedor de la miseria.
Y los niños ¿qué niños?
Es verdad que hay algunos que sonríen
y me llenan de gozo unos instantes
mas no acallan los gritos de los otros,
los que lloran sin padres y sin patria,
los que duermen al raso sobre el barro,
y, sin embargo, el sueño
es lo mejor que les ofrece el día.
¿Y a qué amor se refieren mis amigos?
¿A la temible droga alucinógena
que pierde sus efectos antes de que se borre
el rastro de los cuerpos en las sábanas?
¡Y todavía quieren que escriba a la belleza...!


Joaquín Sabina


 

El Roto